El reino ostrogodo de Italia y la reconquista bizantina

En la anterior entrada hicimos un repaso a los pueblos que habían formado parte de la historia del pueblo longobardo: suevos, assipites, búlgaros, escritobines, vándalos y muchos otros. En la entrada de hoy vamos a comenzar a tratar al antiguo reino ostrogodo de Italia en su nuevo contexto de provincia recién anexionada por el Imperio Romano Oriental, en un nivel administrativo económico y social. Es un tema que siempre me ha suscitado mucho interés en comparación con el reino visigodo, y promete ser muy ilustrativo. ¡Bienvenidos a Italia!

La Italia ostrogoda y la reconquista romana.

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Imagen 1. Mapa de la guerra gótica, o reconquista romana de Italia. Fuente: historiantigua.cl

Desaparecido el Imperio de Occidente y derrotado Odoacro, Italia fue gobernada por los ostrogodos que, igual que sucedió con los visigodos, habían sido un pueblo federado del Imperio. Italia siguió funcionando de manera similar en lo administrativo a como lo hizo en época tardorromana, pero Teodorico siempre tuvo una piedra en su zapato: la aristocracia senatorial.

Esta élite social y económica, aunque caída ya un poco en desgracia siempre fue mucho más afín al Imperio Oriental que a los nuevos señores ostrogodos. La pugna siempre estuvo activa, como demuestra la orden de ejecución de los senadores Boezio y Simmaco por orden de Teodorico por intentar minar su autoridad política.

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Imagen 2. Moneda de Teodorico I “El Grande”. Collezione numismatica di Francesco Gnecchi. Fuente: archeoroma.beniculturali.it

Será después de la muerte del rey cuando se desate el fin del reino ostrogodo. En 535 se producirá la invasión del reino por el general romano Narsés, que conquistó Nápoles y Roma en poco tiempo. El reino ostrogodo desapareció de facto en una campaña relámpago e Italia fue reconvertida en provincia imperial. El precio no fue pequeño; toda la península italiana quedó reducida a escombros y sumida en la miseria y en la peste. La mayor parte del ejército romano estaba formado por bárbaros de diversas etnias, incluidos los oficiales; y cada ciudad que conquistaban era sometida al saqueo y a la destrucción sistemáticos. Así sucedió en Nápoles, en Roma y en Milán cuando cayó ante francos y burgundios, donde toda la población masculina adulta fue pasada a filo de espada y los niños vendidos como esclavos. A esta situación de ruina, miseria y hambre se sumó la pesada carga impositiva imperial, que asfixió aún más a la población; mucho más libre en este ámbito bajo el reinado de Teodorico.

Italia llevaba sufriendo invasiones e inestabilidad desde el siglo V; pero siempre había sido capaz de recuperarse. Es en el siglo VI, tras la guerra gótica, cuando todo parece presa del desorden y de la ruina. Parece aceptarse que la razón es que, a diferencia de en momentos precedentes, en el siglo VI se unen factores como la dificultad económica, el gran peso de la nueva fiscalidad, la crisis galopante de la vida urbana, la escasa o nula capacidad administrativa y política de la clase senatorial y el viraje de la pujanza económica hacia Constantinopla.

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Imagen 3. Justiniano I. Mosaico de la iglesia de San Vital, Rávena. Fuente: Wikimedia.

A pesar de esta situación, había senadores que habían amasado una buena fortuna con la crisis —elemento que nos puede resultar remotamente familiar hoy en día con las clases privilegiadas—, reservas de oro que Justiniano aprovechó para seguir llevando a cabo su política de renovatio imperii —reinstauración del imperio—. El ejército imperial, como decíamos, estaba principalmente integrado por bárbaros, pues la escasez de hombres válidos tanto en Occidente como en Oriente era endémica. Pueblos como los hérulos, longobardos o ávaros fueron los verdaderos protagonistas de las campañas romanas de estos años. Pero no todo era malo, los autores coinciden en afirmar que la autoridad que Justiniano tenía sobre el ejército era más que férrea; y ello le permitía tener bien controlados los posibles motines o insurrecciones del ejército. Gracias a esto, el ejército imperial era una gran e implacable máquina de guerra. Los pueblos federados aportaban tropas que ahora eran más o menos tropas regulares y se les llamaba symmachoi, tropas que servían a un líder aceptado y legitimado que no daba problemas al emperador.

No obstante, tras la reconquista de África e Italia se demostró que el poder militar de Constantinopla no iba a ser suficiente para llevar a cabo toda la restauración imperial que Justiniano quería llevar a cabo. La logística era compleja para una administración imperial no tan engrasada como antaño; y cualquier retraso en la paga a los soldados sobrellevaba revueltas o protestas a pesar de la autoridad del emperador. Era difícil mantener cohesionada a tan amplia multitud de etnias y pueblos; muchas veces enemigos entre sí, y garantizar la estabilidad en la península italiana era una ardua tarea muy complicada de garantizar solo con la presencia militar. La aristocracia senatorial, gran colaboradora de la reconquista romana, se mostraba ahora absolutamente incapaz de establecerse como guía política y social de la provincia; todo lo contrario, quien gobernaba Italia ahora eran los oficiales bárbaros que controlaban grandes áreas territoriales, pero que eran incapaces de promover políticas destinadas al desarrollo político o social de la península.

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Imagen 4. Mosaico de Jesucristo de la iglesia de San Vital, Rávena. Fuente: Wikimedia. 

La pragmática sanción.

Este fue el decreto imperial, otorgado en 554, por el cual Italia quedaba formalmente adherida al Imperio Romano de Oriente como provincia. Fue un edicto ampliamente celebrado por el Papa Vigilio y por la exigua aristocracia senatorial, pero sobre todo por el primero, ya que se otorgaba plenos poderes en la política y la administración a los obispos, vigilando incluso a los jueces civiles en el ejercicio de la justicia. La Pragmática Sanción reforzó la libertad de los poderosos, muy perseguidos durante la guerra y muy debilitados; sobre todo en el norte de Italia, donde el arraigo de los estados bárbaros era mucho mayor que en el sur.

Por este mismo motivo, el emperador permitió volver a todos los senadores y demás aristócratas huidos durante la guerra, y les restituyó todas sus posesiones. Era un ejercicio de magnanimidad para con los antiguos senadores que tenían en Italia todas sus posesiones, no sólo materiales sino también culturales, y todas sus raíces. Casi ningún senador retornó a Roma, residencia tradicional, sino que se retiraron a sus posesiones en el campo. Tras dos asedios con sus correspondientes asaltos y destrucciones, Roma había dejado de ser hacía mucho lo que había sido en su época de esplendor, la vida urbana había desaparecido, y las ruinas se apilaban por todas partes. Es posible incluso que en la ciudad habrían aparecido espacios abandonados que se habrían utilizado de basureros, huertos, corrales o como muchas cosas más. Roma era una sombra del pasado. Justiniano era consciente, y en el párrafo 22 del documento detalla que Roma tendrá el privilegio de disponer de la annona anual para su mantenimiento, además de entregársele fondos para restaurar la ciudad y la vida pública.

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Imagen 5. Mausoleo de Teodorico, Rávena. Fuente: italia.it

El documento dejaba al general Narsés como praefectus praetorio per Italiam, y le otorgaba la misión de asentar la nueva estructura administrativa y sentar las bases de la separación entre el poder civil y militar.

Desde el punto de vista económico, el documento estaba encaminado a favorecer a los grandes terratenientes locales, y daba a los obispos potestad de elegir también al gobernador provincial. Este fue el primer golpe que sufrió la aristocracia senatorial, pues el gobierno provincial era el puesto natural al que aspirar desde su posición privilegiada, un ascenso condicionado ahora por elecciones en las que intervenían además los obispos. Parece esclarecerse que el emperador sospechaba aún de esa nobleza decadente tan arraigada al poder y quería ponerles unos límites muy definidos.

Poco a poco la nobleza laica en puestos de responsabilidad empezó a escasear, pues se marginó a la nobleza romana de puestos de responsabilidad, marginación orquestada desde Constantinopla para evitar que esos nobles alejaran Italia del mundo imperial centrista que Justiniano estaba creando. Bien es cierto que Italia fue reconquistada e integrada en la política y la economía imperial, pero Justiniano cortó casi de raíz las aspiraciones de la gran nobleza romana, a la que marginó en favor de una mayor descentralización territorial del poder, que fue ostentado de una manera mucho más local y provincial.

Bibliografía:

BERGAMO, N.: I Longobardi. Dalle origini mitiche alla caduta del regno in Italia, I Leggeri, Librería Editrice Goriziana, 2012.

Imagen 1: https://goo.gl/lwPezQ

Imagen 2: https://goo.gl/NoVMDI

Imagen 3: https://goo.gl/2LG4NX

Imagen 4: https://goo.gl/SXQ2iM

Imagen 5: https://goo.gl/7NMGlG

 

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