La repoblación del Camino de Santiago y el carácter de la nueva burguesía

Desde comienzos del siglo XI el Camino de Santiago venía confirmándose como una de las grandes vías de peregrinación de Europa., pero también de actividad productiva y comercial ante las nuevas exigencias y la diversificación de la economía. El crecimiento demográfico y económico, en general, de toda la Europa cristiana tuvo también su repercusión en el Camino. La agresividad inherente al feudalismo y que había colmado todo el panorama social, económico y político en los reinos del norte durante los siglos IX, X y XI, hacían ya insoportables estos niveles de violencia. Continúa leyendo La repoblación del Camino de Santiago y el carácter de la nueva burguesía

La repoblación de la Extremadura del Duero

En este artículo vamos a plantear la situación a la que se tuvo que enfrentar Alfonso VI a la hora de seguir repoblando las tierras al sur del Duero, entre este río y el Sistema Central, un espacio político y territorial que no estaba despoblado como sucedía con el espacio al norte del Duero y que se fue repoblando hasta el siglo X, sino que aquí ya se encontraba un volumen de población preexistente conformada por herederos de población hispanorromana, visigoda, e incluso bereber o árabe. Es interesante estudiar este proceso porque Alfonso VI irá presionando progresivamente al reino de Toledo con esta presión política y demográfica desde el norte. ¡Bienvenidos a Hispania! Continúa leyendo La repoblación de la Extremadura del Duero

Reseña del número 16 de Arqueología e Historia Desperta Ferro “Visigodos en Hispania”. Religión de Estado y pervivencias

Aunque particularmente no me considero un estudioso de las religiones del pasado, ni siquiera del ámbito peninsular tardoantiguo, en esta entrada descubriremos brevemente estos aspectos tan relevantes para el pueblo godo desde que adoptara el arrianismo como fe tribal frente al catolicismo que comenzaba a ser lo común en el Imperio. Los visigodos tardaron en darse cuenta, pero gracias a Recaredo, supieron jugar bien sus cartas para atajar la amenaza sobre todo franca y bizantina a las fronteras. ¡Bienvenidos a Hispania!

Imagen de cabecera: Murallas emirales de la alcazaba de Mérida junto al río Guadiana, realizada con algunos materiales reutilizados de la urbe tardoantigua.

La arquitectura cristiana “de época goda” en Hispania por Artemio M. Martínez Tejera – Universidad Autónoma de Madrid.

En este artículo leeremos datos muy interesantes acerca de la arquitectura ya católica que tuvo lugar en el reino visigodo, sobre todo en el siglo VII.

Cuando hablamos de templos construidos o reformados entre los siglos VI y VIII en la Península se pueden hablar de cerca de 80 complejos que, en su mayoría, surgieron en espacios precedentes como santuarios paganos o antiguas villae. Según los datos que nos proporciona el autor, un poco más de la mitad de los complejos cumplen esta premisa, mientras que los restantes se corresponden con construcciones nuevas o refacciones muy superficiales en edificios existentes.

¿Cómo datar un complejo religioso?

A esta pregunta es difícil responder, según el autor, ya que la edilicia religiosa de este período arroja muchas dudas sobre si se trataría de un edificio tardoantiguo (Siglos VI-VII) o altomedieval (siglos VIII-X).

Es, por tanto, la práctica de la liturgia, la que puede arrojarnos más luz en cuanto a la datación de los complejos para un período u otro. La liturgia y la arqueología a la hora de estudiar las cimentaciones de los edificios tienen mucho que decir al respecto.

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Imagen 1. Interior de la iglesia visigoda de San Pedro de la Nave (Palencia).

Los complejos episcopales del ámbito urbano son sobre todo los más representativos para este período, complejos relacionadas con las iglesias principales o catedralicias y en las cenobíticas. En el ámbito rural, en cambio, la presencia de lugares de culto es ya extraordinaria, una existencia debida a la aristocracia, la monarquía o el poder eclesiástico urbano inmerso en una gran labor evangelizadora del territorio. Sin duda, fueron los complejos episcopales hispanos los que recibieron la mayoría de las inversiones de la élite eclesiástica; y cuando no empleaban aquí su dinero lo hacían en crear complejos nuevos como el del Tolmo de Minateda, en Hellín, con apenas un siglo de vida.

Así pues, el autor menciona unas características que definen esta sobria arquitectura del siglo VII, como pueden ser su sencillez y acento social, pues estaba enfocada a la reunión de fieles. Se reutiliza gran cantidad de material romano para erigir los edificios y también tiene gran presencia la influencia oriental del Imperio Romano de Oriente en el reino visigodo, plasmándose en técnicas constructivas, liturgias y decoraciones ya que, aunque ahora lo que podemos ver son los muros de piedra desnuda, en su tiempo estos lugares estuvieron bien decorados con pinturas y motivos litúrgicos. Un ejemplo de esta influencia constructiva lo hallamos en el famoso arco constructivo de herradura, atribuido a los godos, pero perteneciente realmente al mundo bizantino y más oriental todavía; una influencia que también se dejó sentir en la orfebrería con la técnica del cloisonné, de clara tradición oriental.

Arrianismo y catolicismo. La conversión y la integración del reino por Pablo C. Díaz – Universidad de Salamanca.

En este artículo, podremos comprobar las razones que llevaron a todo un pueblo a convertirse a la religión cristiana arriana, oficial del Imperio por aquel momento. Se ha interpretado que, en un primer momento, los godos acudieron al emperador Valente para que les enviara emisarios y sacerdotes que les instruyera en la verdadera fe.

Sea como fuere, será sobre todo en el 382 cuando los godos sean reconocidos como cristianos cuando el emperador Teodosio los admita como federados de Mesia. Lo que no se explican las fuentes es por qué lo hacen como cristianos arrianos cuando, en el 381, la fe oficial tornó al cristianismo católico. El principal motivo de esta elección consciente pudiera deberse a que los reyes godos querían ser la cabeza de la tribu y además la cabeza religiosa de la misma; para diferenciarse además de los romanos católicos.

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Imagen 2. Recaredo I, museo del Prado.

 

Ya como reino, los visigodos no tendrán más que problemas debido a su fe, ya que allí donde van la mayoría de la población profesa el catolicismo. Eurico tuvo problemas con los obispos cuando intentó que estos le obedecieran, y Alarico II permitió concilios católicos para que Clodoveo no se atrajera a su causa a la población gala católica. En la Península Ibérica hubieron de encarar multitud de peligros que les acechaban de todas partes; por una parte, la propia Iglesia Católica hispana distaba mucho de ser unitaria en cuanto a dogmas, además había consagraciones indebidas, falta de clérigos… la población estaba en contra de estos nuevos gobernantes herejes y con ella los terratenientes, que promovían revueltas y desórdenes. En el sur el Imperio Romano Oriental siempre permanecía vigilante desde que Atanagildo les permitiera tomar las tierras levantinas y, en el norte, los suevos y los francos católicos suponían otra amenaza siempre latente. El arrianismo, en suma, suponía una fortaleza común para este pueblo.

En un momento dado, Leovigildo comprende que, si los godos desean unificar la Península para remar en una misma dirección, el credo oficial debe abrirse a la población. El rey patrocinará una política de unificación religiosa sin precedentes, convirtiendo al arrianismo en una religión proselitista cuando nunca lo había sido.

Leovigildo convocó un concilio en el 580 en el cual abogó por pulir los extremismos que defendía Ulfila para hacer el arrianismo más próximo al catolicismo y que el resto de la población pudiera unirse a la fe del Estado. El rey se dirigió a los sepulcros de los mártires y a las iglesias católicas a rezar para hacer ver a la gente que el rey creía igual que ellos. Intentó atraerse a los obispos de las diferentes diócesis, pero sólo tuvo éxito con el obispo de Zaragoza.

Es probable que, a pesar de sus esfuerzos, Leovigildo percibiera que su propuesta era inalcanzable, comprendiendo que el arrianismo no sería adoptado por el resto de la población.

Recaredo comprendió muy bien esta problemática y, al poco de acceder al trono, convocó el III Concilio de Toledo para mudar la religión oficial al catolicismo niceno. Esa conversión no fue bien asumida por una parte de la nobleza, y a pesar de que las fuentes relatan lo contrario, las revueltas y las conspiraciones no dejaron de sucederse en el entorno regio durante varios años. Es, en definitiva, este cambio el que permitió a los godos sobrevivir un poco más tanto dentro como fuera de sus fronteras, antes de ser engullidos por los adversarios políticos y religiosos.

Pervivencias y recuperación del pasado visigodo en al-Ándalus por Jorge Elices – Universidad Autónoma de Madrid.

La conquista musulmana de la Península Ibérica fue una realidad en apenas unos años. Todo el territorio sucumbió a los conquistadores, excepto algunos pequeños reductos que suscribieron pactos de obediencia a cambio de independencia como fue el caso de Teodomiro, probablemente un dux de la región de Murcia, Albacete y parte de Granada. Pero el paisaje no cambió mucho, ni tampoco las gentes o las creencias. El paisaje tardoantiguo visigodo pervivió en los momentos posteriores a esta conquista y, por ejemplo, Mérida conservó sus murallas y su puente en buen estado hasta bien entrado el siglo IX.

El nuevo territorio, al-Ándalus, fue gobernado por enviados omeyas desde Damasco hasta que en el 756, abd al-Rahman I, último califa omeya, recaló en al-Ándalus huyendo de la derrota a la que su familia fue sacudida ante sus rivales abasíes. El nuevo emir proclamó la independencia de Damasco y tanto él como sus sucesores comenzaron a mejorar administrativa, militar y políticamente la nueva realidad política. Sus sucesores al-Hakam I y abd al-Rahman II se dedicaron a expandir la autoridad omeya por todo el territorio peninsular; ya que todavía estaba gobernado por diferentes poderes locales surgidos de la conquista como grupos árabes y bereberes, así como los linajes muladíes y mozárabes (anteriormente cristianos) cuya poderosa posición se debía a la conquista mayormente colaborativa que se llevó a cabo al inicio.

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Imagen 3. Una de las dos entradas al aljibe de la alcazaba emiral de Mérida, construida aprovechando materiales hermosamente decorados de época visigoda. Créditos: José Manuel García.

En cuanto el emir intentó centralizar la órbita andalusí en Córdoba, todos estos poderes regionales se sublevaron, siendo Umar ibn Hafsun, rebelde malagueño que aglutinó bajo su causa a prácticamente todo el sur peninsular, el máximo de sus exponentes.

Tuvo que ser el siguiente emir, abd al-Rahman III quien aplastara a todos estos rebeldes y se proclamara califa en 929, iniciando un proceso de consolidación e imposición de un estado andalusí centralizado en Córdoba. Este proceso continuó durante todo su reinado, así como el de su hijo al-Hakam II y su nieto Hixam II hasta llegar al año 1009, momento en que culmina el proceso. La población es islamizada y la ciudad tardoantigua es abandonada, demolida o reconvertida en la medina islámica.

Pero ¿qué hay acerca del pasado visigodo en la cotidianidad de al-Ándalus? El autor nos cuenta cómo hay cantidad de referencias de cronistas e historiadores árabes acerca del pasado visigodo de la Península Ibérica, fijándose sobre todo en san Isidoro de Sevilla al cual traducen al árabe y anotan también. Se habla de la medicina hispano-visigoda y también de la astronomía y de personajes relevantes de la Antigüedad romana y después visigoda. Una recogida de un pasado que no se ve en ningún otro lugar del mundo islámico y ni siquiera dentro de la propia Península Ibérica. Una labor ardua, probablemente para legitimar el poder omeya asentado ya en el siglo X y para contrarrestar las aspiraciones de conquista de los reinos cristianos del norte.

NOTA: El número posee además dos páginas a todo color sobre enclaves museísticos y arqueológicos relevantes por toda España relacionados con el reino visigodo y la Antigüedad Tardía. Es muy interesante de consultarlo. También posee un apéndice dedicado a la influencia minoica en Akrotiri (Thera) elaborado por Carl Knappett de la Universidad de Toronto, que no desgranaremos al ser de otra temática pero que nos ha parecido fascinante.

Bibliografía:

Martínez Tejera, Artemio M.: “La arquitectura cristiana “de época goda” en Hispania” en Arqueología e Historia Desperta Ferro, nº16, pp. 40-43.

Díaz, Pablo: “Arrianismo y catolicismo. La conversión y la integración del reino” en ad supra, pp. 46-50.

Elices, Jorge: “Pervivencias y recuperación del pasado visigodo en al-Ándalus” en ad supra, pp. 52-55.

Reseña de Arqueología e Historia Desperta Ferro “Visigodos en Hispania”. Identidad interna y externa

Imagen de cabecera: Iglesia visigoda de San Pedro de la Mata (Sonseca, Toledo).

En esta segunda  y breveentrada vamos a tratar sobre todo la identidad en la que podemos fijarnos según los registros funerarios de los enterramientos documentados y también daremos una vuelta por el Toledo visigodo ¡Bienvenidos a Hispania!

Necrópolis e identidades entrelazadas en la Hispania de época visigoda por Jorge López Quiroga (Universidad Autónoma de Madrid).

El interés que ha suscitado el mundo funerario de esta época viene dado por las corrientes pangermanistas que tuvieron lugar tras la Guerra Civil y el primer franquismo en España (1939-1956). Hasta 1954 hubo intervenciones prolongadas en algunas necrópolis como Pamplona, El Carpio del Tajo, Daganzo de Arriba, Duratón, Espirdo-Veladiez y Madrona, que se interpretaron de una forma exclusivamente étnica, siguiendo una corriente propiciada por el nacionalsocialismo alemán y el nacionalcatolicismo hispano. Absolutamente todas estas necrópolis fueron consideradas puramente “visigodas” menos la de Pamplona, que se atribuyó a la órbita franca en la Galia.

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Imagen 1. Necrópolis visigoda de Duratón.

Hubo que esperar a los años 80 para que primero las corrientes procesualista primero y post-procesualista después, arrojaran nueva luz en el estudio del mundo funerario tardoantiguo y altomedieval en España que, si bien mantienen el concepto de necrópolis visigodas, admiten también en ellas la existencia de unos individuos que no tenían por qué ser puramente visigodos. Y es que no olvidemos que, aunque las principales necrópolis visigodas se hallan en el centro de la Meseta peninsular, fueron muy pocos los individuos que conformaban este pueblo en comparación con la población indígena hispanorromana que, como veremos, tenía ya una moda y costumbres muy similares a las traídas por los visigodos.

Lo que tradicionalmente se interpretaba como enterramientos visigodos se corresponden en realidad con una serie de individuos que correspondían a las élites hispanorromanas con el poder económico suficiente para hacerse con elementos distintos al común de prendas habituales, y si bien podían tratarse de nobles de estirpe germánica, no tiene por qué ser lo común.

Lo cierto es que las identidades de unos y otros quedaron muy pronto difuminadas ya que, desde hacía mucho tiempo, los germanos se habían relacionado con el mundo romano y con él su cultura, sus modas, sus costumbres… además de verse influenciados por el mundo oriental; y esto se ve muy bien plasmado en el mundo funerario, en el cual aparecen elementos foráneos mezclados con elementos puramente hispanorromanos, un plano privilegiado donde podemos estudiar un poco más a fondo la identidad cultural tan difuminada de estos pueblos.

Es llamativa la clasificación que hace el autor de dos tipos de cementerios bien diferenciados para esta época que abarca desde el siglo V hasta el VIII:

– Cementerios tardoantiguos con rito funerario complejo, en los cuales podemos encontrar un ajuar variado como elementos de vajilla, espejos, atalajes de los caballos, armamento… así como elementos accesorios del vestido y rastro de prendas, así como elementos de adornos personal.

– Cementerios tardoantiguos con rito funerario simple, con una ausencia total de ajuar y depósito funerario y presentes en toda la geografía peninsular, con una cronología del siglo V al VIII.

Toledo visigodo. El paisaje de una sedes regia por Jorge Morín de Pablos (AUDEMA).

En este artículo podremos recorrer la ciudad visigoda de Toledo y conocer todos los rincones que reflejan el pasado tardoantiguo de la ciudad, un artículo que a los amantes de los descubrimientos por la ciudad mientras pasean les encantará.

Será ya estando bien avanzado el siglo VI cuando Toledo se configure como la capital del reino visigodo, y será entonces cuando la ciudad se reorganice internamente para albergar la sede del poder civil y religioso, en contraposición a la relativa modestia de la ciudad romana precedente. Que Toledo fuera elegida capital del reino visigodo tuvo mucho que ver con su privilegiada ubicación geográfica en prácticamente el centro de la Península Ibérica y en un vado del río Tajo, lo que convertía a la ciudad en punto de paso obligado por viajeros y comerciantes que pagaban sus correspondientes tasas.

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Imagen 2. Recreación del Toledo visigodo, Josep R. Casals, Desperta Ferro Ediciones.

Toledo además permaneció milagrosamente ajena a los numerosos tumultos que asolaron la Península en el siglo V, y todavía mantenía la organización municipal y episcopal en funcionamiento. Finalmente, su posición alejada de focos de conflicto con francos, suevos o bizantinos y que la práctica totalidad de los contingentes visigodos se asentaran en el centro peninsular supuso una baza fundamental.

El autor nos desgrana cómo en Toledo se configuraron dos realidades urbanas: el núcleo palatino fortificado de residencia del rey y la Corte con el conjunto palatium/basilica de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo y el núcleo episcopal donde residía el máximo dirigente de la Iglesia hispana con un templo dedicado a Santa María.

Es fantástica la ilustración a dos páginas que se nos ofrece en este artículo, una maravillosa ilustración de Toledo en época visigoda, con la ciudad fortificada sobre la meseta junto al Tajo y los suburbia, contando incluso con las ruinas del circo romano y la basílica de Santa Leocadia, panteón de los reyes visigodos.

Bibliografía:

López Quiroga, J.: “Necrópolis e identidades entrelazada en la Hispania de época visigoda” en Arqueología e Historia Desperta Ferro: Visigodos en Hispania, pp.26-31.

Morín de Pablo, J.: “Toledo visigodo. El paisaje de una sedes regia” en ad supra, pp.32-38.