Calatrava la Nueva (Aldea del Rey, Ciudad Real)

Hemos compartido en el blog multitud de historias de personajes ilustres y no tanto, de sucesos y de eventos que marcaron tanto la Historia de la Hispania romana y tardoantigua como de la Italia longobarda, y en todas el proceso aún continúa en Romana Insolentia. Pero, ¿Qué es de los lugares? La Historia no sólo sucede en el tiempo sino también en un espacio, y sobre todo la arqueología. Por eso he pensado que esta nueva sección atraerá al lector no sólo a conocer, sino quizá también a visitar lugares con un pasado fabuloso; contribuyendo así a la conservación de todo nuestro patrimonio. Así pues, ¡Bienvenidos a esta nueva sección y a Calatrava la Nueva!

Para acercarnos a la Historia de tan emblemático recinto, además de muy bien conservado, debemos primero echar un vistazo al origen y a la trayectoria de la orden militar cristiana que le dio nombre y emplazamiento.

La orden de Calatrava.

El origen de esta orden es desde luego casual y surge de, podría decirse, la cobardía de la orden militar protagonista de este período: el Temple. En 1147 nos encontramos ante un empuje conquistador procedente del Imperio Almohade que había absorbido en su totalidad un al-Andalus bajo dominio almorávide, ya en decadencia. En este contexto, tenemos que la ciudad de Calatrava, reconquistada por Alfonso VII unos años antes y que ahora estaba seriamente amenazada por los almohades.

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Imagen 1. Caballeros de la orden de Calatrava en transición ya entre el símbolo de la cruz negro al rojo. Cantigas de Santa María. Fuente: tierradedonquijote.naturaletra.es

Ante la incapacidad del rey por defender la plaza por la ausencia de un ejército que mantener movilizado largo tiempo y en guardia, otorgó la fortaleza a la orden estrella del momento; la orden del Temple. Como apunte, hace unos años estuve excavando en este lugar y pude ver los cimientos de la iglesia típicamente templaria que estos caballeros monjes comenzaron a construir y que dejaron inacabada pues, el mencionado empuje almohade los disuadió de seguir allí. La plaza retornó a la Corona, en este caso ya era Sancho III el que gobernaba, y éste quiso otorgar la fortaleza a aquel que fuera capaz de defenderla de los musulmanes. Nadie dio un paso al frente hasta que el abad Raimundo de Fitero, espoleado por un monje de su abadía que ya había sido guerrero antes, Diego Velázquez, le animó a hacerlo. Ante el desconcierto general, el rey hubo de cumplir su palabra y la donación se formalizó en Almazán el 1 de enero de 1158.

Con el tiempo los caballeros se negaron a tener por superior a un Abad del Císter y vivir entre monjes, y decidieron elegir un Maestre de la Orden. El primer Maestre de la Orden fue Don García, que obtuvo del Císter y del Pontificado la primera regla. Esta regla, modelada sobre las costumbres cistercienses para hermanos laicos, impuso a los caballeros, además de las obligaciones de los tres votos religiosos (obediencia, castidad y pobreza), las de guardar silencio en el dormitorio, refectorio (comedor) y oratorio; ayunar cuatro días a la semana, dormir con su armadura, y llevar, como única vestimenta, el hábito blanco cisterciense con una sencilla cruz negra (luego roja, a partir del siglo XIV).

En 1195 se produjo la gran derrota de Alfonso VIII contra los almohades en la batalla de Alarcos. Calatrava quedó, de facto, dentro del imperio Almohade hasta la victoria de las Navas de Tolosa en 1212.

En este momento se trasladó la orden de Calatrava más al sur, al castillo que entonces se conocía como el de Dueñas, en un cerro cuarcítico que vigilaba el paso de una antigua calzada, probablemente romana, que comunicaba Andalucía con la Meseta. La fortaleza nunca tuvo que soportar un asedio o algún avatar relacionado con la guerra, pues los musulmanes nunca llegaron a reconquistar lo perdido. Desde entonces, el castillo de Dueñas, con amplios precedentes que veremos a continuación, sería la nueva sede de la orden, tomando el nombre de Calatrava la Nueva en detrimento de la otra, que pasaba a ser Calatrava la Vieja.

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Imagen 2. Vista aérea del alcázar Calatrava la Vieja, aún sin excavar en gran parte. El río Guadiana flaquea la fortaleza. Fuente: ucm.es

 

Calatrava la Nueva.

Después de esta introducción recomiendo encarecidamente la visita de Calatrava la Vieja, en el término municipal de Carrión de Calatrava, pues su emplazamiento es perfecto para visitar y contemplar el Guadiana que discurre justo a los pies de la fortaleza.

Volviendo al lugar del que hablamos hoy, el asentamiento ya data de la edad del Bronce, período que puede contemplarse en las viviendas que se encuentran fuera del recinto amurallado, junto al aparcamiento. Es probablemente que la actual carretera que discurre entre el cerro de Calatrava la Nueva y Salvatierra (cada una a un lado del vado que forma la sierra), fuera una calzada romana que unía Andalucía con la Meseta; y es en durante ese período romano cuando también se tiene constancia de un asentamiento en la altura, quizá de vigilancia de dicha vía de comunicación.

Con todo, será en entre los siglos IX y X cuando se instaure allí el castillo de Dueñas, primero una torre que después se ampliaría a un pequeño recinto murado. Esa diferencia entre el recinto más antiguo y más reciente se puede ver muy bien en la visita, sobre todo por el tipo de mampostería utilizada; en la parte más alta del cerro puede contemplarse una mampostería potente de grandes sillares, más trabajados que los de la parte baja de la fortaleza, que ya data del siglo XIII y su mampostería es más pequeña y descuidada.

Entradas y horarios (actualizado a fecha de 09/07/17).

HORARIOS De abril a septiembre De octubre a marzo
Martes a viernes 11:00 a 14:00 / 17:30 a 20:30 11:00 a 14:00 / 16:00 a 18:00
Sábados 10:00 a 14:00 / 17:30 a 20:30 10:00 a 14:00 / 16:00 a 18:00
Domingos 10:00 a 14:00 / 17:00 a 21:00 10:00 a 18:00

 Tarifas:

Entrada normal: 4 €. Entrada reducida: 2,5 €.

Visitas guiadas particulares:

Sábados, domingos y festivos a las 11.30 y 16.15 horas.

La visita.

La fortaleza consta de tres recintos amurallados: el recinto exterior, donde encontraríamos viviendas campesinas y un mundo aparte al de los monjes del Sacro Convento, el recinto intermedio, donde iban a trabajar los artesanos y demás obreros que sustentaban la vida del castillo; y el recinto interior, un espacio vetado a todo aquel que no fuera caballero de la orden y en el que se encuentran los elementos más importantes de la fortaleza: La iglesia, la torre del homenaje, las celdas de los monjes, su claustro y finalmente la sala capitular.

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Imagen 3. Acceso a Calatrava la Nueva, directamente al recinto segundo. Fuente: ciudadreal.es

Nosotros accederemos en la visita directamente al segundo recinto, el de los artesanos y trabajadores de la fortaleza; pues el primer recinto se encuentra cerrado y aún sin excavar. Pasearemos por el recinto visitando el molino de sangre (llamado así por ser tirado por animales de tiro, seguramente mulos), la forja, el horno de pan… toda la actividad productiva está aquí. Especialmente interesante resulta fijarse en las calles, perfectamente empedradas con la cuarcita local, e incluso con sistemas de desagüe para evacuar el agua por la calle.

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Imagen 4. Calle empedrada con diversas áreas de producción incluyendo talleres de cerámica y forja y el molino de sangre al fondo. Elaboración propia.

El molino está siendo restaurado y resulta muy ilustrativo de ver, además de las estancias que fueron habilitadas como dormitorio para los trabajadores y que después fue reutilizada como horno de pan.

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Imagen 5. Vista desde lo alto de la muralla oeste del primer recinto aún sin excavar. Podemos hacernos una idea de la potencia del lugar dado que la muralla está colmatada entera hasta el camino de ronda. Elaboración propia.

Siguiendo con la visita, podemos subir a la muralla oeste, justo encima del dormitorio de los trabajadores, desde cuyas almenas y torres puede divisarse el primer recinto aún sin excavar y disfrutar de maravillosas vistas del entorno natural del castillo y de algunos puntuales visitantes, como son las águilas y los buitres leonados. Regresaremos a la calle de nuevo y llegaremos a la iglesia de la fortaleza, una inmensa mole que aúna la arquitectura cisterciense y protogótica; reflejando al mismo tiempo la potencia y la pesadez de la arquitectura de inspiración románica militar con las grandes columnas y bóvedas que serán características del gótico.

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Imagen 6. Iglesia del castillo desde el campo de los mártires. La iglesia estaba concedida con torres, almenas y merlones como un castillo. Fuente: Elaboración propia.

Podremos ver justo al lado el llamado “Campo de los mártires”, un lugar que sirvió de reposo a los valientes caballeros calatravos que perecieron en la batalla de Alarcos contra los almohades y que fueron primeramente enterrados en Calatrava la Vieja y después aquí. En un principio se podían encontrar aquí los enterramientos, pero después los retiraron para su mejor preservación. Cabe destacar que el Gran Maestre hizo traer tierra consagrada de Tierra Santa para sacralizar este espacio.

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Imagen 7. Detalle arquitectónico de la iglesia, a caballo entre los últimos coletazos del románico y el gótico. Elaboración propia.

Podremos acceder ahora al punto más elevado del cerro, concretamente al propio castillo de la fortaleza con su torre del homenaje. Este espacio, como dijimos, es mucho más antiguo y se respetó en gran parte con pequeñas modificaciones y adaptaciones por parte de la orden.

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Imagen 8. Acceso al recinto del castillo primitivo. Se observa a la derecha el contraste entre el sillarejo más irregular y de menor de tamaño del siglo XIII con los sillares cuadrados y mejor trabados de encima que datan de la primera torre en los siglos IX-X. Elaboración propia.

Aquí se encontraba el último reducto de defensa en caso de ataque y a esa defensa contribuye mucho la potencia de los sillares de cuarcita empleados en la construcción. Además, se encontraba el archivo de la orden, que se quemó en un momento determinado de la historia de la fortaleza y una pequeña sala de reuniones o quizá una suerte del despacho del Gran Maestre o del comendador de la orden. Podremos ascender después por unas escaleras al punto más elevado de la torre, divisando, esta vez sí, todo el entorno natural en su máximo esplendor.

Aquí debemos fijarnos en una cosa, y es la posición en la que se encuentra el castillo, coronando uno de los cerros de la sierra de Calatrava y enfrentando, como si de dos titanes geológicos se tratase, a la sierra que da lugar al valle de Alcudia, punto este donde comenzaba en aquel entonces el dominio territorial musulmán al otro lado del valle. Si bien es cierto que tras 1212 aquel dominio quedó mucho más exiguo; desde aquí puede palparse esa situación de frontera que tenía el castillo con el enemigo ancestral de los reinos cristianos.

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Imagen 9. Vista desde lo alto de la torre del homenaje. Al fondo se divisa la sierra del norte del valle de Alcudia con un paso que también se controla visualmente y, tras este, puede verse también la sierra sur del valle; con lo cual tenían línea visual hasta lo que hoy es la misma frontera de la provincia de Córdoba. Elaboración propia.

Podremos descender después a la fortaleza para acceder mediante una entrada al claustro de los monjes guerreros, del cual sólo se conserva el patio central y el arranque de las columnas en ladrillo. Aquí hay una entrada cerrada a la iglesia, que seguramente sería utilizada por los monjes para acceder a la misma por un lugar distinto al del resto de la población de la fortaleza, con un bonito arco apuntado realizado en roca basáltica y caliza con un bonito contraste entre negro y blanco.

También podremos visitar las celdas de los monjes, de las cuales sólo podremos ver el inicio de los muros, restaurados para que sean visibles de esta manera.

La visita tocaría a su fin, y es aquí donde recomendamos coger los numerosos folletos que nos facilitan en la oficina de recepción donde sacamos previamente las entradas.

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Imagen 10. Detalle de una capilla dentro del “Campo de los mártires” que quizá alojó también el cuerpo de algún caballero ilustre fallecido. Está a los pies del castillo interior, que se alza sobre la roca desnuda. Elaboración propia.

Después de la visita.

Si realizamos la visita por la mañana contamos con que nos llevará de una hora y media a dos horas realizarla bien para conocerlo todo. Después podemos visitar Aldea del Rey y Calzada de Calatrava y finalmente comer en Almagro, atractivo turístico indispensable de la región y muy cerca de Ciudad Real.

 

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