¿El fin del reino suevo?

En la anterior entrada pudimos ver cómo la Iglesia y el Estado jugaron un papel fundamental en la estabilidad del reino suevo de Gallaecia. Como consideramos que no es necesario desgranar más este punto, escribimos hoy una especie de epílogo a nuestra epopeya recorriendo el reino suevo que comenzamos el 24 de enero, hace nueve meses. Consideramos que todos los aspectos necesarios para conocer a los suevos han sido tratados ya, y es de justicia escribir un pequeño epílogo para este pueblo bárbaro que nos ha acompañado este tiempo. Toca seguir investigando y escribiendo después de esto, ¿Qué será lo siguiente? De momento… ¡Bienvenidos a Hispania!

Cuando el reino suevo fue absorbido por el visigodo, este reino era reconocido por sus vecinos con sus fronteras determinadas y con una entidad clara y diferenciada. A nivel interno se había alcanzado en Gallaecia un alto grado de sincretización entre suevos e hispanorromanos además de una organización eficiente. La administración estaba relativamente descentralizada entre las principales entidades poblacionales precedentes además de existir zonas de relativa independencia virtual al respecto del poder central, como es el caso de grandes terratenientes, regiones periféricas, etc.

Cuando Juan de Biclaro describe la nueva situación jurídica del derrotado reino suevo la describe como gothorum prouinciam facit. El reino fue absorbido manteniendo su administración interna y sus peculiaridades, que incluso aparecerán aún en el siglo VII. Cuando el Papa Gregorio Magno escribe a Recaredo lo intitula como Rex gothorum atque suevorum, lo que hace pensar que, desde el exterior, la percepción de lo que sucedía en la Península Ibérica era algo peculiar, muy diferente a la perspectiva que los godos querían transmitir, pues desde el principio se intentó arrasar cualquier vestigio cultural o nominal del reino suevo, algo que consiguieron con bastante éxito. Cuando el biclarense relata la conquista visigoda de Gallaecia realiza un discurso absolutamente parcial y propagandístico a favor de Leovigildo, narrando el ascenso de la dinastía que culminará en Recaredo y su gran labor unificadora con la conquista de aquellos territorios. Nada nos cuenta de cómo las tropas godas, con toda seguridad, impondrían la autoridad de Toledo en aquel lugar, objetivo que pasaba por la aceptación de la población del arrianismo reinante en el reino visigodo además de suprimir cualquier revuelta independentista, como la que encabezó Malarico.

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Imagen 1. Culminación de la unificación visigoda de la Península. Habría que excluir varias zonas del País Vasco, Navarra y Cantabria que quizá nominalmente formaron parte del reino pero no de facto. Fuente: Wikimedia.

Es posible que esa reconversión al arrianismo pasase por la paulatina conversión de la aristocracia sueva, pues no se hace ninguna alusión a una resistencia anticatólica o que la imposición del arrianismo toledano hubiera generado malestar. Así, en el III Concilio de Toledo de 589, están presentes cuatro obispos arrianos de Gallaecia: Beccila de Lugo, Gardingo de Tuy, Argiovito de Porto y Sunnila de Viseo. Estos cuatro obispos proceden de ciudades preeminentes, y pueden corresponderse con las guarniciones godas en aquellas ciudades para controlar mejor el territorio. Pero paralelamente a ellos, hay otros cuatro obispos católicos en aquellas ciudades, lo que se ha interpretado como que el arrianismo no quería competir con el catolicismo.

Esas ciudades y los hallazgos arqueológicos aportados para los silos VI y VII parecen deducir que el eje de los ríos Sil/Miño fue muy relevante hasta la desaparición del reino godo. En este sentido cabe destacar dos acuñaciones de Tuy y Turonio con la leyenda VICTORIAINTUDE y TORNIOVICTORIA, quizá haciendo referencia a alguna campaña que Recaredo llevó a cabo en Gallaecia pero que las fuentes no recogieron. Es una hipótesis que habría que desarrollar, apoyada por el hecho de que en el III Concilio Recaredo es presentado como “tutor” del reino suevo; puede que haga referencia a una mera fórmula de sumisión hacia ese pueblo o, en cambio, representar que la conquista no está del todo culminada.

La conversión de Recaredo da al traste con ese escollo de haber tenido un territorio católico dentro de la Hispania visigoda; se hace tabula rasa y se atribuye al rey el mérito de haber devuelto Gallaecia a la verdadera Fe católica, un acto hipócrita y propagandístico, pero muy útil en el afán centralizador de Toledo. Se presenta a Recaredo como un verdadero apóstol evangelizador de los suevos, olvidando para siempre que fue su padre el que sometió precisamente a un reino católico. La figura de Martín de Dumio como responsable de la conversión de los suevos se arranca drásticamente de cualquier registro, y habrá que esperar a que Isidoro de Sevilla hable de él mucho después.

Un nuevo modelo administrativo.

Hasta finales del siglo VII no se modificaron ni las fronteras ni el entramado administrativo de Gallaecia. La situación cambió allá por 650 con la culminación de la reforma político/administrativa llevada a cabo por Chindasvinto y Recesvinto. Por una parte, se redujeron las demarcaciones administrativas siguiendo el patrón del resto del reino, y se centralizaron en las ciudades más importantes. Las fronteras de Gallaecia se comprimieron a unos límites más reducidos que los de la provincia diocleciana.

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Imagen 2. Plano de Braga en época medieval. Fuente: Instituto Camões.

Es complicado averiguar qué tipo de gobierno tendría la nueva provincia, si habría un dux o quizá un comes civitatis. Nada sabemos acerca de ello por las fuentes contemporáneas, aunque se ha rastreado una mayor preeminencia de Lugo en detrimento de Braga. A pesar de ello, este hecho sólo demuestra la vitalidad de Lugo como ciudad y ceca, pero poco más. Yéndonos un poco hacia adelante, encontramos una referencia aislada del reino de Asturias en que se hace mención a que Vitiza, hijo de Égica, residió en Tuy. La crónica de Alfonso III nos dice que fue el rey quien decidió esa estadía de su hijo, así él podía conservar el reino de los godos y su hijo el de los suevos. Es una referencia muy posterior, y por tanto su validez es dudosa.

Una integración pacífica.

La historia de la integración del reino suevo en el visigodo parece un episodio acaecido sin violencia. No parece haber registros de ocupaciones forzosas, de haber tenido que aplacar sublevaciones más allá del intento de Malarico al inicio de la adhesión o de revueltas de índole religiosa; puede ser que la aristocracia sueva tuviera intereses compartidos con la visigoda y la unión fuese algo transicional y natural. La memoria sueva se fue perdiendo de inevitablemente, más adelante, las crónicas gallegas altomedievales apenas son capaces de recopilar sucesos acaecidos en el reino de Braga, cuando menos usaron el prestigio de su Iglesia para reivindicar posteriores reivindicaciones territoriales; pero los suevos fueron olvidados y desaparecieron hasta donde sabemos, incluso del imaginario popular… hasta ahora, que nosotros los hemos rescatado en el blog.

Bibliografía:

DÍAZ, P.: El reino suevo (411-585), Akal, 2013.

JIMÉNEZ GARNICA, ANA Mª: Nuevas gentes, nuevo Imperio: los godos y Occidente en el siglo V, UNED Editorial, 2010.

Imagen 1: https://goo.gl/QJeqDw

Imagen 2: https://goo.gl/EzUifm

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