Reseña del número 16 de Arqueología e Historia Desperta Ferro “Visigodos en Hispania”. Religión de Estado y pervivencias

Aunque particularmente no me considero un estudioso de las religiones del pasado, ni siquiera del ámbito peninsular tardoantiguo, en esta entrada descubriremos brevemente estos aspectos tan relevantes para el pueblo godo desde que adoptara el arrianismo como fe tribal frente al catolicismo que comenzaba a ser lo común en el Imperio. Los visigodos tardaron en darse cuenta, pero gracias a Recaredo, supieron jugar bien sus cartas para atajar la amenaza sobre todo franca y bizantina a las fronteras. ¡Bienvenidos a Hispania!

Imagen de cabecera: Murallas emirales de la alcazaba de Mérida junto al río Guadiana, realizada con algunos materiales reutilizados de la urbe tardoantigua.

La arquitectura cristiana “de época goda” en Hispania por Artemio M. Martínez Tejera – Universidad Autónoma de Madrid.

En este artículo leeremos datos muy interesantes acerca de la arquitectura ya católica que tuvo lugar en el reino visigodo, sobre todo en el siglo VII.

Cuando hablamos de templos construidos o reformados entre los siglos VI y VIII en la Península se pueden hablar de cerca de 80 complejos que, en su mayoría, surgieron en espacios precedentes como santuarios paganos o antiguas villae. Según los datos que nos proporciona el autor, un poco más de la mitad de los complejos cumplen esta premisa, mientras que los restantes se corresponden con construcciones nuevas o refacciones muy superficiales en edificios existentes.

¿Cómo datar un complejo religioso?

A esta pregunta es difícil responder, según el autor, ya que la edilicia religiosa de este período arroja muchas dudas sobre si se trataría de un edificio tardoantiguo (Siglos VI-VII) o altomedieval (siglos VIII-X).

Es, por tanto, la práctica de la liturgia, la que puede arrojarnos más luz en cuanto a la datación de los complejos para un período u otro. La liturgia y la arqueología a la hora de estudiar las cimentaciones de los edificios tienen mucho que decir al respecto.

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Imagen 1. Interior de la iglesia visigoda de San Pedro de la Nave (Palencia).

Los complejos episcopales del ámbito urbano son sobre todo los más representativos para este período, complejos relacionadas con las iglesias principales o catedralicias y en las cenobíticas. En el ámbito rural, en cambio, la presencia de lugares de culto es ya extraordinaria, una existencia debida a la aristocracia, la monarquía o el poder eclesiástico urbano inmerso en una gran labor evangelizadora del territorio. Sin duda, fueron los complejos episcopales hispanos los que recibieron la mayoría de las inversiones de la élite eclesiástica; y cuando no empleaban aquí su dinero lo hacían en crear complejos nuevos como el del Tolmo de Minateda, en Hellín, con apenas un siglo de vida.

Así pues, el autor menciona unas características que definen esta sobria arquitectura del siglo VII, como pueden ser su sencillez y acento social, pues estaba enfocada a la reunión de fieles. Se reutiliza gran cantidad de material romano para erigir los edificios y también tiene gran presencia la influencia oriental del Imperio Romano de Oriente en el reino visigodo, plasmándose en técnicas constructivas, liturgias y decoraciones ya que, aunque ahora lo que podemos ver son los muros de piedra desnuda, en su tiempo estos lugares estuvieron bien decorados con pinturas y motivos litúrgicos. Un ejemplo de esta influencia constructiva lo hallamos en el famoso arco constructivo de herradura, atribuido a los godos, pero perteneciente realmente al mundo bizantino y más oriental todavía; una influencia que también se dejó sentir en la orfebrería con la técnica del cloisonné, de clara tradición oriental.

Arrianismo y catolicismo. La conversión y la integración del reino por Pablo C. Díaz – Universidad de Salamanca.

En este artículo, podremos comprobar las razones que llevaron a todo un pueblo a convertirse a la religión cristiana arriana, oficial del Imperio por aquel momento. Se ha interpretado que, en un primer momento, los godos acudieron al emperador Valente para que les enviara emisarios y sacerdotes que les instruyera en la verdadera fe.

Sea como fuere, será sobre todo en el 382 cuando los godos sean reconocidos como cristianos cuando el emperador Teodosio los admita como federados de Mesia. Lo que no se explican las fuentes es por qué lo hacen como cristianos arrianos cuando, en el 381, la fe oficial tornó al cristianismo católico. El principal motivo de esta elección consciente pudiera deberse a que los reyes godos querían ser la cabeza de la tribu y además la cabeza religiosa de la misma; para diferenciarse además de los romanos católicos.

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Imagen 2. Recaredo I, museo del Prado.

 

Ya como reino, los visigodos no tendrán más que problemas debido a su fe, ya que allí donde van la mayoría de la población profesa el catolicismo. Eurico tuvo problemas con los obispos cuando intentó que estos le obedecieran, y Alarico II permitió concilios católicos para que Clodoveo no se atrajera a su causa a la población gala católica. En la Península Ibérica hubieron de encarar multitud de peligros que les acechaban de todas partes; por una parte, la propia Iglesia Católica hispana distaba mucho de ser unitaria en cuanto a dogmas, además había consagraciones indebidas, falta de clérigos… la población estaba en contra de estos nuevos gobernantes herejes y con ella los terratenientes, que promovían revueltas y desórdenes. En el sur el Imperio Romano Oriental siempre permanecía vigilante desde que Atanagildo les permitiera tomar las tierras levantinas y, en el norte, los suevos y los francos católicos suponían otra amenaza siempre latente. El arrianismo, en suma, suponía una fortaleza común para este pueblo.

En un momento dado, Leovigildo comprende que, si los godos desean unificar la Península para remar en una misma dirección, el credo oficial debe abrirse a la población. El rey patrocinará una política de unificación religiosa sin precedentes, convirtiendo al arrianismo en una religión proselitista cuando nunca lo había sido.

Leovigildo convocó un concilio en el 580 en el cual abogó por pulir los extremismos que defendía Ulfila para hacer el arrianismo más próximo al catolicismo y que el resto de la población pudiera unirse a la fe del Estado. El rey se dirigió a los sepulcros de los mártires y a las iglesias católicas a rezar para hacer ver a la gente que el rey creía igual que ellos. Intentó atraerse a los obispos de las diferentes diócesis, pero sólo tuvo éxito con el obispo de Zaragoza.

Es probable que, a pesar de sus esfuerzos, Leovigildo percibiera que su propuesta era inalcanzable, comprendiendo que el arrianismo no sería adoptado por el resto de la población.

Recaredo comprendió muy bien esta problemática y, al poco de acceder al trono, convocó el III Concilio de Toledo para mudar la religión oficial al catolicismo niceno. Esa conversión no fue bien asumida por una parte de la nobleza, y a pesar de que las fuentes relatan lo contrario, las revueltas y las conspiraciones no dejaron de sucederse en el entorno regio durante varios años. Es, en definitiva, este cambio el que permitió a los godos sobrevivir un poco más tanto dentro como fuera de sus fronteras, antes de ser engullidos por los adversarios políticos y religiosos.

Pervivencias y recuperación del pasado visigodo en al-Ándalus por Jorge Elices – Universidad Autónoma de Madrid.

La conquista musulmana de la Península Ibérica fue una realidad en apenas unos años. Todo el territorio sucumbió a los conquistadores, excepto algunos pequeños reductos que suscribieron pactos de obediencia a cambio de independencia como fue el caso de Teodomiro, probablemente un dux de la región de Murcia, Albacete y parte de Granada. Pero el paisaje no cambió mucho, ni tampoco las gentes o las creencias. El paisaje tardoantiguo visigodo pervivió en los momentos posteriores a esta conquista y, por ejemplo, Mérida conservó sus murallas y su puente en buen estado hasta bien entrado el siglo IX.

El nuevo territorio, al-Ándalus, fue gobernado por enviados omeyas desde Damasco hasta que en el 756, abd al-Rahman I, último califa omeya, recaló en al-Ándalus huyendo de la derrota a la que su familia fue sacudida ante sus rivales abasíes. El nuevo emir proclamó la independencia de Damasco y tanto él como sus sucesores comenzaron a mejorar administrativa, militar y políticamente la nueva realidad política. Sus sucesores al-Hakam I y abd al-Rahman II se dedicaron a expandir la autoridad omeya por todo el territorio peninsular; ya que todavía estaba gobernado por diferentes poderes locales surgidos de la conquista como grupos árabes y bereberes, así como los linajes muladíes y mozárabes (anteriormente cristianos) cuya poderosa posición se debía a la conquista mayormente colaborativa que se llevó a cabo al inicio.

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Imagen 3. Una de las dos entradas al aljibe de la alcazaba emiral de Mérida, construida aprovechando materiales hermosamente decorados de época visigoda. Créditos: José Manuel García.

En cuanto el emir intentó centralizar la órbita andalusí en Córdoba, todos estos poderes regionales se sublevaron, siendo Umar ibn Hafsun, rebelde malagueño que aglutinó bajo su causa a prácticamente todo el sur peninsular, el máximo de sus exponentes.

Tuvo que ser el siguiente emir, abd al-Rahman III quien aplastara a todos estos rebeldes y se proclamara califa en 929, iniciando un proceso de consolidación e imposición de un estado andalusí centralizado en Córdoba. Este proceso continuó durante todo su reinado, así como el de su hijo al-Hakam II y su nieto Hixam II hasta llegar al año 1009, momento en que culmina el proceso. La población es islamizada y la ciudad tardoantigua es abandonada, demolida o reconvertida en la medina islámica.

Pero ¿qué hay acerca del pasado visigodo en la cotidianidad de al-Ándalus? El autor nos cuenta cómo hay cantidad de referencias de cronistas e historiadores árabes acerca del pasado visigodo de la Península Ibérica, fijándose sobre todo en san Isidoro de Sevilla al cual traducen al árabe y anotan también. Se habla de la medicina hispano-visigoda y también de la astronomía y de personajes relevantes de la Antigüedad romana y después visigoda. Una recogida de un pasado que no se ve en ningún otro lugar del mundo islámico y ni siquiera dentro de la propia Península Ibérica. Una labor ardua, probablemente para legitimar el poder omeya asentado ya en el siglo X y para contrarrestar las aspiraciones de conquista de los reinos cristianos del norte.

NOTA: El número posee además dos páginas a todo color sobre enclaves museísticos y arqueológicos relevantes por toda España relacionados con el reino visigodo y la Antigüedad Tardía. Es muy interesante de consultarlo. También posee un apéndice dedicado a la influencia minoica en Akrotiri (Thera) elaborado por Carl Knappett de la Universidad de Toronto, que no desgranaremos al ser de otra temática pero que nos ha parecido fascinante.

Bibliografía:

Martínez Tejera, Artemio M.: “La arquitectura cristiana “de época goda” en Hispania” en Arqueología e Historia Desperta Ferro, nº16, pp. 40-43.

Díaz, Pablo: “Arrianismo y catolicismo. La conversión y la integración del reino” en ad supra, pp. 46-50.

Elices, Jorge: “Pervivencias y recuperación del pasado visigodo en al-Ándalus” en ad supra, pp. 52-55.

Reseña de “Visigodos en Hispania”, Arqueología e Historia Desperta Ferro. Emigración y poblamiento.

La emigración goda en España.

Es sabido que los godos que tomaron contacto con los habitantes de la Península Ibérica en el siglo V no fueron muy numerosos. Tomando los datos existentes al respecto, no sumarían mucho más de 10000 efectivos los que comandaría el rey Ataúlfo por Italia, Hispania y el sur de la Galia hasta que se creó el reino de Tolosa.

Aunque ya había tropas godas en Hispania, no será hasta la caída de Roma en 476 cuando los visigodos comiencen a instalarse paulatinamente en la península, amén de una ganada independencia de un poder político superior. Este asentamiento se produjo siguiendo la estratégica vía que unía Barcelona con Sevilla, jalonada de grandes ciudades y de lugares de interés para el control del territorio que fueron elegidos por los germanos.

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Imagen 1. Mapa de las migraciones germánicas hacia el Imperio Romano.

Llegada la derrota de Vouillé en 507, el pueblo godo quedó profundamente trastornado hasta acercarse a su propia desaparición como entidad organizada en torno a un líder si no hubiera sido por la intervención de Teodorico el Grande, ostrogodo amalo y rey de Italia. Este rey dio origen al breve lapso conocido como “monarquía ostrogoda”; primero con Eutarico para intentar poner a los visigodos bajo su dominio, aunque fracasó y después con otros miembros de la aristocracia ostrogoda. Muchos ostrogodos se asentaron en Hispania y tejieron alianzas y pactos con la élite hispanorromana que se quería oponer a la vieja nobleza del linaje visigodo de los Baltos, dando lugar este panorama a enfrentamientos además de arrojar mucha oscuridad a la muerte de los reyes Amalarico y Teudis.

Onomástica y linajes.

Es muy interesante en este apartado leer la investigación realizada por Luis A. Moreno, escritor del artículo, pues propone rastrear el linaje y la procedencia de los godos por la construcción de sus nombres. Así, podemos ver que los descendientes de Teodorico el Grande prefieren incluir la partícula Theud– en sus respectivas denominaciones. Es el caso de los reyes godos Teudis (531-548) y Teudiselo (548-549).

Entre los siglos VI y VII parece común que se repita la partícula Liub- por el rey Leovigildo. Esta partícula sugiere quizá el parentesco de la familia de Leovigildo con linajes de damas francas del sur de Francia cuya onomástica es diferente a la del resto del reino. Este linaje, aunque cortado por Witerico cuando destronó a Liuva II, podría haber permanecido en la sombra de las fuentes sin citar, pues en tiempos de Ervigio casi un siglo después, nos encontramos con que su esposa era la reina Liuvigoto, cuyo nombre contiene dicha partícula.

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Imagen 2. Tremis visigodo de Leovigildo. En esta moneda y por primera vez, los reyes visigodos se desvincularon del Imperio en cuanto a referencias al emperador en las monedas.

El propio nombre del rey Witerico refleja la noble ascendencia ostrogoda que poseía, pues hace referencia a los primeros ostrogodos llegados a la península en 427 y después en 473 bajo el liderazgo de Witerico en el primer caso y de Widimer en el segundo.

El autor nos cuenta el curioso caso de un noble godo que se hizo enterrar en Arcos de la Frontera en 562, de nombre Bulgarico. Este nombre es completamente extraño en la onomástica goda y sólo encontramos después el caso del conde Bulgar a inicios del siglo VII durante el reinado de Gundemaro; quizá existiera parentesco entre ambos personajes. El caso es interesante por cuanto que Teodorico el Grande tuvo una oportunidad para anexionar los pueblos búlgaros de los Balcanes que aparecen por vez primera en las fuentes griegas y latinas a mediados del siglo V como habitantes de los Balcanes septentrionales y de las llanuras ucranianas. Este pueblo seguramente tenga su origen en la desintegración del imperio huno tras la muerte de Atila, una explosión étnica que dio lugar a estos protobúlgaros aliados de Constantinopla con los que Teodorico el Tuerto y Teodorico el Grande tuvieron contacto a finales del siglo V. Es en este momento cuando algunos de estos búlgaros pudieron unirse a la hueste goda dando lugar a la diseminación de individuos hasta acabar uno de ellos enterrado en Cádiz. También los ejemplos que se nos muestran en el artículo al respecto de los restos epigráficos son realmente curiosos e interesantes, pero para conocerlos os invito a leerlos de la buena mano de este autor.

El poblamiento urbano y rural de época visigoda en Hispania.

En este artículo, el investigador Jorge López Quiroga (UAM), nos sumerge en la problemática de la supuesta ruptura del modelo de poblamiento hispanorromano previo a la caída del Imperio con el que se da después del asentamiento de los visigodos en Hispania. Tradicionalmente se ha interpretado que la caída de Roma supuso el fin del mundo urbano clásico e incluso antes, con el auge del cristianismo ya se contraponía el modelo de ciudad pagana con el de ciudad cristiana.

Estas interpretaciones tan radicales han pasado por alto muchos detalles que permanecen inherentes al proceso de evolución del poblamiento en Hispania entre los siglos V-VII; un modelo que responde a un concepto clave: El reaprovechamiento de espacios.

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Imagen 3. Recreación histórica de la reutilización del espacio urbano en la Antigüedad Tardía, donde la catedral cristiana ocupa un lugar preponderante.

Basándonos en esta premisa podemos enumerar varios casos de espacios que han evolucionado y cambiado tras la llegada de los visigodos, en el espacio urbano, pero también rural. Así, en el urbano, podemos comprobar cómo las antiguas domus unifamiliares construidas en torno a un peristilo o patio central acogen ahora varias viviendas unifamiliares reaprovechando las habitaciones de la domus romana previa; utilizando el peristilo como patio central de ese nuevo vecindario. Este ejemplo es perfectamente constatable en el barrio de Morería de Mérida.

Hemos hablado de estos casos en algunos artículos del blog, pero por citar varios ejemplos de reaprovechamiento de estructuras precedentes podemos citar el caso del teatro romano de Cartagena donde se instaló un barrio en el período de ocupación bizantina, en Valencia se abandona el circo instalándose en su lugar un barrio artesanal, el complejo termal de Braga (Bracara) se convierte en un conjunto de viviendas… en definitiva, el espacio no se abandona, sino que se reutiliza.

El concepto del suburbium, esto es, el espacio extramuros de la ciudad adquiere en la Hispania visigoda una importancia particular respecto a la construcción que se lleva allí a cabo de viviendas y de espacios de culto cristiano, del mismo modo que la catedral tardoantigua adquiere el papel protagonista intramuros.

El autor nos desglosa después un acertado y escueto índice de ideas ordenadas para que tengamos una clara percepción del proceso que se lleva a cabo en Hispania en cuanto a la arquitectura, la ordenación del espacio y el reaprovechamiento de los edificios precedentes. Lo mismo para el caso del mundo rural que, a pesar de lo que se ha creído, no es tan diferente al mundo rural de época imperial o incluso precedente a los romanos. Sí que hay un hecho fundamental como la reocupación de antiguos castros en altura de época prerromana para retomar su carácter defensivo ante la inseguridad existente en estos tiempos de invasiones e inestabilidad política. Leyendo a López Quiroga vamos a tener una visión muy clara de qué pasa en Hispania y sus pobladores durante el período visigodo.

Imagen destacada: Iglesia de Santa María de Melque, Toledo, reutilizada como torreón defensivo en el siglo IX.

Bibliografía:

Soto Chica, José: “El reino de Toledo y sus relaciones externas” en Arqueología e Historia Desperta Ferro, 16, pp. 7-19.

La necrópolis visigoda de Villamayor de Calatrava

Ayer tuve la oportunidad de acercarme a ver el reciente “redescubrimiento” de dos sepulturas datables en época visigoda, podríamos decir entre los siglos VI y VII d.C., en el término municipal de Villamayor de Calatrava, (Ciudad Real). Este pequeño municipio a 9 kilómetros al norte de Almodóvar del Campo y poco más de Puertollano podría albergar un asentamiento rural de época visigoda que bien pudiera corresponderse con un modelo de aldea o granja. Continúa leyendo La necrópolis visigoda de Villamayor de Calatrava

El noble godo Gundiliuva y “Nativola”. Hipótesis.

El artículo que traemos hoy se corresponde a las hipótesis y conclusiones que los demás artículos recogidos en mi trabajo de fin de máster me suscitaron. ¿Son los datos que hemos aportado suficientes para establecer la ubicación precisa de un asentamiento poblado tardoantiguo? ¿Por qué se habla en las fuentes andalusíes de dos ciudades distintas llamadas Granada? El hallazgo de una placa conmemorativa en la Alhambra, que hacía referencia a la fundación de tres iglesias de manos de un vir inlustris llamado Gundiliuva o Gudiliua, puede ayudarnos a esclarecer un poco esta cuestión. ¡Bienvenidos a Hispania! Continúa leyendo El noble godo Gundiliuva y “Nativola”. Hipótesis.