La repoblación del Camino de Santiago y el carácter de la nueva burguesía

Desde comienzos del siglo XI el Camino de Santiago venía confirmándose como una de las grandes vías de peregrinación de Europa., pero también de actividad productiva y comercial ante las nuevas exigencias y la diversificación de la economía. El crecimiento demográfico y económico, en general, de toda la Europa cristiana tuvo también su repercusión en el Camino. La agresividad inherente al feudalismo y que había colmado todo el panorama social, económico y político en los reinos del norte durante los siglos IX, X y XI, hacían ya insoportables estos niveles de violencia.

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Imagen 1. Rutas actuales para dirigirse a Santiago de Compostela.

La primera en comprender que había que rebajar el nivel fue la Iglesia, que intentó frenar las agresiones nobiliarias promoviendo los movimientos de Paz y Tregua o desviando la agresividad contra enemigos exteriores, sobre todo contra el islam que amenazaba Tierra Santa. Aquí comenzó entonces a fijarse la mirada del Occidente cristiano en la Península Ibérica, donde el islam occidental tenía bases sólidamente asentadas.

Santiago Apóstol se había erigido como el adalid de caballero blanco y victorioso que acompañaba a los ejércitos cristianos a la batalla y ganaba victorias contra el islam, ganando el apodo de Santiago “matamoros” y convirtiéndose en el patrón de España hasta día de hoy. Esta devoción explica la movilización de ingentes masas humanas a través de esta ruta que, con el apoyo de la nobleza, va a ir configurándose como una de las tres grandes rutas de peregrinación de la cristiandad occidental al mismo nivel que la de Roma o los Santos Lugares.

Fueron las acciones de nobles laicos y eclesiásticos las que hicieron posible que el camino fuera relativamente seguro, pues construyeron puentes y hospitales y protegieron a los peregrinos y comerciantes contra los actos de bandidaje. Una serie de medidas que actuarán sobre un tejido económico y social que ya se había configurado a lo largo de todo el camino, ciudades y otros centros poblacionales, y que ayudan a que estos lugares estén cada vez más inmersos en un trasiego humano y una actividad económica cada vez más febril.

Así las cosas, la primera Crónica Anónima de Sahagún nos relata cómo por primera vez se agrupan gentes dedicadas a otra actividad económica diferente a la agraria:

“Ayuntáronse de todas las partes burgueses de muchos e diversos oficios e otrosí personas de diversas e extrañas provincias e reynos… e otros muchos negociadores e así se pobló e fizo la villa [Sahagún] no pequeña”.

Este fenómeno se producía en todo lo largo del Camino, se trata del asentamiento de artesanos y mercaderes, algunos autóctonos, otros foráneos, a quienes las fuentes se refieren con la denominación genérica de francos. Gentes que conforman nuevos grupos económicos que pasaron a denominarse burguesía —habitantes del burgo—, un grupo que a la larga daría al traste con la servidumbre campesina inherente al feudalismo. La ciudad medieval aparece, así, como el soporte vital y fundamental de esta burguesía. Esta presencia de la burguesía daría a las ciudades del Camino de Santiago un carácter específicamente burgués en cuanto a la concentración de actividades artesanales y mercantiles; carácter que se contrapone al de los concejos de los núcleos poblacionales de frontera, en los que la función militar primaría sobre cualquier otro aspecto.

No obstante, si bien es cierto que los burgueses parecían ir un poco a parte de la nobleza y de las normas tradicionales del feudalismo, no podemos olvidarnos del árbitro y juez supremo de esta sociedad, el rey, que no dudaría en insertar mediante fuero a estos burgueses en un sistema de dependencia señorial. En el fuero que otorgó a Sahagún podemos leer lo siguiente:

“(…) sirváis a la Iglesia y al dicho monasterio… de forma que nunca tengáis otro señor que el abad y los monjes”.

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Imagen 2. Monasterio de Sahagún, León.

Mediante este fuero se establecían las siguientes condiciones: obligación  de los burgueses de Sahagún a pagar anualmente al abad un censo de un sueldo por el solar donde residen, prohibición de vender ese solar a nadie que no sea dependiente del abad, establecimiento de la prioridad del monasterio para vender o comprar en el mercado cualquier producto, de forma que si algún habitante de la villa se anticipase sería castigado con la pérdida de lo adquirido más la multa de cinco sueldos, establecimiento del monopolio del horno prohibiendo a los habitantes de Sahagún la construcción de hornos de pan, obligándolos así a usar los del monasterio. El resultado de todo esto es el sometimiento al poder feudal de uno de los centros paradigmáticos de esta nueva burguesía.

A modo de conclusión podemos extraer los siguientes elementos:

La existencia por sí misma de la burguesía no es un factor capaz de producir la liberación de las sujeciones señoriales.

La burguesía no homogeneiza los pueblos y ciudades del Camino porque está presente tanto en ciudades que dependen de la nobleza como en ciudades que dependen de la monarquía y la diferencia entre unas y otras es muy grande.

La burguesía nace y se desarrolla en el marco de un crecimiento económico vinculado a la implantación y paulatina consolidación de las relaciones sociales y de producción feudales. Desde la perspectiva del proceso de feudalización, el elemento fundamental diferenciador no está constituido solamente por la presencia más o menos activa de uno u otro grupo económico, sino por la forma y el grado de inserción de ese grupo en la estructura global que define a la sociedad. La burguesía se insertará en la estructura de poder del feudalismo, tanto en ciudades del norte como en las de frontera, en los concejos, de una forma relativamente pacífica. No obstante, en lugares donde la dominación señorial se ha impuesto con mayor crudeza, como es el propio caso de Sahagún, Santiago o Lugo, será protagonista de episodios muy violentos.

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Imagen 3. Distintos itinerarios europeos para llegar al Camino de Santiago.

Bibliografía:

MÍNGUEZ FERNÁNDEZ, JOSÉ MARÍA: La España de los siglos VI al XIII. Guerra, expansión y transformaciones, Editorial Nerea, 2004.

ISLA FREZ, AMANCIO: Ejército, sociedad y política en la Península Ibérica entre los siglos VIII-X, Editorial CSIC, 2010.

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