La nobleza provincial de Occidente. ¿Hacia un feudalismo temprano?

En la última entrada hicimos un viaje a lo largo del siglo V en el que los protagonistas fueron dos hermanos hispanos llamados Dídimo y Veriniano. Eran dos hermanos nobles y terratenientes además de familiares del emperador Honorio que aglutinaron los restos del ejército regular afincado en Hispania al que añadieron tropas de esclavos armadas por ellos mismos y sacadas de sus haciendas pero, ¿Hasta dónde llegaba el poder de esta nobleza? ¿En qué se basaba ese poder? Hoy hablaremos de las relaciones de patrocinio entre un patrono y un siervo y cómo podríamos encontrar aquí los orígenes de un protofeudalismo que fue desarrollándose hasta alcanzar su cénit en el siglo XI.

El obispo Salviano de Marsella se quejaba de la situación de Galia e Hispania en su obra Del gobierno de Dios a comienzos del siglo V. Lo reseñable de esta obra y que a nosotros nos interesa es que el obispo condena la actitud pasiva de los nobles provinciales, grandes beneficiarios de la decadencia del Estado y que, a pesar de ver acrecentado su poder, no hacían nada para detener a los bárbaros y por parar las injusticias.

El obispo hablaba del fenómeno del patrocinio por el cual las aristocracias ejercían un control sobre las aldeas (vicorum) o sobre los individuos (vicanorum) que quedaban bajo la protección de estos maioribus. Las razones que los llevaban a eso era huir de la excesiva presión fiscal impuesta por el Estado pero el precio era elevado, ya que inmediatamente perdían todos sus bienes que debían ser entregados al patrono y la pérdida de los mismos para siempre, olvidándose incluso de heredarlos y gravándolos aún con impuestos –a veces inventados–. El resultado era una caterva de miserables desposeídos y atados a trozos de tierra que ni si quiera les pertenecían a cambio de su trabajo.

Imagen 1. Situación geopolítica de la Península Ibérica a la llegada de los visigodos en 415. La nobleza provincial no parecía estar interesada en detener a los invasores sino en ser patronos y enriquecerse.

Además el obispo relataba que con los bienes se perdía la libertad, tal y como nos dice en su obra:

(…) algunos más avispados por la necesidad, cuando pierden sus domicilios y sus parcelas (…) huyendo de los recaudadores de impuestos, piden cultivar las tierras de los grandes y se convierten en colonos de los ricos. (…) después de haber perdido su estatuto de hombres libres, se refugian por desesperación bajo alguna protección, se someten al abyecto yugo del inquilinato. Desprovistos de sus bienes, de su rango social, exiliados a la vez de sus posesiones y de ellos mismos son reducidos a ser privados de todo acceso a la propiedad y a perder el derecho de los hombres libres. (En Rosa Sanz, 2009, p. 174).

Poco después, menciona que ya no era posible para un romano acceder a los cargos públicos, acaparados ya y monopolizados por unos cuantos poderosos más criminales que los bárbaros, ya que éstos, si viles, no cobraban impuestos a los que se asociaban con ellos.

Sinesio de Cirene, Libanio de Antioquía y Zósimo denunciaron que esto era igualmente cierto en Oriente, existía una nobleza rodeada de ejércitos afincados en sus villas y eludiendo el pago de impuestos gracias a que eran ellos mismos los magistrados encargados de gravarlos y cargaban a las maltrechas curias municipales los costos de depravación y corrupción y favoreciendo a los especuladores y a los patronos que tiranizaban a sus siervos. Zósimo va más allá afirmando que incluso se vieron afectadas las prostitutas con fuertes impuestos y que a quien no podía pagar se le azotaba y torturaba, de modo que “cuando había que pagar los tributos, en toda la ciudad se oían llantos y lamentos”. (Rosa Sanz, 2009, p. 175).

Imagen 2. Escena de caza en la villa bajoimperial de la Olmeda (Palencia), siglo V.

En otro fragmento, Salviano menciona que los romanos preferían asociarse a los bárbaros o a los bagaudas para huir de la presión fiscal, de los abusos y que dejaban de ser ciudadanos romanos:

(…) huyen al enemigo para no morir por los efectos de la persecución pública. Van a buscar sin duda entre los bárbaros la humanidad de los romanos, porque no pueden soportar entre los romanos la inhumanidad de los bárbaros. Emigran por tanto al lado de los godos, a los bagaudas o con los otros bárbaros que dominan por todas partes y no se arrepienten (…). Así, el título de romano, antiguamente tan estimado y tan encarecidamente comprado, se le repudia ahora y se le huye; se le considera no sólo vil, sino incluso abominable. (Rosa Sanz, 2009, p. 176).

Las aristocracias tenían ahora el suficiente poder para regir los territorios, proteger a los habitantes y pactar ellos mismos con los bárbaros. Orosio incluso llega a afirmar que era ese el momento para los provinciales de recordar el sufrimiento padecido durante la conquista romana. Ahora el Imperio era una suerte de señores feudales con sus ejércitos, sus tierras y sus siervos repartidos por todo el orbe romano gobernados teóricamente por un emperador que nada podía hacer ya por revertir la situación. Recordemos las palabras de Orosio:

(…) Que dé Hispania su opinión de los tiempos en que, a lo largo de doscientos años, regaba con sangre todos sus campos en toda su extensión y no podía rechazar ni sujetar a un enemigo que lo turbaba todo a sus anchas por todas partes (…) No les pregunto qué hubieran preferido en aquella ocasión, qué opinaban de los romanos, qué pensaban de sus tiempos. (Rosa Sanz, 2009, p. 178).

Las quejas de los obispos no responden a otro poso que al de el empoderamiento de estas aristocracias provinciales respecto a un Estado del que la Iglesia era partícipe y que veía peligrar su influencia sobre las poblaciones en detrimento de unos señores que controlaban los restos del ejército, la justicia y que ya eran recaudadores de impuestos, atesoradores de tierras y privilegios, conformándose como poderes alternativos al Estado.

Imagen 3. Reconstrucción de la villa romana de Almenara de Adaja (Valladolid). Estas villas florecían económicamente entre los siglos IV y V y serían el hogar de nobles como Dídimo y Veriniano. Estas villas así como la de la Olmeda; presentan hermosos mosaicos con temática pagana, fiel reflejo de la religiosidad de la aristocracia provincial a pesar del auge del Cristianismo.

En este contexto social y político se enmarcarían Dídimo y Veriniano como dos señores protofeudales. Detrás de su independencia y de su defensa a ultranza de la Península habría unos claros intereses políticos y económicos además de una postura religiosa –no olvidemos que en este siglo aún gran parte de la aristocracia seguía siendo pagana–. Precisamente las regiones en que eran propietarios: Lusitania, Mérida, los Campos Palentinos, el Pirineo y Galicia presentan numerosos vestigios arquitectónicos de la pervivencia de ese paganismo, villas que florecían en este período y que presentan impresionantes mosaicos de esta temática religiosa y mitológica. La Olmeda en Palencia, Almenara de Adaja en Valladolid, San Julián de Valmuza en Salamanca, Quintana del Marco en León y Uceros en Soria, entre otros, son ejemplos de ello.

Bibliografía:

SANZ SERRANO, R: Historia de los godos. Una epopeya histórica de Escandinavia a Toledo, Madrid, 2009.

HELAL OURIACHEN, EL HOUSIN: “La ciudad bética tardoantigua. Persistencias y mutaciones en relación con la realidad urbana de las regiones del Mediterráneo y del Atlántico”. En Arqueología y territorio. Revista electrónica del programa de doctorado, 6, págs. 199-209, Granada, 2009.

Imagen 1: http://goo.gl/RgXbW4

Imagen 2: http://goo.gl/hmWKyk

Imagen 3: http://goo.gl/HTF6Qd

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4 comentarios sobre “La nobleza provincial de Occidente. ¿Hacia un feudalismo temprano?

  1. Me interesa el movimiento bagauda del final de la época romana en Hispania. Poco es lo que he encontrado, justo describen lo que eran y la importancia que pudo tener en el transito hacia la época visigoda. La reseña histórica que haces me ha servido para mejorar mis conocimientos, que no son muchos.
    Salud
    gracias y salud

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