La política religiosa de Leovigildo. ¿Represión o tolerancia?

En la entrada anterior hicimos un recorrido por el conflicto civil llevado a cabo entre Leovigildo y Hermenegildo, aduciéndose a este último como una de las causas de la guerra su conversión al catolicismo. Que el rey desterró a personajes muy conocidos como Juan de Biclaro o Masona es innegable, como también lo es que obligase a Leandro de Sevilla a abandonar su sede episcopal cuando regresó de Constantinopla, pero hoy vamos a investigar si realmente Leovigildo actuó de forma activa en contra del grueso de población católica y contra sus representantes o más bien actuó sólo si estas jerarquías eran contrarias a él en el ámbito político.

Al hablar de Leovigildo se nos plantea la pregunta de si fue un devoto arriano capaz de arremeter contra todo católico que encontraba o si por el contrario en su caso la religión estaba supeditada a su política de integración territorial –no olvidemos que Leovigildo buscaba la unificación territorial y la unificación entre hispanovisigodos e hispanorromanos–. Así las cosas él es el único rey visigodo que se dice que persiguió a los católicos en España pero nunca se dice que hubiera violencia o derramamiento de sangre.

Masona, el obispo de Mérida.

En un principio la impresión que Leovigildo tenía de Masona era de admiración por su tenaz personalidad. Tanto era así que intentó que el obispo católico de Mérida se pasara al arrianismo por todos los medios pero Masona se negó, llamando al rey hereje y predicando contra el arrianismo. La reacción de Leovigildo fue nombrar obispo de Mérida al arriano Sunna, concediéndole algunas iglesias que hasta la fecha habían sido católicas. Sunna pidió al rey que le fuera entregada también la joya de la iglesia emeritense: la iglesia de Santa Eulalia; y el rey envió una comisión de delegados –fundamentalmente arrianos– para que dirimiesen si aquello era viable. Tal fue el fiasco que la comisión dirimió que la iglesia permaneciera en manos católicas, revelándonos esto que no hubo violencia por ninguna parte.

El rey llamó entonces a Masona a Toledo y, con gran interés, le intentó convencer de nuevo de que abrazase la fe arriana. Ante su negativa, Leovigildo le ordenó entregar la túnica de Santa Eulalia para que fuera puesta en una iglesia arriana pero Masona se negó y Leovigildo lo desterró a un lugar que desconocemos durante aproximadamente tres años. Este episodio tuvo lugar entre el 582 y el 586 y Masona había sido obispo de Mérida al menos desde el 573, por lo que no fue importunado por Leovigildo anteriormente, tan sólo a raíz de su apoyo a Hermenegildo en su rebelión. De hecho cuando Sunna llegó a Mérida procedió a tomar posesión de algunas iglesias para el culto de los fieles arrianos. ¿Cómo era posible que no hubiera una comunidad arriana establecida en una ciudad clave como Mérida y que no tuvieran iglesias bajo su control? Leovigildo no hubiera nombrado un obispo para un lugar que no tuviera fieles y quizá la explicación esté en que posiblemente hubiera sido Hermenegildo, en 580, el que hubiera perseguido a los arrianos de Mérida y confiscado las iglesias de estos. Si esto fuera realmente así, Leovigildo simplemente estaría intentando restablecer la situación anterior a la rebelión.

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Imagen 1. Basílica martirial de Santa Eulalia (Mérida), declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1993. Es parte del conjunto arqueológico de Mérida. Fuente: Wikipedia.

Cuando Masona fue desterrado, el rey no abolió el obispado católico de Mérida y de hecho nombró un sucesor católico para Masona, Nepopis, que ya había ejercido como obispo en otra diócesis. El conflicto con Masona fue personal y político al negarse el obispo a cumplir las órdenes del rey; pero nada que ver con un con un conflicto anti católico.

La política religiosa antes de la rebelión.

Estos hechos sucedieron tras haber acabado la rebelión de Hermenegildo, pero ¿Qué actitud caracterizó al rey antes de la guerra? Isidoro nos dice que fueron adoptadas medidas coercitivas y que los arrianos perseguían a los católicos hacia 570; unas declaraciones que no se recogen en ningún otro lugar. De hecho Gregorio de Tours contradice a San Isidoro al afirmar la política anticatólica solo había sido puesta en marcha cuando la rebelión comenzó y que para 580, en una entrevista con un embajador godo llamado Agila en Tours, éste afirmaba fehacientemente la política de tolerancia y entendimiento mostrada por los arrianos hacia los católicos. De no haber sido esto así, Gregorio lo hubiera denunciado sin lugar a dudas.

Además, cuando Leovigildo empezó a reinar se produjo una llegada de clérigos católicos africanos a Hispania. Uno de ellos, el abad Nancto, poseía tanto renombre que llegó a oídos del rey y éste le dotó con tierras para que pudiera mantenerse y tenerle en sus oraciones. Masona además pudo fundar y dotar monasterios en estos años.

La política religiosa tras la rebelión.

La primera acción llevada a cabo por el rey fue llegar a un entendimiento con su hijo para que desistiera, algo que no tuvo éxito como vimos en la entrada anterior. De modo que organizó un concilio en Toledo en 580 para facilitar el paso del catolicismo al arrianismo de quien quisiera. En él se propuso que los interesados no tendrían que rebautizarse sino simplemente recibir la imposición de manos de un obispo arriano y jurar que Padre, Hijo y Espíritu Santo no eran iguales. Esto, que puede parecer inútil, logró un gran número de conversiones, incluso la del obispo católico de Zaragoza; que fue incluso objeto de crítica por parte de Severo, obispo católico de Málaga.

Imagen 2. San Leandro, arzobispo de Sevilla. Cuadro de Murillo ubicado en la catedral de Sevilla. Fuente: Wikipedia.

En 582 el rey fue incluso más allá y aceptó adorar las reliquias de los mártires católicos en las iglesias católicas e incluso llegó a aceptar –algo increíble– que el Hijo era igual al Padre, pero aún negaba la divinidad del Espíritu Santo. Esta postura era herética para el propio arrianismo y se la conoce como macedonismo, algo que no nos compete tratar aquí. Este hecho y que el rey devolviese al monasterio católico de San Martín –entre Sagunto y Cartagena– los bienes saqueados por sus tropas durante el conflicto con Hermenegildo reflejan que Leovigildo abogaba claramente por la unificación y el entendimiento y no por la persecución.

En definitiva, nuestra principal fuente de información para la época como es Juan de Biclaro –que como decíamos también fue exiliado por el rey por no querer convertirse– no insinúa que Leovigildo fuera un perseguidor de la Iglesia católica y así lo reflejan sus actuaciones. Ninguna fuente nos dice que molestase o agrediese a la jerarquía eclesiástica o contra la población civil.

Bibliografía:

SANZ SERRANO, R: Historia de los godos. Una epopeya histórica de Escandinavia a Toledo, Madrid, 2009.

THOMPSON, E.A.: Los godos en España, Madrid, 2014.

VALVERDE, Mª. R.: “Leovigildo. Persecución religiosa y defensa de la unidad del reino” en Iberia, nº 2, pp. 123-132, 1999.

Imagen 1: http://goo.gl/9we11U

Imagen 2: http://goo.gl/XaqiQ4

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