Reseña de “Visigodos en Hispania”, Arqueología e Historia Desperta Ferro. Emigración y poblamiento.

La emigración goda en España.

Es sabido que los godos que tomaron contacto con los habitantes de la Península Ibérica en el siglo V no fueron muy numerosos. Tomando los datos existentes al respecto, no sumarían mucho más de 10000 efectivos los que comandaría el rey Ataúlfo por Italia, Hispania y el sur de la Galia hasta que se creó el reino de Tolosa.

Aunque ya había tropas godas en Hispania, no será hasta la caída de Roma en 476 cuando los visigodos comiencen a instalarse paulatinamente en la península, amén de una ganada independencia de un poder político superior. Este asentamiento se produjo siguiendo la estratégica vía que unía Barcelona con Sevilla, jalonada de grandes ciudades y de lugares de interés para el control del territorio que fueron elegidos por los germanos.

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Imagen 1. Mapa de las migraciones germánicas hacia el Imperio Romano.

Llegada la derrota de Vouillé en 507, el pueblo godo quedó profundamente trastornado hasta acercarse a su propia desaparición como entidad organizada en torno a un líder si no hubiera sido por la intervención de Teodorico el Grande, ostrogodo amalo y rey de Italia. Este rey dio origen al breve lapso conocido como “monarquía ostrogoda”; primero con Eutarico para intentar poner a los visigodos bajo su dominio, aunque fracasó y después con otros miembros de la aristocracia ostrogoda. Muchos ostrogodos se asentaron en Hispania y tejieron alianzas y pactos con la élite hispanorromana que se quería oponer a la vieja nobleza del linaje visigodo de los Baltos, dando lugar este panorama a enfrentamientos además de arrojar mucha oscuridad a la muerte de los reyes Amalarico y Teudis.

Onomástica y linajes.

Es muy interesante en este apartado leer la investigación realizada por Luis A. Moreno, escritor del artículo, pues propone rastrear el linaje y la procedencia de los godos por la construcción de sus nombres. Así, podemos ver que los descendientes de Teodorico el Grande prefieren incluir la partícula Theud– en sus respectivas denominaciones. Es el caso de los reyes godos Teudis (531-548) y Teudiselo (548-549).

Entre los siglos VI y VII parece común que se repita la partícula Liub- por el rey Leovigildo. Esta partícula sugiere quizá el parentesco de la familia de Leovigildo con linajes de damas francas del sur de Francia cuya onomástica es diferente a la del resto del reino. Este linaje, aunque cortado por Witerico cuando destronó a Liuva II, podría haber permanecido en la sombra de las fuentes sin citar, pues en tiempos de Ervigio casi un siglo después, nos encontramos con que su esposa era la reina Liuvigoto, cuyo nombre contiene dicha partícula.

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Imagen 2. Tremis visigodo de Leovigildo. En esta moneda y por primera vez, los reyes visigodos se desvincularon del Imperio en cuanto a referencias al emperador en las monedas.

El propio nombre del rey Witerico refleja la noble ascendencia ostrogoda que poseía, pues hace referencia a los primeros ostrogodos llegados a la península en 427 y después en 473 bajo el liderazgo de Witerico en el primer caso y de Widimer en el segundo.

El autor nos cuenta el curioso caso de un noble godo que se hizo enterrar en Arcos de la Frontera en 562, de nombre Bulgarico. Este nombre es completamente extraño en la onomástica goda y sólo encontramos después el caso del conde Bulgar a inicios del siglo VII durante el reinado de Gundemaro; quizá existiera parentesco entre ambos personajes. El caso es interesante por cuanto que Teodorico el Grande tuvo una oportunidad para anexionar los pueblos búlgaros de los Balcanes que aparecen por vez primera en las fuentes griegas y latinas a mediados del siglo V como habitantes de los Balcanes septentrionales y de las llanuras ucranianas. Este pueblo seguramente tenga su origen en la desintegración del imperio huno tras la muerte de Atila, una explosión étnica que dio lugar a estos protobúlgaros aliados de Constantinopla con los que Teodorico el Tuerto y Teodorico el Grande tuvieron contacto a finales del siglo V. Es en este momento cuando algunos de estos búlgaros pudieron unirse a la hueste goda dando lugar a la diseminación de individuos hasta acabar uno de ellos enterrado en Cádiz. También los ejemplos que se nos muestran en el artículo al respecto de los restos epigráficos son realmente curiosos e interesantes, pero para conocerlos os invito a leerlos de la buena mano de este autor.

El poblamiento urbano y rural de época visigoda en Hispania.

En este artículo, el investigador Jorge López Quiroga (UAM), nos sumerge en la problemática de la supuesta ruptura del modelo de poblamiento hispanorromano previo a la caída del Imperio con el que se da después del asentamiento de los visigodos en Hispania. Tradicionalmente se ha interpretado que la caída de Roma supuso el fin del mundo urbano clásico e incluso antes, con el auge del cristianismo ya se contraponía el modelo de ciudad pagana con el de ciudad cristiana.

Estas interpretaciones tan radicales han pasado por alto muchos detalles que permanecen inherentes al proceso de evolución del poblamiento en Hispania entre los siglos V-VII; un modelo que responde a un concepto clave: El reaprovechamiento de espacios.

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Imagen 3. Recreación histórica de la reutilización del espacio urbano en la Antigüedad Tardía, donde la catedral cristiana ocupa un lugar preponderante.

Basándonos en esta premisa podemos enumerar varios casos de espacios que han evolucionado y cambiado tras la llegada de los visigodos, en el espacio urbano, pero también rural. Así, en el urbano, podemos comprobar cómo las antiguas domus unifamiliares construidas en torno a un peristilo o patio central acogen ahora varias viviendas unifamiliares reaprovechando las habitaciones de la domus romana previa; utilizando el peristilo como patio central de ese nuevo vecindario. Este ejemplo es perfectamente constatable en el barrio de Morería de Mérida.

Hemos hablado de estos casos en algunos artículos del blog, pero por citar varios ejemplos de reaprovechamiento de estructuras precedentes podemos citar el caso del teatro romano de Cartagena donde se instaló un barrio en el período de ocupación bizantina, en Valencia se abandona el circo instalándose en su lugar un barrio artesanal, el complejo termal de Braga (Bracara) se convierte en un conjunto de viviendas… en definitiva, el espacio no se abandona, sino que se reutiliza.

El concepto del suburbium, esto es, el espacio extramuros de la ciudad adquiere en la Hispania visigoda una importancia particular respecto a la construcción que se lleva allí a cabo de viviendas y de espacios de culto cristiano, del mismo modo que la catedral tardoantigua adquiere el papel protagonista intramuros.

El autor nos desglosa después un acertado y escueto índice de ideas ordenadas para que tengamos una clara percepción del proceso que se lleva a cabo en Hispania en cuanto a la arquitectura, la ordenación del espacio y el reaprovechamiento de los edificios precedentes. Lo mismo para el caso del mundo rural que, a pesar de lo que se ha creído, no es tan diferente al mundo rural de época imperial o incluso precedente a los romanos. Sí que hay un hecho fundamental como la reocupación de antiguos castros en altura de época prerromana para retomar su carácter defensivo ante la inseguridad existente en estos tiempos de invasiones e inestabilidad política. Leyendo a López Quiroga vamos a tener una visión muy clara de qué pasa en Hispania y sus pobladores durante el período visigodo.

Imagen destacada: Iglesia de Santa María de Melque, Toledo, reutilizada como torreón defensivo en el siglo IX.

Bibliografía:

Soto Chica, José: “El reino de Toledo y sus relaciones externas” en Arqueología e Historia Desperta Ferro, 16, pp. 7-19.

Los orígenes del reino de Asturias (I)

Teniendo en cuenta lo turbulento del panorama político actual en España, he creído buena idea realizar un estudio sobre los orígenes de lo que fue la Alta Edad Media peninsular; qué es lo que surge tras la súbita caída del reino visigodo en toda la cornisa cantábrica y pirenaica del norte de la Península Ibérica. ¿Fue el mismo proceso el que llevó al reino astur a formarse que el que siguieron los territorios del Pirineo occidental y oriental? Este es un tema que me interesa mucho como investigador y ya me acerqué a este período cuando realicé el trabajo de fin de grado acerca de la formación del reino astur y su transformación posterior en el reino de León. Espero que a vosotros también os guste, y habrá más entradas al respecto. ¡Bienvenidos a Hispania!

Sobre las cenizas del reino visigodo.

Es de sobra conocido que, en las décadas anteriores a la conquista musulmana de la Península Ibérica, la estructura política centralizada del reino visigodo se hallaba completamente desarticulada con motivo de las transformaciones económicas y sociales que venían realizándose desde tiempo atrás. Me atrevo a afirmar que la caída del reino visigodo fue posible gracias a que ese Estado no fue capaz de ofrecer una resistencia coherente.

Imagen 1. Rutas de conquista seguida por los conquistadores de 711. Fuente: unprofesor.com

Era tal la fragmentación política que los nuevos invasores tan sólo hubieron de echar mano de las políticas de pactos y concesiones que tan bien les había funcionado en Siria y en Egipto previamente, y sólo tuvieron que emplear la violencia en contadas ocasiones. Los musulmanes tan sólo hubieron de comprometerse a respetar tanto los bienes de la nobleza territorial, así como los dominios que esta poseía sobre territorios extensos. Se garantizó la libertad de los habitantes, se respetaron sus propiedades y se les permitió seguir ejerciendo su culto a cambio de tributos. Estos pactos son los que revelan la gran fragmentación; pactos que revelan que la aristocracia visigoda veló primero por sus intereses particulares abortando cualquier defensa de cualquier institución superior.

Veamos ahora en qué regiones operaron unos factores u otros dependiendo de su ubicación y lo integradas que estuvieron en el sistema administrativo romano y visigodo.

La marginalidad de la cuenca del Duero.

En este amplio espacio proliferaron las villae lujosas a partir del siglo III. Debido a esta cronología, son espacios que surgen cuando la romanidad comienza ya su inexorable declive y cuando se da inicio la Antigüedad Tardía. La amenaza de la nueva invasión y la emigración de la aristocracia visigoda que había posibilitado que esta región siguiese funcionando dan al traste con este espacio; la situación esclavista tocó a su fin al huir los “amos” y los campesinos permanecieron en estos espacios en situaciones de completa independencia de cualquier poder.

A esto tenemos que sumarle que la frontera andalusí nunca terminó de incluir este espacio, sino que más bien se quedó fijada en la vertiente sur del Sistema Central, mientras que en la cuenca del Duero se asentaron determinadas tribus bereberes que habían contribuido a la conquista debido a la excepcionalidad del territorio para la ganadería. El reino asturleonés tampoco comenzaría a integrar este espacio hasta ya la mitad del siglo X.

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Imagen 2. Núcleo originario del reino de Asturias y posterior expansión. Fuente: danielylosquince.blogspot.com

Esta situación es completamente antagónica a la que se vivió en la cuenca del Ebro y, por ende, en el noreste peninsular. Aquí teníamos importantes ciudades como Calahorra, Zaragoza, Lérida, Tortosa, Tarragona, Barcelona, etc. Esto revela la gran actividad romanizadora de este entorno y lo integrada que estaba esta región en una estructura administrativa superior, primero romana, después visigoda y finalmente musulmana. Pero a esta región nos acercaremos más adelante.

Los habitantes de las montañas. La transformación de la sociedad.

En estos territorios que se corresponden a los grupos humanos que residían en la Cordillera Cantábrica y los Pirineos, la romanización fue mucho más débil que en otros territorios; y así también lo fue la dominación islámica.

En estos territorios, dicha imposición se materializaba únicamente en la recaudación periódica de tributos posible gracias a una tibia e intermitente presencia militar concretada en guarniciones asentadas en pasos específicos y estratégicos, sobre todo en la cadena de fortificaciones visigodas posicionadas para controlar y someter a los cántabros siglos atrás. En el caso pirenaico, el control de los pasos fue decisivo sobre todo para proseguir la ofensiva hacia territorio franco o para repeler una contraofensiva.

Esta situación nos lleva a fijarnos en un detalle interesante. Parece que quienes asumen la iniciativa y el protagonismo de la expansión del siglo VIII no van a ser los pueblos que se habían incorporado plenamente en la estructura administrativa romano-visigoda sino esos pueblos insumisos que habían permanecido relativamente aislados que ahora experimentaban transformaciones sustanciosas.

El caso de la sociedad cántabra.

Está claro que, con la integración de este territorio en la órbita imperial, los pueblos astures y cántabros comienzan a tener acceso a sistemas de ordenación y de organización novedosos para ellos, así como también acceden a los sistemas de producción romanos.

Esto se materializa en la proliferación de villae productoras de recursos en Asturias y Cantabria, con un sistema esclavista muy poco arraigado según parece deducirse de los datos. Esta teoría, de la cual soy partidario, nos dice que este sistema de organización económica y social de grandes terratenientes propietarios puede haberse generado por la influencia romana pero no como resultado de la romanización; esto es, puede ser una evolución autóctona pero influenciada por elementos externos. La permeabilidad está clara, como también parece aceptado que al mismo tiempo que se desarrollan estos sistemas de producción basado en un modelo de villae, también existe población que va cambiando del modelo tradicional de familia extensa a modelos familiares más segmentados en el que la agricultura ha ganado mucho espacio junto a la ganadería tradicional.

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Imagen 3. Los pueblos cantabro-astures, más aislados, desarrollaron pronto unas técnicas productivas y una organización social que permitió su posterior expansión. Fuente: pinterest.com

Este modelo produce una clase terrateniente permeable a influencias externas y poseedora de grandes territorios frente a una base social campesina más reticente y apegada a los sistemas tradicionales. Un dualismo que no debemos olvidar para explicar el origen del reino astur desde una perspectiva de “herederos de la cultura romano-visigoda”. Un posible ejemplo son las primeras expediciones llevadas a cabo por Alfonso I y por su sucesor Fruela contra el valle del Duero; expediciones recogidas en la Crónica de Alfonso III y que tienen una enorme crueldad y afán depredatorio; elementos alejados de los cánones civilizadores y colonizadores de la romanidad.

La verdadera expansión no se producirá hasta el siglo IX, momento en el que quizá la sociedad astur-cántabra llegue a una cohesión interior que le permita expandirse hacia el sur, cohesión unida a la generalización de un sistema productivo basado en la agricultura y la ganadería totalmente sistematizado. También será este el momento en que se produzca la creación definitiva de la familia conyugal como unidad económica de explotación y que será la célula de las comunidades campesinas de este período, permitiendo una agricultura más productiva y de un crecimiento demográfico más rápido.

Los pueblos pirenaicos.

El contraste entre estos pueblos y el cántabro-astur está claro. Mientras que los pueblos cantábricos se encuentran en un estado de semi aislamiento, los pueblos de los Pirineos centrales y orientales se hallan entre dos zonas muy desarrolladas en época romana: el valle del Ebro y el sur de la Galia. Dos zonas estrechamente relacionadas y además bien comunicadas con vías que cruzan los valles pirenaicos y que servirían como polos irradiadores de la civilización romana.

Los visigodos del reino de Tolosa necesitaron afirmar su control sobre estos pasos para poder penetrar y asentarse en la Península, y los musulmanes trataron de controlarlos también para proseguir la conquista de la Galia o para prevenir ataques francos, quienes también hubieron de controlar estas vías de comunicación cuando establecieron la Marca Hispánica.

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Imagen 4. Los valles pirenaicos más inaccesibles fueron baluartes de grupos humanos que aún se movían en la organización tribal. Los pasos montañosos en cambio fueron muy disputados por carolingios, musulmanes y autóctonos. Fuente: abthirion.blogs.sudouest.fr

Esta situación entre dos formaciones políticas antagónicas propició que los valles pirenaicos se convirtieran en un lugar de refugio para los habitantes de comarcas vecinas y, en los altos valles aislados de las llanuras aún podemos encontrar sistemas tribales de organización social en pleno siglo X. Esta conjunción de habitantes propició que quienes ofrecieran resistencia a los musulmanes fueran individuos pertenecientes aún a ese orden tribal en los valles más aislados, habitantes hispanorromanos y visigodos de la llanura y el ejército carolingio, siempre pugnando por crear un colchón defensivo en los Pirineos.

Los vascones del Pirineo occidental también muestran diferencias respecto al resto de sus vecinos. Durante la época romana, Pamplona se convirtió en el núcleo urbano más importante de la región, con una función eminentemente militar y de vigilancia. La influencia romanizadora de la ciudad fue muy débil en la transformación del entorno, un entorno habitado por un sustrato de población rural que no modificó sus tradiciones, economía y estructura social. La crisis del Imperio dio al traste con la autoridad romana casi de manera instantánea; y Pamplona fue absorbida por el sustrato rural vascón; dividiéndose el territorio en demarcaciones repartidas entre jefes tribales. Los visigodos recuperaron la ciudad como foco de control de los levantiscos vascones y en ella establecieron una guarnición militar que capituló en el 718 al invasor musulmán. Pero esa capitulación no sometió a la población rural, que siguió enfrentándose a los musulmanes primero y a los carolingios después.

Dos sociedades, la vascona, la de los Pirineos orientales y la cántabro-astur, que evolucionaron de manera similar desde un sustrato indígena muy poco influenciado por romanos y visigodos hacia un tipo de sociedad unifamiliar y con una economía más desarrollada que posibilitaría los acontecimientos posteriores que seguiremos desgranando en más entradas.

Bibliografía:

MÍNGUEZ FERNÁNDEZ, JOSÉ MARÍA: La España de los siglos VI al XIII. Guerra, expansión y transformaciones, Editorial Nerea, 2004.

ISLA FREZ, AMANCIO: Ejército, sociedad y política en la Península Ibérica entre los siglos VIII-X, Editorial CSIC, 2010.