Reseña del número 40 “El Cid”, Desperta Ferro Antigua y Medieval.

En esta ocasión, y como ya hiciera con el número del rey Arturo, he tenido la idea de reseñar este fascinante número de la serie Antigua y Medieval de Desperta Ferro; un número centrado en la figura de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid, y en todo el contexto político y social que rodeó su figura en el siglo XI. Espero que os guste tanto como a mí y, antes de reseñar nada y como estoy seguro de que será un número brutal, os animo encarecidamente a haceros con él.

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Portada de la revista. Podéis haceros con ella aquí.

“La Castilla del Cid” por Julio Escalona (Instituto de Historia / CSIC).

Tal y como el propio autor nos dice, “no habría habido un Rodrigo Díaz sin la fitna (guerra civil) que puso fin al califato de Córdoba”. Este primer artículo es fundamental para comprender los avatares que hicieron posible la figura del Cid en la Península Ibérica del siglo XI. El artículo recorre las causas que dieron al traste con el Estado central cordobés, depredado por la nobleza funcionaria que lo hacía funcionar. El poder local tomó la validez que hasta ahora había tenido el poder central, cada vez más lejano; y es en este contexto entre 1031 con la aparición de las taifas y 1086 con la invasión almorávide, cuando Rodrigo Díaz entra en escena.

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Castillo de Osma, Soria, mandado construir por el califato en el siglo X sobre la antigua Uxama celtibérica y romana.

Este período hizo posible la existencia de figuras individuales o de bandas armadas, generalmente procedentes del norte cristiano, que ponían sus espadas al servicio del mejor postor, generalmente musulmán, para ayudarlo a defenderse de sus ambiciosos vecinos. No sólo eso, sino que al convertirse la frontera en una línea más difusa y porosa que antes, no faltaron las bandas de buscadores de fortuna que, animados por sus gobernantes o por sus propias ansias de fortuna, probaban suerte al otro lado de la frontera. Hay que enfatizar que no eran guerras de conquista sino campañas de enriquecimiento personal tomando bienes materiales y esclavos.

Finalmente, la aparición de las parias como elemento novedoso de este cambio político puso a la mayoría de los reyes taifas al “servicio”, al menos tributario, de los reyes y príncipes cristianos; oro a cambio de protección. Entraban así los territorios musulmanes en la dinámica cristiana feudal más elemental.

Finalmente destacar que este artículo cuenta con un detallado mapa de la Península Ibérica que hace las delicias de cualquier amante de la historia militar hispana de este siglo.

“Nobiliori de genere ortus” por Margarita Torres Sevilla (Universidad de León).

¿Quién era el Cid más allá de una figura semi mítica que nos ha llegado sobre todo a través del Cantar? En este artículo podremos rastrear los orígenes familiares del Cid, resultando proceder de la alta nobleza leonesa, concretamente de la familia Flaínez.

Diego Flaínez, hermano del conde gobernador de León, fue desterrado a la frontera por el rencor de Alfonso VI que, con su sentencia, ayudaba a crear la mítica figura del Cid. Este Diego Flaínez decidió poner un buen día de nombre Rodrigo a su vástago, por cuyas venas corría todo lo noble que debía ser alguien fiel a la Corona y al reino. No olvidó nunca el Cid sus orígenes ni con quién estaba emparentado al final.

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Se representa el combate entre el Cid y un musulmán en Medinacelli, según narra la Historia Roderici. Ilustración de Ángel García Pinto.

Este parentesco se vio claro cuando Fernando I falleció dividiendo el reino en Galicia para su hijo García, León para Alfonso y Castilla para Sancho. Desde muy joven, Sancho de Castilla tuvo cerca a Rodrigo, ciñéndole espada incluso cuando llegó el momento y con quien luchó para mayor gloria del reino siendo ascendido a alférez, pudiendo portar el pendón del rey e impartir justicia en tiempos de paz. Toda una trayectoria vital de la mano del parentesco de la familia real castellano-leonesa que marcarán la figura del Campeador y su destino, tanto en destierro como luchando junto al rey.

El artículo incluye un ejemplificador árbol genealógico que nos muestra de manera muy clara quiénes eran estos antecesores de Rodrigo Díaz.

“Las campañas del Cid Campeador” por David Porrinas González (UEX).

No puede entenderse la importancia que ha tenido el Cid en la posteridad sin estudiar su trayectoria guerrera. Fue un caballero que ejerció como guerrero, comandante, señor de la guerra y que, además, estuvo familiarizado con la guerra de asedio de su tiempo. No sólo se desenvolvió bien Rodrigo en la batalla sino también en pactos, alianzas y acuerdos políticos con sus aliados y rivales, todos ellos encaminados a hacerse con Valencia y establecer un señorío en ella.

La trayectoria militar de Rodrigo viene dada por sus buenas relaciones con Sancho II de Castilla, con quien mantuvo una estrecha relación de vasallaje y al que honró con varias victorias, tal es el caso de la batalla de Graus en 1063; donde el rey de Aragón encontró la muerte. Aquí Sancho le armó caballero y le confió el mando militar de las tropas de Castilla. Es en el asedio a Zamora donde posiblemente el Cid aprendiera todo lo necesario de la guerra de asedio a una ciudad que contaba con defensas potentes y difíciles de superar. Es en este episodio donde el rey de Castilla muere y su hermano Alfonso VI toma el control del reino castellanoleonés, con el Cid a su servicio y con cierto papel en la Corte.

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Me ha parecido una gran idea introducir también el bonito dibujo del Fisgón Histórico realizado para Desperta Ferro por este número. Vemos al Cid dirigiendo las tropas de la taifa zaragozana y el combate singular al que hacíamos mención. Podéis visitar el dibujo entero aquí.

El artículo sigue indagando en la trayectoria vital del Cid al servicio de las armas y del rey, como la convocatoria a filas de Alfonso VI en 1081 a la que Rodrigo se negó alegando enfermedad. Liberado de la convocatoria, el Campeador no dudó en atacar y devastar las tierras de la taifa de Toledo, cuyo rey era aliado del castellanoleonés y donde hizo acopio de grandes riquezas y cautivos en una de esas actuaciones relámpago tan características del siglo XI peninsular.

En el primer destierro, de 1081 a 1087, Rodrigo entra de lleno en la órbita del mundo musulmán, siendo el encargado del ejército de la taifa de Zaragoza y sirviendo hasta a tres reyes de la dinastía Hudí. Aprendió a mezclar las tácticas de combate cristianas y musulmanes en un ejército híbrido, y además aprendió todo lo necesario para ser un líder aún más exitoso. Es aquí, seguramente, donde nuestro protagonista adquirió todos los conocimientos necesarios para atreverse a conquistar un señorío y gobernarlo él mismo, algo que comenzó a llevar a cabo en sus campañas de Valencia entre 1087 y 1094 que el autor detalla de manera prístina.

El artículo incluye además otro detallado mapa de la Península Ibérica donde se exponen fronteras, campañas militares, localizaciones estratégicas y actores relevantes.

“Non teme guerra, sabet, a nulla part” por Alfonso Boix Jovaní.

En la fulgurante trayectoria militar del Cid, sobre todo en su etapa zaragozana, no faltaron quienes tuvieron envidia de sus hazañas y mucho menos faltaron sus enemigos. La primera coalición que se formó contra él estuvo formada por al-Mundir, rey de las taifas de Tortosa y Lérida y el rey Sancho Ramírez de Aragón.

Como vino haciendo Rodrigo en toda su trayectoria, se dedicó a reconstruir, aprovisionar y fortificar asentamientos allá donde iba a producirse una refriega importante; y en este caso lo hizo en Alolala, una pequeña población cerca de Morella.

Contrariamente a lo que se piensa por culpa de Hollywood en gran parte, en la Edad Media se rehusaba siempre que era posible el realizar un choque frontal de dos ejércitos por la pérdida de recursos humanos y económicos que eso producía. Por eso en este caso el rey de Aragón invitó al Cid a largarse cuanto antes y éste le respondió con la misma oferta, con lo cual quedaba claro que Rodrigo buscaba un choque para el cual había estado preparando a sus tropas y la fortaleza.

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Magnífica representación de la batalla de Cuarte, donde el Cid derrotó con gran astucia a los almorávides que querían impedir que se hiciera con Valencia. Era la primera vez que éstos eran derrotados.

La batalla se saldó con un resultado favorable para el Campeador debido a su conocimiento del terreno y lo descansadas que estaban sus tropas, afincadas en Alolala durante días. El autor detalla que en la Crónica de los Veinte Reyes se recoge que hubo gran cantidad de prisioneros de alcurnia, señal de la cantidad de apoyos con los que contaban al-Mundir y Sancho Ramírez; pero que fueron puestos en libertad. Nos dice que, la Historia Roderici, en cambio, cuenta cómo todos ellos fueron llevados cautivos a Zaragoza.

Si Rodrigo había derrotado con tanta facilidad a sus enemigos en Morella, ¿Qué podría detenerlo en su cerco inexorable sobre Valencia? El episodio de la conquista de la ciudad, que se produjo en junio de 1094 movilizó grandes cantidades de personas en un bando y en otro y, por añadidura, aquí confluyeron también los poderosos almorávides; invencibles hasta el momento de enfrentarse al Campeador.

El artículo cuenta con una clara representación artística de la batalla de Cuarte, que selló el destino de Valencia, además de proporcionar mapas de las estrategias seguidas que ayudan a la comprensión del lector. Todo un lujo de artículo que nos transporta a las mismas murallas de Valencia.

El Cantar de mio Cid y el espíritu de frontera por Alberto Montaner Frutos, Universidad de Zaragoza.

En este artículo encontraremos descrita de manera coherente qué significaba vivir en un territorio fronterizo del siglo XI peninsular. Vivir en frontera tenía unas características peculiares, casi de libertad por un contexto económico ofrecido por los gobernantes generalmente beneficioso o no tan restrictivo como sucedía en el interior. También encontramos un espíritu de oposición/colaboración muy difusos entre los habitantes de uno y otro lado de la frontera.

Así, las diferencias entre unos y otros podían ser insalvables, tiñendo el enfrentamiento de guerra santa incluso; o bien se puede dar una mayor aceptación entre unos y otros, convirtiendo esos enfrentamientos en algo más relativo y dando lugar a episodios como las cabalgadas en búsqueda de botín o por razones prácticas de ganar más terreno aprovechable. Todo este trasfondo es el escenario perfecto para la literatura épica de frontera, que legitima unos territorios frente a otros y convierte a unos en mejores que otros. Ejemplos de esto son la épica del interior, donde se ponen de manifiesto problemas entre los habitantes de un mismo territorio, o la del exterior, una épica de guerra santa que se polariza en cruzada o jihad.

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Desterrado por Alfonso VI, Rodrigo cayó en desgracia, y allá donde iba muchos les cerraban las puertas; como le sucedió en Burgos según el Cantar de mio Cid.

En este contexto surge el Cantar de mio Cid, elaborado por un autor anónimo y en un lugar indeterminado, aunque actualmente se ubica su origen en la frontera castellana oriental, entre Toledo y Cuenca cerca de 1200. El autor nos facilita fragmentos del texto que nos ayudan a conocer su origen y quién pudo estar detrás de él.

No es de extrañar que, en estos territorios limítrofes, aparecieran verdaderas sociedades dedicadas al lucro de la guerra y a los beneficios de la misma. Los fueros de los concejos regulan qué deben hacer las milicias concejiles y eximen a las poblaciones de pagos e impuestos para fomentar la pujanza de las mismas. Los reyes favorecían la actividad de estos concejos fronterizos por la riqueza económica que generaban y, en muchas ocasiones, amparando su expansión territorial.

El artículo incluye un mapa de la frontera cristiana en el Sistema Central en el siglo XI, muy ilustrativo.

Campidoctor. Tácticas y armamento en tiempos del Cid por Yeyo Balbás.

Este artículo, escrito por el gran Yeyo Balbás, hace las delicias de cualquier amante de la historia militar medieval en la Península Ibérica. Como no podía ser de otra manera, el autor nos habla de la caballería pesada como la gran baza, en desarrollo aún en el siglo XI, del lado cristiano. Si bien la caballería había sido fundamental en la guerra peninsular desde la expansión del reino astur, no es hasta este siglo que la cota de malla empieza a hacerse presente en todas las representaciones artísticas. La lanza, ahora más pesada, se sujetaba bajo la axila con una sujeción mayor y permitía la embestida de un grupo de jinetes en formación.

Así, la carga de caballería supondría la táctica principal del ejército cristiano con la finalidad de romper la formación enemiga. En esta táctica, la infantería asumía un papel secundario. La caballería formaba en haces sucesivos, de modo que, si uno se desbarataba, el siguiente podía sustituirlo sin problemas. Esta formación requería grandes dosis de disciplina, por lo que se castigaba duramente a los caballeros que rompían la formación en busca de gloria o cayendo en una provocación.

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Ilustración de un jinete castellano que monta “a la jineta”, la manera de montar característica previa a la irrupción de la caballería pesada en el siglo XI.

Del lado musulmán se popularizó el reclutamiento de mercenarios y esclavos negros o europeos, y éstos conformaban un ejército regular. Dado que el ejército regular estaba formado por efectivos ajenos al entramado social andalusí; pues los guerreros andalusíes habían perdido parte de su calidad desde los tiempos de la invasión del siglo VIII; el ejército se “occidentalizó” al ser ajeno a la sociedad a la que defendía.

Estos ejércitos daban más importancia a la infantería y procuraban que la caballería fuera más ligera y móvil que la cristiana; por ello los jinetes montaban a la jineta, esto es, con estribos más cortos para mantener las piernas flexionadas; al contrario que sus rivales cristianos que montaban con estribos más largos para tener las piernas extendidas y sujetarse mejor a la silla. Es esa caballería la que permitió a los musulmanes despuntar y lograr victorias relevantes, aunque en muchas ocasiones, la caballería cristiana en bloque daba al traste con cualquier posibilidad de victoria.

El artículo incluye espléndidas ilustraciones de un guerrero almorávide y un jinete castellano “anterior” a la revolución de la caballería pesada. Muy recomendable.

“La diáspora aristocrática y la figura de los guerreros príncipes” por José Manuel Rodríguez García, UNED.

El siglo XI dio lugar a una serie de personajes que, igual que la sociedad peninsular, salieron de sus tierras natales a buscar fortuna en el exterior. Tal es el caso de los normandos con la conquista de Inglaterra o los normandos con Sicilia y el sur de Italia; por no olvidar que es a finales de este siglo cuando se produce la Primera Cruzada con la creación de principados latinos en Tierra Santa.

El autor nos describe entonces las aventuras de algunos de estos personajes, como Rousell de Bailleul, un buscador de fortuna similar al Cid que logró hacerse con el control de la ciudad de Amasia en 1070 siendo aceptado por la población local y después expulsado por una conjunción entre el poder bizantino y selyúcida. Otro tema muy jugoso son los reinos latinos de ultramar de los que hemos hablado y de los que existe un número específico de Desperta Ferro: “La Primera Cruzada” en Desperta Ferro Antigua y Medieval nº 20, o un artículo específico al respecto de normandos contra bizantinos en: “Los normandos frente a los bizantinos”, en Desperta Ferro Antigua y Medieval nº 3. En la Península Ibérica también encontramos el caso de Pedro de Azagra quien, en el siglo XII, mantendría un señorío independiente en Albarracín como harían los Lara hasta que el rey de Aragón lo anexione a su reino en 1284.

El último ejemplo que cito aquí, aunque no el último de los personajes de los que el autor nos habla en el artículo es Robert Burdet, que logró ser nombrado prínceps por el arzobispo de Tarragona y contar, de facto, con el poder militar en toda la ciudad y su territorio a la muerte del arzobispo en 1136. Actuó como un auténtico señor feudal, pobló la ciudad, la defendió y la legó a sus herederos, que no supieron hacer y cometieron asesinato contra el nuevo arzobispo para asegurarse el poder en horas realmente bajas para estos normandos. Consumado el asesinato, la familia Burdet hubo de huir a la Mallorca musulmana, aunque algunos de ellos regresaron después tras ser perdonados.

En conclusión, en el número del Cid de Desperta Ferro encontraréis personajes, escenarios, batallas, política y maravillosas ilustraciones del siglo XI peninsular. Si lo vuestro es la Edad Media, os animo a haceros con el número de inmediato.

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