La repoblación de la Extremadura del Duero

En este artículo vamos a plantear la situación a la que se tuvo que enfrentar Alfonso VI a la hora de seguir repoblando las tierras al sur del Duero, entre este río y el Sistema Central, un espacio político y territorial que no estaba despoblado como sucedía con el espacio al norte del Duero y que se fue repoblando hasta el siglo X, sino que aquí ya se encontraba un volumen de población preexistente conformada por herederos de población hispanorromana, visigoda, e incluso bereber o árabe. Es interesante estudiar este proceso porque Alfonso VI irá presionando progresivamente al reino de Toledo con esta presión política y demográfica desde el norte. ¡Bienvenidos a Hispania!

Imagen destacada: Arcos de la judería de Sepúlveda.

Como decimos, la labor repobladora de Alfonso VI en este territorio a finales del siglo XI no tiene como objetivo el asentamiento de nueva población en lugares despoblados, sino que consiste en la consolidación de un poblamiento preexistente mediante la creación de una organización política y territorial que articule esa población integrándola en el reino.

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Imagen 1. Rey Alfonso VI, Museo del Prado.

Se ha especulado con que esta acción repobladora tenga como fin último la preparación de la conquista de Toledo, y realmente no podemos saber si eso era así al cien por cien. Lo que sí podemos saber es que el rey leonés dotó de sentido político y administrativo a una zona que ya lo requería por dos motivos:

– Terminar de fijar y sancionar la colonización campesina que se había ido produciendo, pues recordemos que familias campesinas enteras colonizaban las tierras al margen del reino con el fin de escapar a la presión feudal que iba progresando de manera más paulatina.

– Terminar de fijar y sancionar también la repoblación oficial que venía produciéndose en la línea del Tormes y del macizo de Sepúlveda emprendidas por Ramiro II y Fernán González a partir de 940, estando Toledo todavía fuera de cualquier pretensión de conquista.

Como vemos, el objetivo de la conquista de Toledo parece posible tras toda esta política repobladora, pero no parece tanto el fin inmediato de toda esta maquinaria administrativa, sino que más bien parece una manera de preparar el terreno para una ampliación efectiva del reino hasta el Sistema Central y, posteriormente, saltar esa línea divisoria por la propia inercia expansiva de la sociedad castellanoleonesa. Es un planteamiento similar al que venía produciéndose desde los inicios del feudalismo asturiano: una población expansiva que necesita más recursos para poder seguir creciendo a costa de la tierra que tiene alrededor y que, en este caso, sería el reino de Toledo.

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Imagen 2. Ilustración que muestra los diferentes tipos y agentes repobladores a lo largo de la Reconquista.

Es este feudalismo el que parece que no estará tan arraigado al sur del Duero. Mientras que en el norte la nobleza va apropiándose de las propiedades campesinas para integrarlas en señoríos cada vez mayores; en el sur constatamos una ausencia de nobleza y una proliferación de pequeñas propiedades campesinas que se mantendrán consolidadas en las nuevas estructuras administrativas concejiles. La presencia nobiliaria, como decimos, brilla por su ausencia en muchas partes del sur, pero es que llega incluso a estar prohibida en algunos fueros de esta región mientras que, en el norte, había sido y seguía siendo el principal agente feudalizador.

Un proceso irreversible: La caballería villana.

El proceso de colonización de las tierras al sur del Duero no se produce debido a la escasez de tierras en el norte del río, porque aquella vertiente de la cuenca del Duero es y será siempre excedentaria en tierras, se debe a que los campesinos se aventuran más allá para eludir la presión y el sometimiento de la nobleza feudal. Pero, ahora bien, lo que no podían evitar estas sociedades campesinas era sobrellevar el propio germen del feudalismo que ya era intrínseco a estas sociedades y que ya había empezado a producirse en el norte.

Hablamos de que, en las nuevas sociedades campesinas establecidas al sur del Duero, en la Extremadura, ya va intrínseca una división económica y social en función de familias campesinas que poseen más tierras y otras que poseen menos y que son, por ende, menos pudientes. Comienzan así a surgir, sobre todo en la Extremadura oriental castellana, dos grupos sociales bien diferenciados: los caballeros aldeanos y los peones. Los primeros irán convirtiéndose cada vez más en una élite cada vez más especializada en el combate a caballo y con una dedicación militar cada vez más exclusiva. Esta dedicación irá, con el tiempo, reconvirtiendo su foco de actividad económica de una producción agrícola que fija al campesino a la tierra, a una explotación ganadera, más compatible con el estado de movimiento permanente y que no tiene connotaciones serviles como el trabajo agrícola.

Llegamos pues, a los dos conceptos principales del fenómeno social, económico y político de la Extremadura del Duero: Especialización militar y separación de la actividad agrícola. Un hecho que no deja de ser paradójico y paradigmático, pues aquellos que venían huyendo del feudalismo de la nobleza del norte acaban por convertirse en una especie de sociedad feudal regida cada vez más por estos potentados, los caballeros aldeanos.

Este grupo se verá favorecido por el poder real en el fuero de Castrojeriz de 974. En él, el rey otorga el rango de infanzones a estos caballeros aldeanos asimilándolos así con la baja nobleza feudal. Se produce así una sanción política a esta situación que ha nacido de la propia comunidad campesina que huía de la presión feudal.

Estos caballeros se caracterizarán por la modalidad expansiva de su economía. Su progresiva especialización militar, el creciente interés por la explotación ganadera y el contacto con las poblaciones autóctonas condicionan la expansión de estos grupos hacia la zona oriental del Sistema Central, hacia el macizo de Sepúlveda, captando así las mejores zonas de pastos veraniegos que les permitan ampliar la cabaña ganadera y aprovechar las rutas de trashumancia. A nivel militar, sus rápidos desplazamientos y su experto conocimiento del terreno hacen que estos caballeros estén perfectamente acostumbrados a la modalidad de guerrilla basada en emboscadas y en ataques relámpago para obtener pillaje de objetos valiosos que aumentan su enriquecimiento. Serán estos caballeros y sus antepasados los que atacaron al ejército califal de Almanzor en 939 en su retirada hacia Atienza o los que resistieron los reiterados ataques de éste en 940 contra la línea de Sepúlveda-Riaza y, finalmente, los que posibilitan que Alfonso VI sólo tenga que sancionar este modelo de sociedad cuando la integre en el reino a finales del siglo XI.

Esta situación es muy distinta a las comunidades campesinas leonesas del norte del río, mucho menos militarizadas y más centradas en el trabajo agrícola, algo que no es óbice para descartar que, dentro de estas comunidades, también existe una avanzada jerarquización interna. Centrándonos en la Extremadura más central y occidental, también encontramos comunidades y núcleos habitados por campesinos que traspasaron el río y que tienen un importante componente jerarquizador por el simple hecho de encontrarse en un territorio desgajado ya de la frontera del reino de León y que era vulnerable a aceifas y correrías musulmanas.

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Imagen 3. La villa de Sepúlveda fue uno de los enclaves de la “Extremadura oriental” que vio proliferar la nueva caballería villana y que daría lugar a los concejos.

Así las cosas, hay indicios para pensar que estas comunidades, o al menos las más relevantes, adoptaron pronto formas de organización similares a las de las comunidades de la Extremadura oriental, esto es, una jerarquización interna vinculada a un elevado grado de militarización.

Hay noticias que nos confirman esta existencia de núcleos de población bien organizados y jerarquizados. La crónica musulmana que narra la gran aceifa llevada a cabo por Abd al-Rahman III contra Simancas en el 939 cuenta la ocupación por las tropas califales de algunos núcleos ubicados en la ruta hacia Simancas como Olmedo, Iscar, Alcazarén y Portillo, núcleos fortificados y bien abastecidos que, según la crónica, contaban con prisioneros musulmanes en sus mazmorras, producto de la guerra de frontera que estos núcleos llevaban a cabo. Son datos relevantes que, en cambio, pertenecen a comunidades agrícolas con poca ganadería, al contrario que las de la Extremadura oriental castellana pero fuertemente militarizadas. Este peso poblacional y militar se vio reforzado con la repoblación llevada a cabo por Ramiro II en 940 en el corredor del Tormes. Como último apunte de esta realidad militarizada, contamos con la continua realización de aceifas de Almanzor contra estos núcleos de la Extremadura del Duero tanto en la zona oriental como en la occidental que acelerarán el proceso de zona de frontera militarizada. Estos ataques reflejan dos hechos muy significativos; por un lado, esos continuos ataques contra estos núcleos hacen pensar que el caudillo musulmán encontró en ellos gran resistencia y, segundo, tanto la monarquía como la nobleza leonesa se inhiben completamente de defender estos territorios al estar fuera de sus fronteras, lo que supone que son sus propios habitantes los que toman las armas en la defensa de su territorio, lo que nos revela de nuevo una militarización importante. Vemos, en definitiva, que lo que había sido una diferenciación campesina en cuanto al modelo productivo, va dando lugar a una diferenciación cualitativa con una particular dedicación a la guerra de una parte de este campesinado.

Y es sobre esta base sobre la que se asienta la acción repobladora de Alfonso VI a finales del siglo XI, integrando en el reino castellano-leonés estas nuevas realidades, reconociendo la preeminencia con carácter nobiliario de esos caballeros villanos que, junto al enriquecimiento gracias al comercio, van a configurar la aristocracia urbana la aristocracia urbana que con el tiempo se convertirá en el grupo dominante de los concejos, perfectamente integrados en el modelo de sociedad feudal.

Bibliografía:

MÍNGUEZ FERNÁNDEZ, JOSÉ MARÍA: La España de los siglos VI al XIII. Guerra, expansión y transformaciones, Editorial Nerea, 2004.

ISLA FREZ, AMANCIO: Ejército, sociedad y política en la Península Ibérica entre los siglos VIII-X, Editorial CSIC, 2010.

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