Los orígenes del reino de Asturias (II)

En la entrada anterior comenzamos nuestro viaje en una de las épocas más interesantes por las que atravesó la Península Ibérica según mi forma de verlo. La alta Edad Media es, en definitiva, un período a caballo entre esa antigüedad tardía que ya hemos tratado ampliamente en el blog y que seguiremos tratando y un paso a algo completamente diferente: los orígenes del feudalismo. Esta obra que tengo entre manos y acerca de la que escribo trata la evolución histórica de la península hasta el siglo XIII y por eso he pensado que es bueno que hablemos también de esta época por ser distinta e igualmente enriquecedora. ¡Bienvenidos a Hispania!

Imagen de cabecera: Zamora a orillas del río Duero.

Formación y primera expansión del reino astur.

Hablábamos en el anterior artículo de la importancia que en este período adquiere la colonización particular de familias de dos cónyuges entendidos como pareja, rota ya la familia extensa de tradición tribal del norte peninsular. Parece que este fenómeno continuará produciéndose sin apenas trabas o pausas hasta mediados del siglo X. Desgranemos pues los diferentes espacios geográficos.

La fortificación del Duero.

En el caso del reino astur asistimos a finales del siglo IX, concretamente durante el reinado de Alfonso III y sus inmediatos sucesores, a un fortalecimiento de la monarquía como institución política que supera ya la primitiva institución del caudillaje militar.

La expansión que se da en el caso del reino astur se produce mediante la acción de la repoblación, que no hay que confundir con la de colonización. Antes de continuar vamos a desgranar bien ambas acciones para que el lector no se pierda entre las dos.

Hablamos de colonización como la ocupación de nuevas tierras realizada por grupos de campesinos organizados espontáneamente para las tareas que esto requiere; como la roturación de nuevas tierras y los trabajos relacionados, que da origen a pequeñas comunidades campesinas independientes.

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Imagen 1. Ilustración de campesinos en el laboreo agrícola. Fuente: Muyhistoria.

Hablamos de repoblación como la incorporación de carácter “oficial” de esos territorios previamente colonizados por los campesinos a la estructura político-administrativa del reino astur. Mientras que la colonización es de carácter privado y espontánea por parte de grupos de campesinos, la repoblación siempre será de carácter público y ordenada administrativamente por el poder político. La repoblación no sólo engloba a estas comunidades campesinas de reciente creación sino también a todas aquellas comunidades que radican en el margen derecho del río Duero y que, por circunstancias, han resistido el paso de los siglos desde la caída del reino visigodo.

Hay un hecho fundamental de la repoblación que tenemos que tener en cuenta, y es que ésta concede a la aristocracia el protectorado o la propiedad sobre estas comunidades campesinas e independientes recientemente incorporadas al reino. Es en este contexto en el que se produce la primera fortificación de la línea del Duero.

Desgranados bien esos dos conceptos podemos concluir que los avances de las fronteras políticas en estos primeros siglos de andadura de la alta Edad Media peninsular dependen más de la acción espontánea de esos campesinos de asentarse cada vez más lejos que de la capacidad operativa del poder político del momento. Este poder se encarga de englobar esas comunidades que ya han abierto paso previamente en las fronteras del reino.

Esta expansión se realizará principalmente a través de tres ejes: El flanco occidental a partir de Tuy, el flanco central a partir de León y Astorga y el flanco oriental a partir de Amaya y Castrosiero.

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Imagen 2. Castillo de Gormaz, Soria. Este castillo fue fruto de la reafirmación de la autoridad andalusí, ya en época califal, en la frontera septentrional del califato. Fuente: Wikipedia.

La reacción andalusí no tardó mucho en llegar ante tal expansión, y el emir Muhammad lanzó una ofensiva contra el eje central del reino, León y Astorga, acción que fue desbaratada por Alfonso III en la batalla de Polvoraria o Polvorosa en el año 878; acontecimiento que dio origen a la expresión “poner pies en polvorosa” para referirse a huir atropelladamente o muy rápido; tal fue la derrota de las tropas andalusíes. Este hito permite aún más el avance astur hacia el sur, repoblándose y fortificándose plazas como Zamora, Simancas y Toro. En el flanco oriental serán los condes que rinden pleitesía al rey los que se encarguen de la repoblación y la expansión. Así, Nuño Núñez pobló y fortificó Castrojeriz, el conde Diego lo hace con Pancorbo, Ubierna y Burgos. Más al este será Vela Jiménez quien fortificará Cellórigo, Cerezo y Grañón, cerrando así el valle del Ebro a las penetraciones andalusíes por la Rioja y completando la frontera natural trazada por los ríos Tirón y Arlanzón. Estos avances continuarán en el siglo X y el río, gran frontera natural per sé, ralentizará un poco el avance expansivo hasta prácticamente el siglo XI, posibilitando así la mejor organización y puesta en valor de todo el territorio recientemente incluido en el reino astur.

Una frontera amplia y difusa.

Así pues, no estamos hablando de que en este siglo X la cadena de plazas fortificadas que jalonan el margen derecho del río Duero sean una línea divisoria tangible entre dos sociedades opuestas. La frontera se sitúa en el amplio espacio de llanura en el margen izquierdo del río hasta la cadena montañosa del Sistema Central. La función de las fortalezas es delimitar hasta dónde llega el espacio político astur y hasta dónde está perfectamente organizado ante una tierra de nadie, pues eso es lo que es la amplia frontera entre el río y las montañas centrales. El parón de la repoblación oficial se debe a esa necesidad de colmatar demográficamente el amplio margen derecho del río y de hecho en el año 910 se producirá el traslado de la Corte de Oviedo a León por el rey García; un hecho revelador de las intenciones monárquicas. Ahora el reino astur se convertiría en asturleonés y la órbita política del mayor de los reinos cristianos peninsulares se trasladaba de más allá de las montañas cantábricas más al sur, a la Meseta.

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Imagen 3. Plano de la ciudad de León en el siglo X. El ámbito amurallado de época romana se supera y queda integrado en la ciudad medieval. Fuente: ileon.

En este contexto encontramos un al-Andalus que no está para nada interesado en recuperar aquellas vastas regiones al norte del Sistema Central. Desde Córdoba se tiene perfectamente asumido que aquellos territorios no forman parte del emirato y que el reino asturleonés como tal no supone una gran amenaza para las fronteras más septentrionales de al-Andalus. Las acciones militares andalusíes no están organizadas para reclamar el espacio sino para desbaratar esa creciente cohesión que los reyes asturleoneses están imprimiendo en toda la Submeseta norte con una gran eficacia. Ninguna de las ciudades asturleonesas supone peligro alguno para la estabilidad del emirato como decimos, pero ciudades como León, Zamora, Toro o Simancas representan un peligro potencial para la hegemonía andalusí en ese territorio de nadie que ahora sí pertenece cada vez más al reino asturleonés gracias a esos núcleos que vertebran un territorio hasta ahora desorganizado.

Con paso firme hacia el feudalismo. La crisis de la monarquía.

La maduración de la monarquía como entidad política supone, además, el paso de una mera jefatura militar hacia una institución de carácter público, la potestas publica, una evolución que se ve fuertemente limitada por el propio origen de la sociedad astur que procede de una sociedad tribal donde los vínculos privados y de parentesco eran la nota predominante. Las relaciones de carácter privado lastran muchísimo esa concepción del poder como un servicio al Estado o al reino en general, y eso significa que la organización político-administrativa del reino asturleonés está sometida desde el principio a un proceso de privatización con notas ya de feudalismo temprano.

Los beneficiarios de esa privatización son los miembros de una nueva aristocracia que al verse encargados con una delegación regia sobre una demarcación concreta ven acrecentar su poderío personal y su influencia, que ya la venían ejerciendo sobre aquellas comunidades campesinas que ya hemos mencionado antes, afincados en sus fincas particulares.

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Imagen 4. Diagrama de una sociedad medieval feudal. Aunque en estos momentos aún nos encontramos en una fase embrionaria de esta sociedad; nos acercamos poco a poco a una realidad como esta. Fuente: pensandolahistoria.

El hecho fundamental de ese paso del siglo IX al X es la superación del antiguo sistema tribal para dar paso a un sistema familiar conyugal. Esas comunidades se organizan ahora en las aldeas campesinas según un sistema de vecindad y no de parentesco. Por otro lado, la aristocracia, fortalecida por las concesiones regias, intensifican las agresiones sistemáticas a las comunidades campesinas iniciando un proceso de sometimiento que terminará con la implantación del feudalismo tal y como lo conocemos.

Este detenimiento de la expansión tiene también como dato referencial la llegada al poder de Abd al-Rahman III en 912 y su proclamación como califa en 929. Este hecho refuerza el frenazo hacia el sur, provocando que la expansión se realice hacia el este, hacia el valle del Ebro. Aquí el reino de León se encontrará con el reino de Pamplona, reinos que permanecerán aliados durante todo el siglo X.

Bibliografía:

MÍNGUEZ FERNÁNDEZ, JOSÉ MARÍA: La España de los siglos VI al XIII. Guerra, expansión y transformaciones, Editorial Nerea, 2004.

ISLA FREZ, AMANCIO: Ejército, sociedad y política en la Península Ibérica entre los siglos VIII-X, Editorial CSIC, 2010.

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Un comentario sobre “Los orígenes del reino de Asturias (II)

  1. Que pesados de nuevo con el Reino de Asturias. A ver, presentenme ustedes un documento medieval antiguo o una copia transcrita donde ponga el nombre de Reino de Asturias, o Asturicense, o lo que sea. Que no, que eso es una invención del siglo XX de Claudio Sanchez Albornoz y que ha calado muy pero que muy hondo. Documentos, busquenme esos documentos. No existen. Sí los hay donde se menciona el Reino de Galicia o el Reino de León.

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