Aelia Gala Placidia y Ataúlfo, poder y romance en la Antigüedad Tardía

En la anterior entrada hemos sido testigos del furor barbarii, de la verdadera naturaleza que los godos habían adquirido ya en el siglo V. Alarico había demostrado su poder ante un agonizante poder imperial y había dejado claro que, si bien sus godos estaban dispuestos a cooperar con el poder romano, ésta colaboración sería entre iguales y cumpliendo lo pactado; de no ser así… ya hemos visto de lo que el rey godo fue capaz. En esta entrada vamos a hablar de la proyección del rey Ataúlfo, de cómo quería perpetuar su poder mediante un heredero nacido de una ilustre mujer romana y de cómo para ello quiso valerse de los mecanismos tradicionales romanos. Todo esto pasaba necesariamente por una mujer: la princesa imperial Gala Placidia.

Gala Placidia era la hermana del emperador de Occidente, Honorio y del de Oriente, Arcadio. Quedó huérfana desde muy jovencita y fue educada en la casa de Estilicón (del que hablábamos en una entrada anterior) por criadas bárbaras. Siempre se la mantuvo alejada de sus hermanos y manipulada por la mujer de Estilicón, que a su vez era tía de los dos emperadores. Ésta la había obligado a prometerse con su hijo Euquerio y se cree que por ello Honorio la despreció y la abandonó en Roma siendo muy joven. Los investigadores piensan en tres razones por las cuales nuestra protagonista no huyó de Roma cuando tuvo la oportunidad de hacerlo:

  • Probablemente fuera ya rehén de Alarico en el primer sitio que éste puso a la ciudad. Puede que los senadores la entregasen junto al jugoso botín que entregaron al godo para respetar la ciudad.
  • Que el Senado la retuviese con la esperanza de que Honorio, temiendo por su suerte, mandase tropas regulares a auxiliar la ciudad sitiada.
  • Que la propia Gala Placidia hubiera preferido permanecer junto a sus conciudadanos romanos ya que la habían acogido desde niña o que incluso prefiriese estar con los godos con los que ya estaba familiarizada.

Sea como fuere, la princesa estaba en la comitiva de Alarico cuando éste deambuló por Italia tras el saqueo de 410.

Imagen 1. Retrato de Gala Placidia de su mausoleo en Rávena.

Cuando Alarico pereció presa de la Malaria, fue su cuñado Ataúlfo el que se proclamó rey de los godos. Nadie esperaba ya lograr el sueño imperial de su predecesor de pasar a África para auto provisionarse de grano y la comitiva dio media vuelta para escapar de Italia. Llevó a su pueblo a la provincia Narbonense, donde intentó conquistar de forma infructuosa la ciudad de Marsella. A pesar de ello puso bajo su control Burdeos, Tolosa y Narbona que ofrecieron su fidelidad a Atalo, emperador depuesto por Alarico en Roma y de nuevo reinstaurado por Ataúlfo.

Es en este momento donde Gala Placidia toma un protagonismo especial. Desde Rávena, un veterano general romano, Constancio, había ido ganando plazas a los godos con el fin de llegar a derrotarlos y desposar a la princesa, queriendo convertirse en el padre del futuro emperador de Roma; pero el godo compartía esa misma visión.

Ataúlfo no esperó más y se casó con la romana en Narbona el 1 de Enero del año 414 a la manera romana. En la ceremonia participaron romanos y godos e incluso el emperador Atalo, que con su presencia en el matrimonio sancionaba que el godo había obtenido la ciudadanía previamente y que por ello aquel matrimonio era legal. Los habitantes de Narbona aceptaron a Atalo como representante de los romanos y no se opusieron al enlace.

Imagen 2. Ataúlfo, rey de los visigodos y sucesor de Alarico.

Cabe preguntarse qué pensó la princesa acerca de esto y por qué decidió casarse (teniendo en cuenta que Ataúlfo ya estaba casado previamente y tenía hijos con una mujer goda). Las opciones de la romana se reducían a volver a Rávena a casar con el general Constancio, un militar rudo y ya anciano patrocinado por su detestable hermano o bien a casar con el godo, con el que prácticamente se sentiría ya como entre los suyos.

La investigadora Rosa Sanz considera que el matrimonio consentido por la princesa fue un acto de libertad por su parte sintiendo amor o sin sentirlo, ya que suponía romper con el acatamiento incondicional de las decisiones de su familia que la había abandonado. La clave del matrimonio era la descendencia, pues los hijos pertenecerían a la dinastía Teodosiana y podrían aspirar a unificar los dos imperios en uno solo. El sueño de Ataúlfo y Gala sería conseguir la primera monarquía mestiza que gobernara el primer Imperio romano-gótico.

La pareja se retiró a la provincia Tarraconense acosada por Constancio y su recuperación de plazas para Honorio. Es aquí donde la tragedia se ceba en nuestros protagonistas, pues la pareja arribó en Barcino, alejándose de la capital provincial que seguramente sería fiel a Honorio. En esta ciudad Ataúlfo fue asesinado por sus propios hombres aunque las razones son aún sospechosas. Debió de tratarse de una traición, ya que poco antes había sido hallado muerto el primer hijo en común del rey godo y la princesa romana, debemos entender que probablemente había alguna facción dentro de los godos que no veía con buenos ojos esa proyección de un nuevo Imperio romano-gótico.

Gala Placidia quedó desolada por ambas pérdidas y fue devuelta a Honorio previo pago de 600.000 raciones de trigo para el sustento del pueblo godo. A su llegada a Rávena fue obligada a casarse con Constancio, el general que tanto había evitado.

A pesar de ello, la princesa llevó una Corte de sirvientes godos de los que no se separó nunca más y más adelante sería la intermediaria a favor del entendimiento y la concordia entre godos y romanos con buenos resultados hasta su muerte en 450. Fue una hermosa historia de amor aunque con final agridulce.

Bibliografía:

SANZ SERRANO, R: Historia de los godos. Una epopeya histórica de Escandinavia a Toledo, Madrid, 2009.

SANZ SERRANO, R: “El papel de Gala Placidia en la creación de un reino godo en Occidente / The role of Gala Placidia in the creation of the Gothic Western kingdom”, en HERNÁNDEZ DE LA FUENTE, D., GONZÁLEZ SÁNCHEZ, S., GARCÍA-GASCO, R. (eds.), The Theodosian Age (A.D. 379-455): Power, place, belief and learning at the end of the Western Empire, Archaeopress, Oxford, 2013.

CEBRIÁN, J.A.: La aventura de los godos, Madrid, 2002.

Imagen 1: http://goo.gl/Cz3Frj

Imagen 2: http://goo.gl/z3tgyG

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