Allanando el camino hacia Adrianópolis. Las causas del desastre.

La batalla de Adrianópolis supuso un punto de inflexión en las relaciones entre Roma y los godos. Éstos, acosados y desesperados por los hunos que descendían desde las estepas, presionaban cada vez más las fronteras del Danubio, pidiendo asilo para defenderse de las hordas de las estepas. Veremos aquí cómo se desató el desastre antes de la batalla.

Surgen nuevos líderes tervingios.

Hemos visto cómo el pacto de paz entre Valente y Atanarico suponía el empeoramiento de las condiciones pactadas tradicionalmente por godos y romanos, pero, aún así, el emperador comprendía la necesidad de seguir manteniendo en el poder a un godo que ya conocía para que mantuviera sujetas a sus bandas guerreras antes que tener a esas bandas pululando libremente por la frontera.

Imagen 1. Goths crossing a river de Évariste Vital Luminais. Esta representación romántica de la migración goda podría corresponderse con el cruce del Danubio por este pueblo en el siglo IV. Fuente: antareshistoria.com

Atanarico era muy consciente de que su poder había sido menguado y de que su reino estaba prácticamente deshecho para soportar el empuje de los hunos. Entonces, ¿por qué no condujo a su pueblo hacia territorio imperial solicitando el acceso y dejó que Alavivo y Fritigerno le usurpasen la autoridad? Tradicionalmente se ha tenido en cuenta que Atanarico se debía a un juramento realizado a su padre, mediante el cual nunca pisaría territorio romano. Pero esta explicación carece de lógica en cuando Amiano Marcelino nos dice cómo Atanarico y su gente estaban esperando para entrar después de que los jefes tervingios Alavivo y Fritigerno lo hubieran hecho ya. Amiano nos aclara también que existía una prohibición expresa de las autoridades romanas a que pasaran otros godos que no fueran los de los jefes mencionados.

Atanarico se vio privado de su vía de escape, y además había sido incapaz de sujetar a sus seguidores y de salvaguardar las fronteras como se había dispuesto en los tratados. Y por si eso fuera poco, había perseguido a los cristianos hasta el punto de martirizar a San Sabas “El Godo”, cuyo cuerpo fue rescatado por soldados romanos en operaciones de auténticos comandos. Por todo ello, Atanarico consideró mejor retirarse a lo profundo de los bosques y las montañas abriéndose paso entre sármatas y carpos para ver cómo se desarrollaban los acontecimientos.

El colapso de la frontera.

Cuando a Valente le llegaron los informes que mencionaban a miles de refugiados godos intentando cruzar el Danubio e instalarse en el Imperio, tuvo que sopesar si le convenía más tener a miles de colonos que trabajaran la tierra y sirvieran en el ejército y también debilitar a su federado, Atanarico, pues se vería privado de una considerable parte de sus fuerzas que, conducidas por Alavivo y Fritigerno, serían un arma para utilizar contra él. Y esto fue lo que decantó al emperador a acoger a los seguidores de estos caudillos sin ser consciente de que estos no querían desempeñar el papel de servidores sumisos del Imperio.

Imagen 2. Representación de Angus McBride de los godos cruzando el Danubio ante las autoridades romanas, que no supieron dirigir correctamente la masiva afluencia de refugiados. Fuente: Pinterest.com

Desgranando los detalles que nos proporciona Amiano Marcelino, encontramos que los godos de Alavivo y Fritigerno renunciaban a su condición de federados, ya que, al solicitar asilo, entregar las armas y someterse al emperador, adquirían un nuevo estatus. Tenemos que tener presente que, mientras estos hechos se sucedían, nuevos grupos de refugiados se iban sumando a estos dos caudillos, bandas de diverso origen, es decir, no sólo estaban en movimiento los tervingios y los greutungos, sino que otros muchos pueblos los seguían debido al acoso generalizado de los hunos. Y esto supuso el caos.

Valente se encontraba en Siria enfangado en una guerra con los sarracenos dirigidos por Mavia, al tiempo que se producían saqueos desde Egipto al Éufrates. Así que fueron dos oficiales imperiales, Lupicino y Máximo, los encargados de organizar la acogida de los refugiados en Tracia, añadiendo su granito de arena al caos. Vamos a desentrañar el desastre.

En primer lugar, las autoridades imperiales fueron incapaces de organizar convenientemente el paso del Danubio por las ingentes multitudes humanas de refugiados. Las fuentes mencionan la caótica y anárquica forma de proceder y los espantosos naufragios en un río muy crecido por el deshielo invernal. Además de eso, las fuentes señalan el fracaso de las autoridades romanas al desarmar a los godos y no sólo eso, sino también por no ser capaces de elaborar un simple pero esencial censo de personas. En otras palabras, los romanos estaban dejando pasar a miles de hombres armados, sin tener idea de cuántos eran y que, por su nuevo estatus de sometidos al emperador, tenían que proveer de tierras y alimentos. Si a esto le añadimos la infiltración de bandas guerreras enteras de diversos pueblos, tal y como menciona Zósimo, tenemos además la generalización de los saqueos durante 377 desde “Mesia a Tesalia”.

Imagen 3. Esta representación del enfrentamiento de Adrianópolis nos sirve para ilustrar la batalla que tuvo lugar en la ciudad de Marcianópolis entre los romanos de Lupicino y los godos de Fritigerno, el primer desastre de este enfrentamiento que desembocaría definitivamente en Adrianópolis poco después. Fuente: guerrasconhistoria.wordpress.com

La situación pintaba realmente negra, ¿no creéis?, pero eso no era todo, porque tenemos que añadir que los oficiales al cargo de todo esto decidieron sacar provecho personal y comenzaron a extorsionar a los refugiados, a los que cobraban cifras desorbitadas por cosas que debían proveerles de forma gratuita o a un coste simbólico. La corrupción se generalizó y se hizo mucho más atrevida y violenta, pues muchos godos campesinos y sus familias eran esclavizados directamente y vendidos a propietarios romanos. La desesperación y la rabia llegaron a tal límite que estallaron de forma violenta. Los godos se organizaban en grupos que saqueaban aldeas y villas, mientras los destacamentos romanos los atacaban y asaltaban. Lupicino trató de sofocar la revuelta tomando como rehenes a Alavivo y Fritigerno en la ciudad de Marcianópolis, pero todo salió mal; pues Fritigerno logró que lo soltaran y se convirtió inmediatamente en el líder de la rebelión. Lupicino demostró además ser un pésimo comandante, ya que fue arrastrado y barrido por Fritigerno en una batalla campal.

Tras la derrota de Marcianópolis, las fuerzas romanas locales se vieron incapaces de controlar no sólo a Fritigerno y su séquito, sino también la propia frontera danubiana. Greutungos, alanos, taifales, carpos, sármatas, esciros y bandas de hunos cruzaron en tropel la frontera; y es que las tropas romanas que debían detenerlos ni siquiera estaban ahí, porque Valente se las había llevado a Siria confiando en que Atanarico contendría a toda esa multitud.

El camino hacia Adrianópolis.

En semejantes circunstancias, no es de extrañar que las insuficientes tropas romanas perdieran el control de los Balcanes y que, como es de esperar, cientos de refugiados godos con sus caudillos correspondientes siguieran cruzando el Danubio. Pero estaríamos en un error si pensáramos solamente en bárbaros, ya que, a estas bandas se unieron también miles de esclavos y gente desesperada de origen romano.

Imagen 4. Sólido del emperador Valente mostrándose diademado en el anverso y acompañado de la victoria en el reverso. Fuente: monedas-antiguas.blogspot.com

Valente comprendió que debía volver de inmediato a los Balcanes para hacerse cargo de la situación, pero corto de guerreros comprendió que sería sensato pedir ayuda a su sobrino Graciano, augusto de Occidente, quien respondió fielmente enviando tropas en su ayuda. Lo siguiente que hizo Valente fue enviar algunas legiones por delante para controlar la situación de forma preliminar, pero fueron dispersadas por Fritigerno debido a la incompetencia de los comandantes romanos, aumentando todavía más la fama del líder tervingio. El emperador se desesperaba, y ya cerca de Constantinopla, envió por delante a la caballería para contener a los bárbaros, pero tampoco fue suficiente, y las correrías continuaron sin control por Tracia hasta llegar a los mismos arrabales de Constantinopla.

Tan sólo podemos anotar una clara victoria para los romanos en este momento, y es que los greutungos, que se habían dispersado por los Balcanes saqueándolo todo a su paso, se habían coaligado con un gran grupo de jinetes taifales. Su líder, Famovio, trató de lograr la misma fama que había alcanzado Fritigerno derrotando a los romanos, pero las tropas enviadas por Graciano derrotaron a los bárbaros dando muerte a Famovio y capturando a los supervivientes, que fueron deportados a Italia para labrar los campos y servir en el ejército. En esta situación nos encontramos cuando Adrianópolis comenzaba a verse ya en el horizonte.

Bibliografía:

Imagen de cabecera: Recreación de Constantinopla durante la Antigüedad Tardía. Fuente: algargosarte.blogspot.com

Jiménez Garnica, Ana Mª. (2010): Nuevas gentes, nuevo Imperio: los godos y Occidente en el siglo V, Editorial UNED, Madrid.

Sanz Serrano, R. (2009): Historia de los godos, una epopeya histórica de Escandinavia a Toledo, La Esfera de los Libros, Madrid.

Soto Chica, J. (2020): Los visigodos. Hijos de un dios furioso, Desperta Ferro Ediciones, Madrid.

Conociendo a los tervingios: nacimiento, auge y transformación

En la entrada de hoy rastrearemos a los tervingios a través de las fuentes, y también recorreremos sus acciones a lo largo de la frontera del Danubio hasta dar con Valente en la gran batalla de Adrianópolis, de la que nos ocuparemos en una entrada posterior.

Rastreando las fuentes.

Podemos atribuir al controvertido testimonio del “Divino Claudio”, una de las vidas de emperadores contenidas en la Historia Augusta, la primera aparición de los tervingios como tal en una fuente. Son citados en torno al 268 en una lista de tribus que avanzaron sobre la frontera romana produciendo saqueos en lugares muy dispares del Imperio de Oriente. En esta lista también encontramos pueblos como los peucinos, greutungos, gépidos, hérulos y algunos otros pueblos recogidos en términos ya un poco obsoletos para la fecha como los escitas y los celtas. Veinte años después, en un panegírico del emperador Maximiano pronunciado por el poeta Claudio Mamertino en 292, en Tréveris, se mencionó a los tervingios de forma expresa relacionándolos con el agitado maremágnum de pueblos bárbaros en la frontera.

Que los tervingios aparezcan citados en un poema pronunciado muy lejos de donde eran originarios tiene que revelarnos que éstos no podían ser una novedad, y que su poder era lo suficientemente grande como para ser recogidos como protagonistas. Y es que su poder era manifiesto, ya que estaban empujando a los gépidos y a los vándalos de sus hábitats originales, del mismo modo que harían con los carpos y los sármatas. Será Jordanes el que intente engrandecer un poco esta historia al enlazar a los Amalos, la familia real a la que pertenecía Teodorico el Grande donde Jordanes servía, con la familia de los Baltos, familia a la que pertenecía Ataúlfo, segundo rey visigodo.

Imagen 1. Caudillo visigodo recibe a un probable legado romano con alguna propuesta. Fuente: archivoshistoria.com

Amiano Marcelino distingue entre el término de “magistrado” o de “juez” para referirse a Atanarico, el soberano tervingio que guerreó con Valente entre 367 y 369, mientras que para referirse a Ermenrico, el jefe de los greutungos, usa el término “rey”. La investigación histórica ha querido ver aquí que tal vez los tervingios tenían unos jefes con poder político limitado y que no tenían linaje real; pero Zósimo sí que menciona que los tervingios tenían dicho linaje, algo que también mencionan otros textos del siglo IV.

De lo que no cabe duda es de que los tervingios fueron muy capaces de sobrevivir y expandirse en la tumultuosa frontera romana. Temistio, cuyos escritos se fechan entre 369 y 370, señala la existencia de varios reyes tervingios que aceptaban la jefatura suprema del juez Atanarico, el cual los dirigía en la guerra y representaba ante Valente.

La evolución de los tervingios.

Nos gustaría que el lector visualizara ahora la ciudad de Roma en el siglo III, cuando el emperador Aureliano, en un fastuoso triunfo, mostró a los romanos la gloria y el poder de Roma reconstituidos al mostrar a Zenobia de Palmira cargada de cadenas de oro junto a todos los tesoros de Oriente; pero también pudieron ver los romanos a un grupo de amazonas godas, multitud de cautivos godos atados y, lo más relevante, el carro del rey de los godos.

Imagen 2. Reconstrucción virtual del rostro del emperador Aureliano por el artista Haroun Binous, una llamativa e interesante forma de acercarnos el pasado. Fuente: muhimu.es.

Este detalle, aparentemente un apunte literario sin importancia, es muy llamativo porque fue el vehículo elegido por el emperador para mostrarse a los romanos. Y no es que el emperador no tuviera carros a su disposición, mucho más ricos y decorados que este, sino porque estaba claro que Aureliano quería mostrar su aplastante victoria sobre los godos mostrándose sobre el carro de su rey. ¿Entonces es que los godos tenían un rey que fue derrotado por Aureliano? ¿No estábamos hablando de bandas dirigidas por caudillos que no dejaban impronta política o dinástica? Trebonio Polión nos informa de que Aureliano venció a Canabaudes, a quien había matado junto a 100.000 de sus guerreros. Restando importancia a las cifras, parece ser que ese tal Canabaudes tenía la suficiente entidad o poder como para ser el candidato perfecto para ser rey de los godos, tanto poder como para que Aureliano se llevara su rústico y bárbaro carro para pasearse por Roma, es decir, Canabaudes era un caudillo que destacaba sobre cualquier jefe godo como nunca antes hizo ninguno. Podemos por tanto aventurar un paralelismo con que este jefe godo fuera un juez o rey de los tervingios para el año 268.

Jordanes menciona en sus escritos que los godos contaban con un rey de nombre Geberico, quien luchó contra los vándalos y logró expulsarlos de la Dacia. Este rey puede ubicarse en torno al año 292, cuando Claudio Mamertino nos ofrecía noticias acerca del desplazamiento de los vándalos de sus tierras a manos de los godos, pero no sería un caudillo aislado, pues antes de él encontraríamos a Canabaudes y, si atendemos a la petición de auxilio de los vándalos a Constantino en el 334 porque los godos de Ariarico los seguían acosando, podemos establecer una línea dinástica entre estos tres personajes sucesivos.

Imagen 3. Grabado idealizado del rey tervingio Atanarico, realizado en el siglo XVIII por Manuel Rodríguez. Fuente: wikimedia.org

Esta línea dinástica encontró turbulencias en torno al año 376 cuando Atanarico perdió el control del estado tervingio a manos de los caudillos Alavivo y Fritigerno. ¿Quiénes eran estos? Cabe pensar como lo más probable que fueran reyezuelos ligados a la figura política de Atanarico, pero de un linaje lo suficientemente importante como para disputarle el liderazgo del reino tervingio, lo que nos sugiere que uno de ellos o ambos, fueran descendientes de la familia real a la que pertenecían Canabaudes y Geberico.

El empujón imperial.

Bien es cierto que, como dijimos en entradas anteriores, los tervingios recibieron un inestimable empujón imperial para asentar su hegemonía. Roma no sólo convirtió a estos godos en sus interlocutores válidos a través de pactos o foedera para emplearlos como guerreros o para establecer rutas comerciales, sino que intervino activamente para eliminar al que se alzaba como poderoso rival de los tervingios, una tribu que según se nos dice en la Origo Constantini Imperatoris era la “más numerosa y poderosa de las tribus godas”, en el 334; allanando sin duda el camino de los tervingios para establecer su hegemonía.

Imagen 4. Recreación de la construcción de una torre de vigilancia en el limes danubiano. Los limitanei, o tropas de la frontera, la fortifican y ultiman los detalles. Fuente: arrecaballo.es

Parece que fue Atanarico, hijo de Aorico, quien tuvo el enfrentamiento más duro con Roma, y de hecho hablaremos de sus periplos relacionados con ésta. Parece que el origen de estos enfrentamientos fue que, desde el año 332, el poder tervingio no había dejado de crecer y ahora se buscaba una relación más igualada con el Imperio.

Atanarico intervino activamente con el envío de tropas en la rebelión de Procopio, primo de Juliano, cuando Joviano fue elegido como nuevo augusto. Como Procopio podía —y seguramente sería— considerado un potencial peligro por el nuevo emperador, renunció a sus cargos públicos y se retiró a sus fincas en Capadocia. Muerto Joviano, fue Valente el que ascendió al trono, quien consideró que no le convenía que un miembro de la familia de Constantino El Grande siguiera vivo y envió hombres para detenerlo. Procopio huyó a Crimea y aprovechó que Valente preparaba una campaña contra Persia para ir a Constantinopla y comenzar allí una rebelión, obteniendo algunos éxitos iniciales. Aquí entra en el juego Atanarico, apoyando al pretendiente que creía más sólido, enviando 10.000 guerreros en su ayuda; pero Procopio fue vencido en la batalla de Nicolea el 26 de mayo de 366, siendo ajusticiado poco después.

Imagen 5. El limes danubiano o moesio transcurría siguiendo el río Danubio hasta su desembocadura. Esta región se vio seriamente comprometida desde el siglo III. Fuente: arrecaballo.es

Atanarico se veía ahora en una posición tremendamente comprometida, porque había apoyado al bando perdedor de la guerra civil romana y había perdido 10.000 guerreros, un tercio de su fuerza total.

Así que Valente, viendo que Atanarico había traicionado a los dos augustos legítimos —él y su hermano Valentiniano—, decidió que aplastaría a los godos. Comenzó a reunir y a abastecer un formidable ejército para cruzar el Danubio al año siguiente y acabar con Atanarico y los tervingios.

Las campañas godas de Valente fueron tediosas, caras y sin éxitos claros o notables, ya que Atanarico optó por la guerra de guerrillas y se retiró a las montañas de los Cárpatos, ya que no quería un enfrentamiento directo con Valente. En el 369, en la tercera campaña, Valente logró enfrentarse por fin a los tervingios cuando éstos y su juez supremo acudieron en ayuda de los greutungos que el emperador ya combatía. Valente logró la victoria sobre los bárbaros, pero, como decimos, no fue una victoria decisiva y poco cambiaba la situación respecto al punto de inicio. Ambos protagonistas empezaron a recibir presiones: por un lado, Valente recibía presión del senado de Constantinopla urgiéndole a acabar ya aquella costosa e incierta guerra, y por otro estaba Atanarico, que no había sido derrotado, pero era muy consciente de que otra campaña romana más llevaría a su gente a la inanición y a la consecuente muerte por el hambre o por la espada.

Así que Valente, consciente de que no podía costearse una cuarta campaña goda teniendo la persa ya casi lista, decidió que sus generales Víctor y Ariteo gestionaran la paz con los tervingios, pero dejando muy claro su victoria para aumentar el prestigio imperial que tanto necesitaba. Pero claro, Atanarico también tenía que dejar alto el listón si quería mantener el liderazgo y evitar insurgencias o incluso que se deshiciera su confederación. Así que Atanarico dejó claro a Víctor y Ariteo que quería la paz pero que no se humillaría para lograrla, acudiendo tanto él como Valente al río, a territorio en teoría neutral, para firmar una paz “entre iguales”. Valente tenía que aceptar, aunque no era lo que él quería, no sólo porque necesitaba las manos libres para guerrear con Persia, sino porque necesitaba que Atanarico siguiera conteniendo a su gente para no tener una confederación deshecha en numerosas bandas de saqueadores imposibles de controlar en la frontera.

Imagen 6. Recreación del tránsito de personas y mercancías en el limes danubiano. Cuando los godos violentaban esta frontera era muy difícil detener tantas bandas guerreras; por eso desde Roma siempre se trató de buscar un caudillo que liderara a todas las bandas o a la mayoría de ellas. Fuente: Arrecaballo.es

Así que ambos se entrevistaron en el Danubio y acordaron unos términos duros para los godos, pero aceptables. Los términos del nuevo foedus no dejan lugar a duda de la derrota de Atanarico. En primer lugar, los 10.000 guerreros mandados en ayuda de Procopio no volverían a sus tierras, sino que serían alistados en el ejército romano de Valente. En segundo lugar, los tervingios se comprometerían a no cruzar el Danubio bajo ningún contexto, cesando así las incursiones en el delta del río. En tercer lugar, los tervingios renunciaban a los subsidios y prebendas del Imperio, y finalmente, se limitaba el comercio con Roma a dos puntos, dos ciudades designadas por el emperador para que los funcionarios imperiales controlaran mejor el tráfico y gestionaran los impuestos.

Valente podía, por fin, despreocuparse del Danubio y centrarse en Persia, mientras Atanarico vio seriamente comprometido su poder. Es en este momento, en 370, cuando Alavivo y Fritigerno comenzaron a socavar el poder del juez supremo y de su clan, los Baltos. En este contexto tan convulso y de disgregación los godos tendrán que afrontar la nueva amenaza que se cernía sobre ellos desde las estepas: los hunos.

Bibliografía:

Imagen destacada: Reconstrucción del limes romano en Kastell Zugmantel, Taunus, Alemania.

Jiménez Garnica, Ana Mª. (2010): Nuevas gentes, nuevo Imperio: los godos y Occidente en el siglo V, Editorial UNED, Madrid.

Sanz Serrano, R. (2009): Historia de los godos, una epopeya histórica de Escandinavia a Toledo, La Esfera de los Libros, Madrid.

Soto Chica, J. (2020): Los visigodos. Hijos de un dios furioso, Desperta Ferro Ediciones, Madrid.

Un cambio en la percepción: De ser bárbaros a iguales.

Hemos estado viendo en entradas anteriores cómo los godos nacieron y se movieron por las tierras de Europa Oriental hasta llegar a las fronteras con Roma. También hemos visto la evolución en sus estructuras sociales y políticas desde que los romanos empezaran a hablar de ellos en el siglo I d.C. para pasar a ser poco a poco otra cosa diferente… ¿Cómo evolucionaron esas bandas de godos para pasar a ser un auténtico agente político reconocido por Roma? Vamos a descubrirlo.

Un sistema basado en relaciones desiguales.

Imagen 1. Jefes y nobles celtas discuten algún tipo de alianza o acción conjunta durante el Alto Imperio romano. Fuente: romaimperial.com.

Desde que Roma estableciese relaciones diplomáticas o militares con los germanos, éstas siempre habían sido fuertemente desiguales. Nunca se toleró que hubiera vecinos fuertes en las fronteras y, de ser así, se organizaban campañas para destruirlo, tal y como hizo Trajano contra los dacios en el siglo II d.C. Pero esto cambió casi por completo un siglo después.

Tal y como sabemos, Roma había logrado rechazar a los godos y a otros pueblos invasores en el siglo III, pero cuando el Imperio firmó un primer foedus con un grupo de godos en el 332 d.C., ya iniciado el siglo IV, no sólo se estaba reconociendo a aquel grupo de godos como un aliado, sino que se le trataba por tanto en igualdad de condiciones y se le reconocía como interlocutor reconocido de cara a tratar con otros pueblos bárbaros. ¿Qué ha pasado aquí?

Todos sabemos lo que supusieron las invasiones del siglo V para el Imperio romano, pero nadie suele detenerse en las del siglo III y en el esfuerzo titánico que Roma hubo de hacer para rechazarlas movilizando ingentes cantidades de hombres y recursos. Entonces, ¿por qué Roma encajó mejor las invasiones del siglo III que las del siglo V? Tal y como comenta José Soto, se trató únicamente de la férrea voluntad de resistir de los romanos del siglo III, mientras que esa voluntad no fue tan firme dos siglos después.

Imagen 2. Asalto bárbaro al limes romano, seguramente en el Danubio, en las invasiones del siglo III. Fuente: arrecaballo.es.

Los bárbaros del siglo III eran igual de fieros y numerosos que los del siglo V; lo que sí es cierto es que su organización no estaba tan afianzada como en momentos posteriores, así como, por paradójico que pueda resultar, su grado de romanización.

Los romanos del siglo III, en cambio, tenían una gran voluntad de resistir, pero, además, el Imperio contó con emperadores tan vivaces y combativos como Claudio II o Aureliano; figuras claves en la lucha contra los invasores. La Roma del siglo III confió mucho más en sí misma y en su capacidad de sobreponerse a los germanos que la Roma del siglo V, mucho más titubeante y dependiente de los propios germanos para su subsistencia, concretamente de los godos.

Como último elemento de génesis de los tervingios tenemos que mencionar que fueron los propios emperadores romanos, sobre todo Constantino, el que estabilizó la situación de anarquía que los bárbaros tenían a través del reconocimiento de jueces y jefes guerreros entre los godos para que éstos sobresalieran en su sociedad y pudieran organizarla de algún modo, logrando así controlar mucho mejor a esos pueblos organizados en grandes núcleos que no en pequeñas bandas guerreras incontrolables y anárquicas como había sido hasta ese momento.

¿Qué ha cambiado tanto?

Imagen 3. Invasiones bárbaras del siglo III d.C. en ambas partes del Imperio. Fuente: arrecaballo.es.

Si nos retrotraemos brevemente, a inicios del siglo III los godos eran habitantes de pequeños asentamientos en régimen de subsistencia, mientras que en el siglo IV nos hallamos con grandes aldeas que, en muchos casos, explotan sus recursos de manera muy avanzada a imagen y semejanza del Imperio. Y no sólo eran asentamientos dedicados al campo, sino que también producían artículos para exportar mientras importaban otros. Ya no estamos ante los pobres godos del Báltico, sino ante sociedades que consumen y producen objetos de gran calidad. La arqueología nos muestra cómo la tierra se trabajaba ya con arados con reja de hierro y cómo se roturaban nuevas tierras; con el incremento de población correspondiente. No sólo eso, sino que, como muestra José Soto, en la actual Ucrania, había una auténtica “factoría” dedicada a la producción de herramientas y armas de hierro; encontrándose allí restos de 15 herrerías agrupadas donde trabajarían al menos 45 artesanos produciendo objetos que se exportaban muy lejos. Y, como en el caso del hierro, también tenemos ejemplos de producción de ánforas, joyas, vidrio y textiles. ¿Y cómo habían cambiado tanto en apenas un siglo?

Pues, como es lógico pensar, a través de las invasiones, ya que lo primero que éstas facilitaron fue el mestizaje tanto bárbaro en el interior de estas sociedades como en el cautiverio de romanos que fueron llevados a sus asentamientos más allá del Danubio. La convivencia de estos cautivos de origen romano junto con los señores godos fomentó que se produjeran estos cambios de manera tan rápida, ya que los conocimientos de estos se emplearon en el campo y en la producción artesanal.

Esa influencia romana se produjo no sólo en lo económico, sino también en lo cultural. Es ahora cuando comienza a extenderse entre los godos el cristianismo romano, siendo el principal promotor del mismo el nieto de unos cautivos romanos apresados en el 257. Hablamos de Ulfilas, que significa “el pequeño lobo” en lengua goda; y que este romano de pura cepa recibiera un nombre godo refleja esa nueva realidad del mestizaje entre sociedades que estamos poniendo en evidencia. Ulfilas, que nació hacia el 311, conocía el latín, el griego y la lengua goda, lo que refleja que los cautivos romanos gozaban de cierta autonomía educativa y cultural a pesar de que sus señores godos seguían siendo paganos.

Imagen 4. Grabado de 1890 que muestra al obispo arriano Ulfilas enseñando la fe y los Evangelios a varios caudillos godos. La importancia de Ulfilas en el devenir político y cultural de los visigodos fue indiscutible. Fuente: wikimedia.org.

La cristianización de Gotia se convirtió en un factor a tener muy en cuenta de cara a las relaciones políticas entre los godos y el Imperio para tener un elemento común de cara a las negociaciones. Así lo interpretaron también los señores godos, pues cuando las relaciones con Roma eran cordiales no estorbaban a los cristianos, pero cuando éstas no eran buenas, perseguían a los cristianos como medida de presión. Así que Ulfilas jugó un papel fundamental al traducir a la lengua goda los Evangelios, y este hecho refleja que había suficientes y potenciales oyentes que leyeran y escucharan sus palabras.

¿Y qué sucede con las transformaciones políticas?

Lo primero que tenemos que tener presente es que, a lo largo del siglo III vemos numerosos ataques de bandas germánicas a territorio romano encabezadas por líderes que van y vienen, es decir, no son gobernantes que dejen un legado o que amplíen alguno existente; simplemente se dedican al pillaje y no tienen relevancia política alguna. En segundo lugar, las fuentes primarias desmienten a Jordanes y a la historiografía tradicional en tanto que ni los tervingios ni los greutungos eran antecesores directos de visigodos y ostrogodos, ni estas eran las dos únicas realidades godas del siglo IV. Para no alargar mucho este hecho con demasiados ejemplos, podemos afirmar que, siguiendo las fuentes, en apenas 20 años nos encontramos con ocho jefes o reyes godos independientes entre sí y que no se sucedieron unos a otros; de hecho, ni siquiera tenían lazos familiares entre ellos. También parece secundar esto la arqueología, ya que entre finales del siglo III e inicios del IV se han hallado media docena de grandes complejos fortificados que parecen haber sido el centro político de otras tantas jefaturas.

Imagen 5. Detalle del sarcófago Ludovisi, donde se muestra probablemente a Claudio II el Gótico o a Galieno en una de sus victorias sobre los germanos en el siglo III. Fuente: pinterest.es.

La realidad política de los tervingios y los greutungos parece haberse gestado a mediados del siglo III en pleno apogeo de los ataques godos al Imperio, y aunque posteriormente se convirtieron en realidades poderosas, no fueron ni uniformes ni tampoco las únicas de las formaciones godas, fueron simplemente las más vistosas formaciones godas para los romanos.

¿Qué papel jugaron entonces los tervingios en el nacimiento de los visigodos? Pues desde luego jugaron un papel importante en su nacimiento, pero desde luego no fue ni el único ni el más decisivo. Podemos ver cómo los godos de Alarico, el primer y auténtico “rey visigodo”, estaban conformados por varios grupos de origen tervingio y también greutungo. Además, había numerosos elementos étnicos de origen alano y huno, taifales y masas de romanos de dispar origen. Nos encontramos, en definitiva, ante una realidad muy alejada de la homogeneidad historiográfica del siglo XIX y de principios del siglo XX, tiempos en que se presentaban las invasiones germánicas como una especie de “inyección racial” visigoda donde unos vigorosos y apuestos germanos renovaron la decadencia romana.

Tendremos que seguir recorriendo unas pocas cuestiones más para comprender bien el nacimiento de los visigodos, ¿Cómo y cuando surgieron los tervingios? ¿Cómo se gestó entre ellos una dinastía real? ¿Qué relación tenían con los visigodos de Alarico?

Bibliografía:

Imagen de cabecera: Vista del castillo Devin, en Eslovaquia, en el limes danubiano.

Jiménez Garnica, Ana Mª. (2010): Nuevas gentes, nuevo Imperio: los godos y Occidente en el siglo V, Editorial UNED, Madrid.

Sanz Serrano, R. (2009): Historia de los godos, una epopeya histórica de Escandinavia a Toledo, La Esfera de los Libros, Madrid.

Soto Chica, J. (2020): Los visigodos. Hijos de un dios furioso, Desperta Ferro Ediciones, Madrid.

Conociendo la Península Ibérica por los cuatro costados (IV). La red fluvial y la vegetación.

Con este artículo finalizamos por fin nuestro recorrido por la Península Ibérica a todos los niveles de la Geografía física: a través del origen del relieve, los tipos de relieve y el tipo de climas que caracterizan las regiones que habitamos. Hoy cerramos esta serie de cuatro artículos con un recorrido por los ríos y la vegetación predominante según la región española donde nos encontremos. ¿Conocéis la vegetación característica de vuestra zona? Descubrámosla.

La red fluvial en España.

Como hemos visto, la Península Ibérica, debido al relieve que la caracteriza y a su basculamiento hacia el Atlántico, vierte prácticamente todos sus ríos a este océano; incluyendo aquí también a los del mar Cantábrico. Pero también tiene otros que vierten hacia el Mediterráneo. Hemos de decir que en ambos archipiélagos no hay ríos tal y como los conocemos, sino torrentes y barrancos que pueden llevar mucha agua en un momento determinado cuando llueve. Veamos esas vertientes.

Imagen 1. Vertientes españolas con los ríos y afluentes principales. Fuente: aprendogeografiaensociedad.blogspot.com

La vertiente atlántica.

Imagen 2. Vertiente atlántica con los ríos más relevantes. Fuente: pinterest.com.

Es la más extensa, ya que engloba el 69% del caudal peninsular. Aquí incluimos por un lado la vertiente cantábrica, los ríos que discurren por la Meseta y el Guadalquivir.

– La cuenca norte incluye los ríos cantábricos y gallegos. La mayoría de ellos nacen en la Cordillera Cantábrica, y en su recorrido excavan profundos cursos para poder salvar el relieve que los separa del mar. Tienen una gran fuerza erosiva y carácter torrencial, su caudal es abundante y regular, con régimen de alimentación pluvio-nival, es decir, se alimentan tanto de las lluvias como de las nieves de las montañas. Los ríos vascos son más regulares, como el Bidasoa o el Nervión, mientras que los cántabros y astures como el Sella o el Narcea tienen una gran fuerza erosiva. Por último, los ríos gallegos como el Sil o el Miño tienen cursos más suaves.

– Los grandes ríos meseteños y el Guadalquivir son de gran longitud y discurren por extensas llanuras en un ambiente mediterráneo continental con aridez estival, lo que redunda en un régimen irregular a lo largo del año, aunque reciben aporte hídrico de sus afluentes. Estos ríos son el Duero, el Tajo, el Guadiana y el que ilustra el apartado.

La vertiente mediterránea.

Imagen 3. Vertiente mediterránea con los ríos más relevantes. Fuente: colegiomadridsur.blogspot.com

Se extiende de norte a sur por el litoral mediterráneo, y esta divisoria viene determinada por el Sistema Ibérico y las Cordilleras Béticas. La proximidad generalizada de estos relieves al mar, determina que sus cuencas sean reducidas, los cursos tengan poca longitud y que las cabeceras tengan pronunciadas pendientes como sucede en el caso cantábrico; aunque el Ebro es la excepción, tanto en estas características como en el estiaje que sufren los demás caudales mediterráneos, aunque todos ellos pueden experimentar repentinas crecidas ante fenómenos climáticos recurrentes como las DANAS. Destacamos aquí ríos como el Tero el Llobregat, el Júcar o el Segura y el Almanzora o el Guadalhorce.

Los ríos insulares, Ceuta y Melilla.

En las islas Baleares encontramos cauces secos durante la mayor parte del año, existiendo crecidas cuando hay abundantes precipitaciones. Hemos de tener en cuenta que, debido al relieve calizo predominante, mucha de la circulación fluvial es subterránea.

En las islas Canarias la aridez y el roquedo volcánico provocan que no existan cursos permanentes de agua, ya que las escasas precipitaciones caen rápidamente al mar a través de barrancos.

En Ceuta y Melilla encontramos arroyos de escasa longitud y marcado carácter estacional y torrencial cuando llueve mucho. Cabe destacar el río Oro en Melilla como ejemplo de cauce seco.

La vegetación en la Península Ibérica.

Imagen 4. Regiones biogeográficas de Europa occidental y el norte de África determinadas por el clima. Fuente: elauladehistoria.blogspot.com

Antes de desgranar nada hemos de destacar que, tanto en España como en Portugal, las formaciones vegetales son actualmente formaciones regresivas, es decir, formaciones vegetales muy alteradas por el hombre. Se trata, por tanto, de una vegetación cada vez más alejada de lo que denominamos estado climácico o de equilibrio entre la vegetación y el medio en ausencia de actividad humana. Este estado es visible en dos aspectos: por un lado, los bosques, que han reducido drásticamente su extensión y por otro, las especies vegetales foráneas introducidas por el hombre, como el eucalipto, que han hecho retroceder a las especies autóctonas.

Hemos de distinguir por tanto entre las regiones y tipos de vegetación existente en nuestro país:

La región eurosiberiana.

Se ubica en el área septentrional donde predomina el clima oceánico, y se distinguen sobre todo dos formaciones vegetales: el bosque caducifolio, el matorral atlántico y el bosque de transición.

Imagen 5. Hayedo de Liébana (Cantabria), el ejemplo de vegetación climácica de la región eurosiberiana. Fuente: guiarepsol.com

            – Bosque caducifolio: Supone la vegetación climácica de la región. Se trata de un bosque denso que genera zonas de umbría, con árboles de tronco recto y gran altura. Debido a la escasa luz que se filtra, el sotobosque es pobre, y destacan especies autóctonas como el roble o el haya; mientras que como especies foráneas destacan el castaño, el pino y el eucalipto.

            – Matorral atlántico: Conformado por especies como el tojo, el brezo, la retama y el piorno. Es una formación leñosa y densa que sustituye al bosque cuando se degrada. Al mismo tiempo, cuando se degradan las zonas de matorral atlántico, aparecen las praderas.

            – Bosque de transición o marcescente: Se da en zonas de transición al clima mediterráneo, y está conformado por especies como quejigos y rebollos, especies adaptadas a la sequía y al frío.

En lo que respecta a los suelos de esta región, encontramos el predominio de la tierra parda y rica en humus, apta para el cultivo y los pastos. En los suelos silíceos se forma el ránker y en los calizos la rendsina que, erosionados y en pendiente, sólo pueden ser aprovechados para bosque y pasto.

La región mediterránea.

Imagen 6. Encinar de Los Pedroches (Córdoba), el ejemplo de vegetación climácica mediterránea. Fuente: comunidadism.es

Se ubica en aquellas áreas donde predomina el clima mediterráneo, excepto en las áreas de montaña. La aridez estiva es muy acusada, y es por ello por lo que encontramos bosque esclerófilo y matorral mediterráneo, con especies adaptadas a la sequía y a las altas temperaturas.

            – Bosque esclerófilo: Supone la vegetación climácica de la región. Predominan especies adaptadas a la aridez, con hojas perennes, pequeñas y endurecidas, siendo la encina el exponente principal por su capacidad de adaptación a diversos medios y altitudes. Hoy en día no quedan ya encinares climácicos, pues han sido sustituidos por dehesas para aprovechamiento ganadero. A parte de la encina, destacamos especies como el alcornoque, el roble, el algarrobo o el acebuche, siendo el pino la principal especie foránea.

            – Matorral mediterráneo: Conformado por hábitats como la maquia, la garriga y la estepa. La maquia cuenta con especies como la jara o el brezo, la garriga cuenta con el tomillo o el romero y la estepa con especies como el palmito, el tomillo o el espárrago.

En lo que respecta a los suelos de esta región, encontramos el predominio de la tierra parda meridional dedicada a las dehesas y pastizales, el suelo rojo mediterráneo muy fértil para todo tipo de cultivos, los vertisoles o tierras negras muy fértiles también y, por último, el serosem o suelo gris subdesértico, típico del sureste peninsular y muy malo para el cultivo.

La región macaronésica.

Imagen 6. Bosque de pino canario en el parque natural de Tamadaba (Canarias), el ejemplo de vegetación climácica de la región macaronésica. Fuente: wikimedia.org.

En nuestro caso, se da en el archipiélago canario, donde se combinan especies de origen tropical y atlántico con otras mediterráneas, conformando así una gran diversidad de especies con muchos endemismos, es decir, especies que se dan únicamente aquí. Pero mientras que en las islas de Fuerteventura y Lanzarote la vegetación es pobre, en las demás tenemos que fijarnos en la altitud, ya que dependiendo de eso encontraremos unas especies u otras.

            – Piso basal: Se da hasta los 400 metros de altitud, hay altas temperaturas y aridez y la vegetación es xerófila, adaptada a la sequía, como el cardón y la tabaiba.

            – Piso intermedio: Se da hasta los 800 metros de altitud, hay mayor humedad y las temperaturas se suavizan. Destacamos aquí la palmera canaria.

            – Piso montano: Se da hasta los 1200 metros de altitud, hay menor temperatura y disminuye la humedad. Destacamos los bosques de laurisilva y el brezal.

            – Piso montano mesocanario: Se da hasta los 2000 metros de altitud, y encontramos gran aridez. Destacan los bosques secos de pino canario y la vegetación climácica, acompañada de jaras, tomillos y retamas.

            – Piso de altas cumbres supracanario: Se da a más de 2000 metros de altitud, encontrando aquí un endurecimiento considerable de las condiciones climáticas, más aridez y fuertes heladas. La vegetación es escasa, pero aún así encontramos endemismos fantásticos como la violeta del Teide.

Para concluir el artículo, debemos dedicar unas líneas a hacer mención a la vegetación de ribera, donde encontramos especies caducifolias e hidrófilas, adaptadas a la presencia constante de agua. Se ubica en las orillas de los ríos y lagos, y encontramos especies como el aliso, el sauce, el chopo, el espino y la zarza, junto a helechos y enredaderas. Actualmente este tipo de vegetación está en franco retroceso por la actividad humana.

La vegetación de montaña cerraría los tipos de vegetación existente en la península, una vegetación que varía en función de la región biogeográfica donde nos encontremos. En el caso de la Península Ibérica distinguimos las especies eurosiberianas y las mediterráneas.

Bibliografía:

Imagen de cabecera: Parque Natural de Tamadaba, Gran Canaria.

VV.AA (2002): Geografía de los Grandes Espacios Mundiales I y II. Editorial UNED.

VV.AA (2009): Geografía General I. Geografía Física. Editorial UNED.