Monarquía sueva e Iglesia. Un dúo indispensable

En la última entrada previa a la reseña que hemos hecho de “El rey Arturo”, de Desperta Ferro Ediciones, hablábamos de los problemas que los suevos tuvieron a la hora de asentarse en Gallaecia, cómo la resistencia fue un factor muy común en todo el proceso debido a pactos rotos, pillajes o simplemente guerras civiles entre suevos o guerra con intervención visigoda. Hoy veremos cómo pudo fraguarse finalmente una connivencia entre suevos y población local identificada con “el reino de Gallaecia” o “reino suevo”.

La importancia de la Iglesia gallega.

La estabilidad de la región vendrá definida por la voluntad entre poder político y religioso en tanto que el segundo estabiliza a la población para el primero y el primero supone un apoyo coercitivo para que el segundo pueda ejercer su labor, sobre todo con el problema priscilianista existente en Gallaecia desde el siglo IV. Debemos atender al documento que conocemos como Parrochiale Suevum para conocer la lista de sedes episcopales de Gallaecia y que nos da una idea de cómo de implantado estaba el poder eclesiástico en el reino suevo. Así las cosas, encontramos citadas las sedes de Bracara, Porto, Lamecum, Conimbriga, Viseum, Dumio, Egiditania, Lucus, Auriensis, Asturica, Iria, Tude y, finalmente, Britannia. Llama la atención de este documento el desequilibrio de iglesias contenidas en unas sedes frente a otras; así por ejemplo encontramos 30 iglesias en Bracara o 25 en Porto frente a las 3 de Egiditania o las 4 de Lucus. Esta cuestión se puede abordar de diversas formas, o bien como una escasa implantación del cristianismo en las sedes donde hay menos iglesias o bien, y quizá sea esto más coherente, como que en las sedes donde se recogen menos iglesias dependientes del obispo haya un mayor número de iglesias de particulares que, como sabemos, estaban obligados a velar por la correcta difusión y práctica del cristianismo entre los campesinos de sus tierras.

La situación de convivencia pacífica entre Iglesia y monarquía sueva la vemos en que a comienzos del siglo VI, el obispo toledano Montano se lamentaba de la irrupción de obispos católicos en territorio palentino. Con la conversión sueva, las confrontaciones y resistencias se habrían eliminado y ahora quien dirigía los acontecimientos era una monarquía católica que utilizaba a los obispos para tal fin como, en primer lugar, erradicar el priscilianismo.

La unidad proporcionada por la Iglesia.

Pero, ¿Cómo pudo la Iglesia dotar de unidad a los antiguos territorios originarios de Gallaecia? Es probable que se realizaran fundaciones de iglesias en el medio rural o incluso en centros de poder como los castros para así dotar a la fundación religiosa de una administración paralela. También hay que contar con fundaciones eclesiásticas de particulares y, cómo no, con la fundación de monasterios, que eran mecanismos de cristianización con sus propios mecanismos de control.

Reino Suevo
Imagen 1. Mapa de las sedes episcopales durante el reino suevo. Fuente: caminodelasluciérnagas.blogspot.com

Para entender toda esta serie de fundaciones eclesiásticas debemos preguntarnos por las relaciones entre la Iglesia y los suevos. La conversión sueva después del 550 seguramente vino acuciada por la liberación de los visigodos de la tutela ostrogoda y, sobre todo, por el ascenso al poder de Leovigildo y la puesta en marcha de su política expansionista. También coincide este hecho con la llegada del misionero Martín a Gallaecia, probablemente por interés bizantino. La conversión suponía el pretexto perfecto para diferenciarse de los visigodos y ganarse el apoyo del clero católico en la provincia. Al rey le servía para tener unas bases de poder mucho más amplias al tener el mismo credo que la sociedad general, y a los obispos les servía para ejercer una presión mucho mayor sobre el priscilianismo. Muchos obispos de los que asisten al II Concilio de Braga poseen nombres germánicos suevos, lo que evidencia una integración muy fuerte.

De las iglesias recogidas en el Parrochiale, la mayoría de ellas se recogen en el triángulo de Braga, Coímbra y Porto, entre el Miño y el Duero en la parte central de Gallaecia que es además la más dinámica en términos económicos. De todos los lugares citados en el documento, sólo 4 no fueron cecas en época visigoda como Britannia y Dumio por ser monasterios, Conimbriga porque había cedido su papel administrativo a Eminio y queda Iria Flavia, cuyo papel en esta historia es aún dudoso. En esta área geográfica es donde los suevos ejercían un control mayor y donde se han localizado la mayoría de hallazgos monetarios. Una manera de conocer la importancia administrativa del territorio que controlaron los suevos es atender al número de cecas visigodas presentes en el antiguo reino suevo. Al menos 41 cecas de las 79 reconocibles en época visigoda se ubican en entre Gallaecia y la parte de Lusitania controlada por los suevos.

Esa gran desproporción se ha atribuido a las campañas militares llevadas a cabo contra los suevos y que las fuentes no han citado, a una pervivencia de la minería de oro que no es sostenible ni por fuentes ni arqueológicamente y tampoco es posible alegar un nivel de riqueza en la zona tan elevado como para tener en funcionamiento tantas cecas y que se traduciría en numerosos hallazgos monetarios. Esta proliferación de cecas debe entenderse como una herencia de la organización administrativa sueva, muy profunda y arraigada en el territorio que controló mejor.

Tras la conquista visigoda.

 La inclusión de Gallaecia en el reino visigodo no supondrá una alteración de su estructura o una represión de la población. De hecho, hasta el siglo VII con Recesvinto no se acometerá una reforma administrativa que implicó la desaparición de todas las cecas que no estuvieran en núcleos de población principales. Las zonas que conservarían esas cecas serían Braga, Astorga, Porto, Orense y Viseo, esto es, la parte central del reino, mientras que en los extremos norte y sur parece existir tras la reforma visigoda un vacío en este campo.

Echando un último vistazo al Parrochiale, comprobamos que la mayoría de fundaciones eclesiásticas se asientan sobre sustratos prerromanos precedentes, probándose así que la Iglesia asimiló sistemas precedentes de ocupación del suelo e identificándose con los regionalismos étnicos. A pesar de eso, estas fundaciones siempre se corresponden con los lugares de administración del poder civil y no a un modelo de organización del campo como sí hará el sistema de repoblación parroquial del siglo X.

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Imagen 2. Mapa de los conventus que integraba el reino suevo en los momentos previos a la conquista visigoda. Fuente: onosopatrimonio.blogspot.com

Así, en los momentos previos de la inclusión de Gallaecia en el reino visigodo comprobamos que el reino suevo tiene unas fronteras reconocidas por otros reinos que incluyen los tres conventus tradicionales de la provincia romana de Gallaecia además del más septentrional de Lusitania. A nivel interno, vemos que el reino se ha desarrollado mucho a nivel administrativo y eclesiástico, pues el rey católico y los obispos juegan ahora un estrecho papel político e ideológico. Una organización que refleja el definitivo asentamiento de los suevos en un territorio al que, finalmente, lograron adaptarse y ser aceptados.

Bibliografía:

  1. DÍAZ, P.: El reino suevo (411-585), Akal, 2013.

JIMÉNEZ GARNICA, ANA Mª: Nuevas gentes, nuevo Imperio: los godos y Occidente en el siglo V, UNED Editorial, 2010.

Imagen 1: https://goo.gl/fjJ12Z

Imagen 2: https://goo.gl/yFlxlb

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