Un cambio en la percepción: De ser bárbaros a iguales.

Hemos estado viendo en entradas anteriores cómo los godos nacieron y se movieron por las tierras de Europa Oriental hasta llegar a las fronteras con Roma. También hemos visto la evolución en sus estructuras sociales y políticas desde que los romanos empezaran a hablar de ellos en el siglo I d.C. para pasar a ser poco a poco otra cosa diferente… ¿Cómo evolucionaron esas bandas de godos para pasar a ser un auténtico agente político reconocido por Roma? Vamos a descubrirlo.

Un sistema basado en relaciones desiguales.

Imagen 1. Jefes y nobles celtas discuten algún tipo de alianza o acción conjunta durante el Alto Imperio romano. Fuente: romaimperial.com.

Desde que Roma estableciese relaciones diplomáticas o militares con los germanos, éstas siempre habían sido fuertemente desiguales. Nunca se toleró que hubiera vecinos fuertes en las fronteras y, de ser así, se organizaban campañas para destruirlo, tal y como hizo Trajano contra los dacios en el siglo II d.C. Pero esto cambió casi por completo un siglo después.

Tal y como sabemos, Roma había logrado rechazar a los godos y a otros pueblos invasores en el siglo III, pero cuando el Imperio firmó un primer foedus con un grupo de godos en el 332 d.C., ya iniciado el siglo IV, no sólo se estaba reconociendo a aquel grupo de godos como un aliado, sino que se le trataba por tanto en igualdad de condiciones y se le reconocía como interlocutor reconocido de cara a tratar con otros pueblos bárbaros. ¿Qué ha pasado aquí?

Todos sabemos lo que supusieron las invasiones del siglo V para el Imperio romano, pero nadie suele detenerse en las del siglo III y en el esfuerzo titánico que Roma hubo de hacer para rechazarlas movilizando ingentes cantidades de hombres y recursos. Entonces, ¿por qué Roma encajó mejor las invasiones del siglo III que las del siglo V? Tal y como comenta José Soto, se trató únicamente de la férrea voluntad de resistir de los romanos del siglo III, mientras que esa voluntad no fue tan firme dos siglos después.

Imagen 2. Asalto bárbaro al limes romano, seguramente en el Danubio, en las invasiones del siglo III. Fuente: arrecaballo.es.

Los bárbaros del siglo III eran igual de fieros y numerosos que los del siglo V; lo que sí es cierto es que su organización no estaba tan afianzada como en momentos posteriores, así como, por paradójico que pueda resultar, su grado de romanización.

Los romanos del siglo III, en cambio, tenían una gran voluntad de resistir, pero, además, el Imperio contó con emperadores tan vivaces y combativos como Claudio II o Aureliano; figuras claves en la lucha contra los invasores. La Roma del siglo III confió mucho más en sí misma y en su capacidad de sobreponerse a los germanos que la Roma del siglo V, mucho más titubeante y dependiente de los propios germanos para su subsistencia, concretamente de los godos.

Como último elemento de génesis de los tervingios tenemos que mencionar que fueron los propios emperadores romanos, sobre todo Constantino, el que estabilizó la situación de anarquía que los bárbaros tenían a través del reconocimiento de jueces y jefes guerreros entre los godos para que éstos sobresalieran en su sociedad y pudieran organizarla de algún modo, logrando así controlar mucho mejor a esos pueblos organizados en grandes núcleos que no en pequeñas bandas guerreras incontrolables y anárquicas como había sido hasta ese momento.

¿Qué ha cambiado tanto?

Imagen 3. Invasiones bárbaras del siglo III d.C. en ambas partes del Imperio. Fuente: arrecaballo.es.

Si nos retrotraemos brevemente, a inicios del siglo III los godos eran habitantes de pequeños asentamientos en régimen de subsistencia, mientras que en el siglo IV nos hallamos con grandes aldeas que, en muchos casos, explotan sus recursos de manera muy avanzada a imagen y semejanza del Imperio. Y no sólo eran asentamientos dedicados al campo, sino que también producían artículos para exportar mientras importaban otros. Ya no estamos ante los pobres godos del Báltico, sino ante sociedades que consumen y producen objetos de gran calidad. La arqueología nos muestra cómo la tierra se trabajaba ya con arados con reja de hierro y cómo se roturaban nuevas tierras; con el incremento de población correspondiente. No sólo eso, sino que, como muestra José Soto, en la actual Ucrania, había una auténtica “factoría” dedicada a la producción de herramientas y armas de hierro; encontrándose allí restos de 15 herrerías agrupadas donde trabajarían al menos 45 artesanos produciendo objetos que se exportaban muy lejos. Y, como en el caso del hierro, también tenemos ejemplos de producción de ánforas, joyas, vidrio y textiles. ¿Y cómo habían cambiado tanto en apenas un siglo?

Pues, como es lógico pensar, a través de las invasiones, ya que lo primero que éstas facilitaron fue el mestizaje tanto bárbaro en el interior de estas sociedades como en el cautiverio de romanos que fueron llevados a sus asentamientos más allá del Danubio. La convivencia de estos cautivos de origen romano junto con los señores godos fomentó que se produjeran estos cambios de manera tan rápida, ya que los conocimientos de estos se emplearon en el campo y en la producción artesanal.

Esa influencia romana se produjo no sólo en lo económico, sino también en lo cultural. Es ahora cuando comienza a extenderse entre los godos el cristianismo romano, siendo el principal promotor del mismo el nieto de unos cautivos romanos apresados en el 257. Hablamos de Ulfilas, que significa “el pequeño lobo” en lengua goda; y que este romano de pura cepa recibiera un nombre godo refleja esa nueva realidad del mestizaje entre sociedades que estamos poniendo en evidencia. Ulfilas, que nació hacia el 311, conocía el latín, el griego y la lengua goda, lo que refleja que los cautivos romanos gozaban de cierta autonomía educativa y cultural a pesar de que sus señores godos seguían siendo paganos.

Imagen 4. Grabado de 1890 que muestra al obispo arriano Ulfilas enseñando la fe y los Evangelios a varios caudillos godos. La importancia de Ulfilas en el devenir político y cultural de los visigodos fue indiscutible. Fuente: wikimedia.org.

La cristianización de Gotia se convirtió en un factor a tener muy en cuenta de cara a las relaciones políticas entre los godos y el Imperio para tener un elemento común de cara a las negociaciones. Así lo interpretaron también los señores godos, pues cuando las relaciones con Roma eran cordiales no estorbaban a los cristianos, pero cuando éstas no eran buenas, perseguían a los cristianos como medida de presión. Así que Ulfilas jugó un papel fundamental al traducir a la lengua goda los Evangelios, y este hecho refleja que había suficientes y potenciales oyentes que leyeran y escucharan sus palabras.

¿Y qué sucede con las transformaciones políticas?

Lo primero que tenemos que tener presente es que, a lo largo del siglo III vemos numerosos ataques de bandas germánicas a territorio romano encabezadas por líderes que van y vienen, es decir, no son gobernantes que dejen un legado o que amplíen alguno existente; simplemente se dedican al pillaje y no tienen relevancia política alguna. En segundo lugar, las fuentes primarias desmienten a Jordanes y a la historiografía tradicional en tanto que ni los tervingios ni los greutungos eran antecesores directos de visigodos y ostrogodos, ni estas eran las dos únicas realidades godas del siglo IV. Para no alargar mucho este hecho con demasiados ejemplos, podemos afirmar que, siguiendo las fuentes, en apenas 20 años nos encontramos con ocho jefes o reyes godos independientes entre sí y que no se sucedieron unos a otros; de hecho, ni siquiera tenían lazos familiares entre ellos. También parece secundar esto la arqueología, ya que entre finales del siglo III e inicios del IV se han hallado media docena de grandes complejos fortificados que parecen haber sido el centro político de otras tantas jefaturas.

Imagen 5. Detalle del sarcófago Ludovisi, donde se muestra probablemente a Claudio II el Gótico o a Galieno en una de sus victorias sobre los germanos en el siglo III. Fuente: pinterest.es.

La realidad política de los tervingios y los greutungos parece haberse gestado a mediados del siglo III en pleno apogeo de los ataques godos al Imperio, y aunque posteriormente se convirtieron en realidades poderosas, no fueron ni uniformes ni tampoco las únicas de las formaciones godas, fueron simplemente las más vistosas formaciones godas para los romanos.

¿Qué papel jugaron entonces los tervingios en el nacimiento de los visigodos? Pues desde luego jugaron un papel importante en su nacimiento, pero desde luego no fue ni el único ni el más decisivo. Podemos ver cómo los godos de Alarico, el primer y auténtico “rey visigodo”, estaban conformados por varios grupos de origen tervingio y también greutungo. Además, había numerosos elementos étnicos de origen alano y huno, taifales y masas de romanos de dispar origen. Nos encontramos, en definitiva, ante una realidad muy alejada de la homogeneidad historiográfica del siglo XIX y de principios del siglo XX, tiempos en que se presentaban las invasiones germánicas como una especie de “inyección racial” visigoda donde unos vigorosos y apuestos germanos renovaron la decadencia romana.

Tendremos que seguir recorriendo unas pocas cuestiones más para comprender bien el nacimiento de los visigodos, ¿Cómo y cuando surgieron los tervingios? ¿Cómo se gestó entre ellos una dinastía real? ¿Qué relación tenían con los visigodos de Alarico?

Bibliografía:

Imagen de cabecera: Vista del castillo Devin, en Eslovaquia, en el limes danubiano.

Jiménez Garnica, Ana Mª. (2010): Nuevas gentes, nuevo Imperio: los godos y Occidente en el siglo V, Editorial UNED, Madrid.

Sanz Serrano, R. (2009): Historia de los godos, una epopeya histórica de Escandinavia a Toledo, La Esfera de los Libros, Madrid.

Soto Chica, J. (2020): Los visigodos. Hijos de un dios furioso, Desperta Ferro Ediciones, Madrid.

Reseña de “Adrianópolis”, Desperta Ferro. Antes de la batalla.

¡Volvemos a la carga germanos! Pido disculpas por este largo parón al que he tenido sometido el blog y también a todos vosotros, que me seguís por el interés que demostráis en lo que aquí se publica. El trabajo, los estudios del máster y la falta de tiempo han provocado ese parón, pero con esta primera de dos reseñas que pretendo llevar a cabo acerca del número 50 de Desperta Ferro quiero volver a dar vida al blog. De nuevo, ¡muchas gracias por estar ahí! Continúa leyendo Reseña de “Adrianópolis”, Desperta Ferro. Antes de la batalla.