Resistencia e integración en el nuevo orden suevo (2).

En esta entrada terminaremos de tratar las dificultades que los suevos hallaron al llegar a Gallaecia. Parece que la aceptación no fue tan sencilla y las escaramuzas estuvieron a la orden del día. Hoy terminaremos de ver por qué así como las consecuencias en la población de la llegada de este pueblo bárbaro. ¿Os suenan los aunonenses o los auregenses? Os invito a descubrirlo. ¡Bienvenidos a Hispania!

Los lugares que posee Gallaecia y que responden al paradigma de hábitats de poder y defensa son comparables a cualquier otra provincia hispana, y son lugares próximos a las capitales conventuales y a las grandes vías de comunicación.

Hidacio siempre habla del campo como un lugar subordinado a la importancia que tiene la ciudad, y, cuando habla de plebs —recordemos que usa el término Gallicis/Callicis para referirse también a la plebe—, es siempre en contexto de clase social baja; una imagen que contrasta con las que nos da Orosio o Salviano de Marsella acerca de un campesinado honorable, temeroso de Dios y oprimido que prefiere abandonar a Roma y a su organización social para pasarse a los bárbaros con tal de escapar de la excesiva presión fiscal del Estado. Bien, esa es una premisa fantástica si uno la ve a largo plazo; pero en el contexto de la supervivencia diaria parece muy poco probable, más aún si los invasores hacen del saqueo y la rapiña su modo de vida prácticamente a diario.

Se ha especulado con que Hidacio aluda a la plebe bajo un sentido de “comunidad de los creyentes”, dada su procedencia episcopal. Es una interpretación plausible, reforzada por la noticia que nos da en 456 acerca de cómo una multitudine o conjunto de habitantes organizados de una región, puso en fuga a cuatrocientos guerreros hérulos que desembarcaron en la costa de Lugo. Cabe pensar que esto tenga sentido, pero a nosotros nos parece más un calificativo de pueblo llano o simplemente plebe.

“Honestus natu”. Las claves del pacto.

Se ha dicho en entradas anteriores cómo los suevos atravesaron varias fases de saqueos en Gallaecia pero también cómo en determinados momentos, reinó cierta paz entre provinciales y bárbaros. Pero cuando los visigodos derrotan a los suevos en el Órbigo y desbaratan prácticamente todo su reino, incluida la ejecución de su rey, las hostilidades vuelven a ser la orden del día. ¿Qué cambió para que eso sucediera?

portada_retocada-e1588003847629

Imagen 1. Un dignatario porta un mensaje para un jefe germano, probablemente suevo o visigodo. Hemos de recordar que el equipamiento de estos pueblos era muy similar por influencia romana. Fuente: archivosdelahistoria.com

Es posible que, entre las condiciones para la paz, los suevos recibieran tierras para explotar, así como una parte de las ganancias de los possessores territoriales; esto es, los primeros ganaban poder y riqueza a costa de los segundos. Cuando Rechiario es ejecutado y los suevos se dividen en facciones con sendos usurpadores de por medio; Hidacio nos dice que las hostilidades se reanudaron porque los suevos mataron a una serie de individuos de noble cuna, honestis natu. He aquí pues la clave fundamental de quién pactó con quien: La nobleza territorial, los antiguamente denominados senadores, pactaron directamente con los suevos una serie de condiciones. Violentado el reino suevo por los visigodos, estos nobles quizá vieran la oportunidad de reconquistar parte de su poder perdido y quizá iniciaran algún tipo de revuelta o algo similar, pero fracasaron; y el resultado fue la ejecución de unos pocos responsables de la firma de los pactos. Hemos de entender entonces que esa población rústica, esos gallici, están encabezados en mayor o menor medida por la aristocracia terrateniente de Gallaecia; por eso cuando los suevos dirigen su ira contra alguien, lo hacen contra unos individuos concretos de un grupo social bien diferenciado.

Pero, ¿quién sería la cabeza visible de una aristocracia territorial más o menos homogeneizada? Cuando Hidacio nos habla de la organización administrativa de su provincia alude a menudo a la vieja organización de los conventus, estructuras administrativas del Bajo Imperio ya en desuso en la mayoría de Hispania; pero que debido a la escasa evolución territorial de Gallaecia se mantuvieron. Así las cosas, Hidacio siempre menciona al conventus lucense, bracarense y asturicense, y entre ellos la figura del rector o máximo representante que gobernaba en la ciudad que daba nombre al territorio. Estos rectores se reunían en consejos para dirimir disputas o problemas territoriales, pero tampoco era una cosa oficialmente institucionalizada. Venían a cumplir una función parecida a la de los gobernadores provinciales altoimperiales, pero de una manera ya mucho más diluida.

De esta manera, cuando el cronista nos cuenta que los suevos irrumpieron en Lugo en la pascua del 460 mientras los habitantes se sentían a salvo por la santidad de esos días, mataron a muchos, pero entre ellos se encontraba el “rectore suo honesto natu”, la cabeza visible de la ciudad y el territorio; un blanco muy claro para los suevos, que saben a quién tienen que atacar llegado el caso.

La segunda etapa de la resistencia.

Cuando en 456 la violencia entre suevos y provinciales se reanuda ya no estamos hablando de la defensa de una plebs amparada en castros fortificados, sino que ahora la más importante nobleza provincial se ha sumado a la resistencia dirigiendo a esa masa de gente. No sólo encontramos resistencia en pequeñas fortalezas en las cimas de los cerros, sino que ahora también las ciudades con sus potentes murallas se suman a la lucha. Es el caso de Conimbriga, en la que los suevos penetraron allá por 464 amparados por la traición y que, de nuevo, dirigieron su violencia contra la familia de un noble local, Cantaber, al que Hidacio titula de noble. Tras un período de ocupación, Conimbriga recuperó su independencia pues en 467 tenemos noticia de que fue asaltada otra vez, y en esta ocasión fueron destruidas gran parte de sus viviendas y parte de las murallas. Al igual que Conimbriga, tenemos constatada la resistencia de Astorga, Palencia, Santarem o Lisboa, sólo tomada de nuevo por traición.

Imagen 2. La Península Ibérica en el siglo VI. Con la llegada de Leovigildo al poder, el reino suevo desapareció, integrado como provincia del visigodo. Fuente: historicodigital.com

Si bien el siglo V se caracterizó por la lucha, los pactos y las represalias, el siglo VI se presenta ya como un siglo de pactos y negociaciones, desaparecida ya cualquier esperanza imperial. A pesar de todo, las ciudades se afianzaron como centros de poder y resistencia, muchas veces independientes de poderes ajenos; y este fue un problema que los visigodos tuvieron que enfrentar largo tiempo —el caso de Córdoba es paradigmático en este caso—.

El fenómeno de los etnónimos prerromanos.

Para finalizar esta serie de dos artículos acerca del panorama social y político que los suevos encontraron en Gallaecia, no podemos obviar el caso de la recuperación de referentes locales frente a los suevos.

El caso paradigmático es el de los aunonenses y los auregenses. Cuando Hidacio nos habla de estos “pueblos” nos está hablando de grupos que respondían a una denominación concreta que hasta ahora la administración romana había diluido pero que, al desaparecer el Imperio, esos etnónimos reaparecen.

A los aunonenses Hidacio los menciona en tres ocasiones entre el 465 y el 468. En 465 informa de que los suevos han arremetido contra ellos, hecho que provoca la rápida intervención del visigodo Teodorico con embajadas. Si tenemos en cuenta que las crónicas tienden a ser escuetas y recogen hechos seleccionados; estos aunonenses no deben ser una cuestión baladí en absoluto. Esta embajada resultó infructuosa y ambos bandos volvieron a combatir, pero en el 468 Hidacio dice que por fin llegaron a la paz.

La referencia más cercana que tenemos de este pueblo, o al menos de algo que nos puede recordar a ellos es la isla de Aunios relatada por Plinio a comienzos del Imperio en el conventus lucense. Además, en el Parrochiale Suevum es posible encontrar la iglesia de Aunone dentro del territorio de las iglesias que pertenecían a Tuy. Estos indicios nos llevarían a la ría de Pontevedra, en cuya desembocadura, la isla de Ons nos despierta mucho interés y similitud.

plano-con-la-propuesta-de-avance-y-ocupacion-visigoda-de-las-tierras-alicantinas-y-del

Imagen 3. Ubicación de la Oróspeda en el sureste peninsular, territorio que, como los montes Aregenses se conformarían como una entidad independiente a todo poder, al mismo tiempo que esto sucedía en algunas ciudades importantes como Córdoba. Fuente: researchgate.net

En el 460, Hidacio nos habla de los auregenses, a los que ubica dentro o próximos al conventus lucense. Este pueblo es más difícil de ubicar, y las relaciones más directas parecen corresponderse con el oppidum de abobrica mencionado por Plinio o quizá con los aobrigenses/avobrigenses que aparecen en una inscripción de Aquae Flaviae dedicada a Vespasiano. Sea como fuere, cuando Leovigildo acosa al reino suevo, pone cerco a los montes Aregenses, a cuya cabeza se encontraba un tal Aspidio, líder local según Juan de Biclaro. Se ha ubicado a estos montes en los límites de León con Orense, e Isidoro de Sevilla llamó a la región Aregia. Que un líder indígena se hubiera alzado con el poder de un territorio en el ambiente de inestabilidad política no es descabellado, y que se hubiera proclamado independiente, al menos virtualmente, tampoco.

Estos montes fueron sometidos cuando Leovigildo capturó a Aspidio y a su familia, y la región fue anexionada al reino visigodo como después lo fue el reino suevo.

Bibliografía:

DÍAZ, P.: El reino suevo (411-585), Akal, 2013.

ISLA FREZ, A.: “Villa, villula, castellum. Problemas de terminología rural en época visigoda”, en Arqueología y Territorio Medieval, 8, 2001, pp. 9-19.

JIMÉNEZ GARNICA, ANA Mª: Nuevas gentes, nuevo Imperio: los godos y Occidente en el siglo V, UNED Editorial, 2010.

Publicado por

Liubagild

Me llamo Miguel Ángel Municio Castro y soy historiador, arqueólogo y docente de Geografía e Historia en ESO y Bachillerato. La historia de este blog se remonta a 2014, cuando decidí iniciar un proyecto de divulgación histórica para que el gran público conociera y comprendiera aquello que llaman Antigüedad Tardía, un período que va desde el siglo IV al siglo VII d.C. y que todavía hoy no se conoce mucho, incluyéndose de forma errónea en la Edad Media. Poco a poco fui ampliando el repertorio a la Edad Media, y cuando me convertí en docente decidí abarcar también toda mi disciplina con entradas de Geografía e Historia del Arte para que mi alumnado, además del gran público, tuviera un lugar de referencia de cara a su formación. Y aquí estoy, aprendiendo cada día un poquito más para compartirlo contigo. ¡Espero que disfrutes tu visita en Romana Insolentia!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s