Reseña de “Adrianópolis”, Desperta Ferro. Después de la batalla.

Imagen de cabecera: Transcurso de la batalla de Adrianópolis. Fuente: araceliunpocodehistoria.com

En esta segunda reseña del número 50 de Desperta Ferro Antigua y Medieval terminaremos de desgranar las consecuencias que tuvo para ambas partes del Imperio romano la derrota de Adrianópolis en la que el emperador Valente perdió la vida. Nos hemos dilatado en el tiempo, pero para los que todavía no tenéis el número en vuestro poder os animamos encarecidamente a haceros con él, nunca habíamos visto un análisis tan exhaustivo y bien documentado de un hecho con sus consecuencias. ¡No os lo podéis perder! Sin más, procedemos a terminar esta reseña sobre la revista. ¡Bienvenidos a Tracia!

Un rayo que se precipita entre las montañas. Guerreros godos y alanos. Por Iaroslav Lebedynsky (INALCO).

En este artículo se nos expone la realidad militar de los combatientes que participarían en la batalla de Adrianópolis así como sus aliados. También se nos hablan de formas de combate y tácticas eficaces, yendo paso por paso en las particularidades del armamento ofensivo y defensivo de quien lo portaba.

Parece que el principal cuerpo de combatientes de Adrianópolis estaría compuesto por los godos tervingios liderados por Fritigerno (visigodos), mientras que una proporción más pequeña estaría conformada por los greutungos liderados por Alateo y Sáfrax (ostrogodos), así como alanos y hunos. Qué tipo de estrategia utilizaron es realmente difícil de saber porque dependía de cada rey o jefe militar en un momento determinado y no siempre éstos tenían el mando sobre el ejército; pues cuando Fritigerno se comunica con Valente en secreto antes de la batalla le insinuó que él realmente no quería combatir, pero los suyos lo obligaban a hacerlo. A pesar de ello, algunas tácticas como las barreras concéntricas de carros que todos conocemos, entre otras que se contienen en el artículo y que son muy llamativas del nivel organizativo de este pueblo, también son destacables.

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Imagen 1. Guerreros bárbaros, un godo y un sármata, rematando a un romano caído en batalla. Fuente: José Daniel Cabrera Peña a través de Desperta Ferro Ediciones.

En la segunda mitad del artículo se hace un repaso a todo el armamento que tenían los bárbaros al alcance, destacando por ejemplo la presencia de un “colgante” de algún material precioso que acompañaban a las espadas y que, probablemente, fueran parte de su empuñadura. Cuál es el motivo se desconoce, pero tal vez sea indicativo del estatus social del portador.

El día más nefasto. La batalla de Adrianópolis. Por Noel Lenski (Yale University).

¡Por fin llegamos al meollo de la cuestión! En este bien detallado y extenso artículo, Desperta Ferro y el autor nos obsequian con un análisis pormenorizado de la cadena de acontecimientos que dieron lugar a la decisiva batalla de Adrianópolis, además de haber dos buenos mapas explicativos de todas las fases que se sucedieron.

En primer lugar, el autor nos repasa la situación visigoda que era bastante desesperada en cuanto a falta de logística que asegurase el suministro y el alimento a un contingente poblacional tan grande —hablamos de cerca de 50.000 personas—. Además, la gran variedad de pueblos que conformaban el grupo migratorio hacía bastante difícil la organización de las estrategias y las tácticas a seguir. En segundo lugar tenemos la situación romana con un montón de frentes abiertos como la invasión de Persia, las revueltas isaurias de Anatolia así como las revueltas árabes en el norte de Arabia. Todo esto ralentizaría a Valente hasta regresar a Tracia, aunque sus lugartenientes mantuvieron relativamente a raya a los godos con algunos varapalos para ambos bandos.

Parece que mientras Valente pacificaba un poco la zona de Tracia, que se había sentido abandonada por el emperador y a merced de los invasores que campaban a sus anchas, y esperaba el ejército prometido por Graciano desde la parte occidental, ambos emperadores dieron un tiempo precioso a Fritigerno y a sus gentes para prepararse para una batalla a gran escala. Graciano advirtió a Valente que aguardase la llegada de los refuerzos para actuar, pero éste no esperó más porque los informes advertían sólo de un ejército de unos 10.000 bárbaros, una cifra muy alejada de la realidad y que él creyó.

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Imagen 2. Descripción de los movimientos de la batalla. Fuente: mihistoriauniversal.com

Fritigerno supo bien cómo jugar sus cartas y entretuvo a Valente mientras sus tropas formaban en orden de lucha bajo el sol de agosto. Hubo varias embajadas infructuosas hasta que dos contingentes de tropas de caballería de élite se lanzaron contra los godos sin esperar la resolución de las embajadas y dio comienzo la batalla campal de manera apresurada. En un primer momento la batalla se decantó del lado romano, pero la llegada de dos caudillos bárbaros con fuerzas frescas de caballería dieron al traste con las esperanzas de los romanos y 2/3 del ejército fueron arrasados.

La muerte de Valente y su sucesión a manos de Teodosio I supuso también el espaldarazo definitivo que necesitaba el credo niceno para imponerse como la manera de religión cristiana dominante. Esto contribuyó más al desprestigio de Valente por sus enfrentamientos con los cristianos nicenos y fomentó su reputación de mal emperador.

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Imagen 3. Transcurso de la batalla. Fuente: Pawel Kurowski a través de Desperta Ferro Ediciones.

Xenofobia a la romana. La percepción de la amenaza goda tras Adrianópolis: del problema militar a la solución intelectual. Por Esther Sánchez Medina (Universidad Autónoma de Madrid).

En este artículo se nos presenta el siglo IV como el punto de inflexión, contando con Adrianópolis, para el cambio definitivo de la visión romana de la barbarie en general y de los godos en particular. A partir de esa fatídica fecha y a partir también del asentamiento de los godos en las provincias romanas, los ciudadanos del Imperio comenzaron a ver con otros ojos a esos nuevos inquilinos de las fronteras imperiales.

A la visión funesta de Adrianópolis que imperó en los momentos posteriores a la muerte de Valente, le siguió una especie de dualidad de ensalzamiento a los godos y de rechazo a los mismos. Por un lado se les presentaba como los brazos ejecutores de la Providencia divina para acabar con el Imperio desorganizado y caído en el pecado; mientras que por otra parte eran presentados como depredadores de pueblos y sitiadores de ciudades para rapiñarlo todo a su paso, algo que pudimos ver con Hidacio y sus testimonios al respecto de las invasiones suevas en Gallaecia.

Rescoldos de la debacle. Las consecuencias de Adrianópolis. Por Javier Arce (Université Lille 3).

Este último capítulo de la entrega que hemos comentado en estas dos entradas viene dado de manos de Javier Arce, gran especialista en el mundo tardoantiguo en general y godo en particular, por ello recomiendo encarecidamente su lectura.

En primer lugar nos compara dos batallas de gran trascendencia que tuvieron lugar en el siglo IV: La de Mursa, en la actual Croacia, y la de Adrianópolis. La de Mursa tuvo lugar en el 351 y enfrentó a las tropas de Constancio II, emperador legítimo e hijo de Constantino, con Magnencio, un usurpador del trono. Todos los relatos al respecto de la batalla coinciden en lo desastrosa que fue respecto a la pérdida de vidas de soldados romanos, decenas de miles, que estaban destinados a defender las fronteras del Imperio y que por culpa de la guerra civil, ahora quedaban desprotegidas.

La de Adrianópolis, por otra parte, significó el fin de un emperador y la merma todavía mayor de los efectivos militares de la parte oriental del Imperio. Graciano quedaba como único emperador de ambas partes y, viéndose incapaz de atender los problemas de ambas, nombró emperador al hispano Teodosio, que como era militar podía atender mejor los problemas derivados de los godos y otros bárbaros.

Así pues, Teodosio llegaría a un entendimiento con los godos y con otros bárbaros llevando a cabo una política claramente filo bárbara hasta el punto de nombrar a Estilicón, un vándalo, como comandante supremo de sus ejércitos.

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Imagen 4. Toledo en época visigoda. Fuente: Josep R. Casals a través de Desperta Ferro Ediciones.

Esta política de acercamiento a los godos, integrándolos como efectivos militares y aliados del Imperio en los años venideros, daría lugar al establecimiento de un reino de Tolosa primero y de una serie de intervenciones en Hispania después, terminando con el reino de Toledo como heredero de Roma en la Península Ibérica. Y todo ello tuvo su origen en este momento, el año de la batalla de Adrianópolis.

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