Hoy nos adentramos en la Historia malagueña para rescatar a un personaje que puso en jaque a los emires de Córdoba y que logró levantar un reino independiente a costa de las guerrillas, jugar al gato y al ratón con el poder central y establecer una sede de poder en Bobastro (Ardales). La importancia de rescatar a Umar ibn Hafsún radica en la importancia que tuvo como «inspirador» del emir Abderramán III —califa desde 929— para construir el castillo originario de Álora y de la medina como tal.
Umar ibn Hafsún, su historia.
Según la historiografía, se presupone como cierto que Umar ibn Hafsun nació al oeste de la actual provincia de Málaga, concretamente en la Serranía de Ronda, durante el emirato independiente de Córdoba, en el seno de una familia de terratenientes de origen visigodo (Martínez Enamorado, 1997). De este modo, Umar, era muladí de nacimiento —nombre que recibían los descendientes de los cristianos convertidos al islam—.
Parece que nuestro protagonista se convirtió en rebelde debido a un incidente que le ocurrió cuando descubrió que un pastor bereber le estaba robando el ganado a su abuelo. Umar se enfrentó a él, matándolo, y tras este asesinato hubo de escapar al norte de África, convirtiéndose en aprendiz de sastre hasta que, animado por otro muladí y teóricamente animado por la profecía de un anciano, decidió volver aprovechando el creciente caos interno de al-Ándalus. Es entonces cuando asienta su cuartel general en las Mesas de Villaverde y da inicio a su enfrentamiento particular contra el poder cordobés en 878.
¿Por qué elegir Bobastro? La organización del territorio.
Es un error entender Bobastro desde una perspectiva aislada, como si sólo de la famosa iglesia rupestre y de la alcazaba se tratara. Todo el yacimiento arqueológico, que está englobado en las Mesas de Villaverde, está subordinado en espacios jerarquizados según un orden de importancia. Así las cosas, podemos diferenciar tres áreas bien jerarquizadas: El recinto principal o alcazaba, junto al embalse de la Encantada, un segundo recinto caracterizado por los espacios sacros que se conocen y por un sistema de hábitat disperso de carácter rupestre y finalmente se encuentra toda la red de fortificaciones rurales que a modo de cinturón protegen los diversos accesos a la alcazaba principal. Fuera de ese perímetro del área de influencia de Bobastro se encontraría todo el territorio del que los sublevados obtendrían su sustento y donde pondrían en práctica la rapiña, como sucedió con en la cercana población de Ardales o en el Valle de Abdalajís. Parece que los de Bobastro también tuvieron un control directo por un breve espacio de tiempo de Álora, cuyo castillo fue mandado construir por Abderramán III precisamente para cercar a los sublevados, tal y como comentamos en una entrada anterior.
Debía ser complicado residir en el ámbito de influencia de Bobastro. Salta a simple vista lo agreste de todo el terreno, con acusados desniveles por todas partes que obligarían a establecer el poblamiento en terrazas. Las numerosas cuevas acondicionadas para un uso residencial atestiguan que, por lo general, las casas contaban con dos plantas, siendo la primera la puramente residencial y la segunda un granero. Es frecuente encontrar canteras de bloques de arenisca al aire libre junto a las casas o dentro de las mismas, pues el mismo proceso de vaciado de las cuevas y de adaptación del entorno podía servir también para obtener materia prima necesaria para construcciones de mayor envergadura como el alcázar, el monasterio rupestre, fortificaciones o construcciones edificadas ex novo de cualquier otra índole. Parece también que esta extracción de bloques por los particulares de las viviendas era contemplada como un pago de impuestos en especie al señor por su protección; mecanismo intrínseco al proceso de feudalización que se había iniciado ya en los últimos momentos del reino visigodo y que, sin duda, continuaba desarrollándose en los núcleos cristianos del norte.
La principal actividad económica de las gentes que habitaron estos montes se basaría en la ganadería, ya que el suelo rocoso no posee un horizonte cultivable, como tampoco lo permite la escarpada orografía. Además, la conservación de caminos ganaderos así lo atestiguan.
Hay una particularidad que debemos otorgar a este asentamiento y la razón de su creación. Bobastro surge sin aparente planificación urbanística, no surge como consecuencia de una confluencia de transacciones comerciales patrocinadas por el poder o surgidas por sí mismas. Tampoco responde a una evolución continuada de poblamiento, sino que Bobastro surgió debido a la actividad depredatoria de Umar ibn Hafsún; Bobastro es el reflejo de su fundador al respecto de su nacimiento y organización urbanística, y los autores contemporáneos no dudarán en afirmar que “Bobastro se construye con los despojos de la sociedad islámica” (Martínez Enamorado, 1997), algo que nos da definitivamente la pista necesaria para entender que la madina surge por el deseo expreso del rebelde y no porque allí hubiera algo que evolucionó para dar lugar a este fenómeno o que facilitó su creación.

¿Quiénes habitaban en Bobastro?
Si bien las fuentes son muy reacias a proporcionar información al respecto, parece que en torno a Umar se encontraban los ashab, los más allegados. Eran concretamente tres según las fuentes: Ya’ far b. Maqsim, ‘Abd Allah b. Asbag b. Nabn y Wadinas b. Attaf. Estos eran los tres dirigentes de la revuelta junto a Umar ibn Hafsún aunque también tendremos noticias de algún otro personaje dependiendo de las circunstancias, tal es el caso de Yahya b. Zakariyya’ b. Anatuluh, que abandonó a Umar cuando éste se convirtió al cristianismo y se pasó al emirato, aportando valiosa información al emir y siendo el artífice de la conquista para Córdoba de plazas que apoyaron al rebelde como Coín, Fuengirola, Estepona, Morón, El Nicio y Cerro Torrón. Esta “élite de malhechores”, según las fuentes, supondría un círculo muy restringido y seguramente no todos estarían en Bobastro, sino que seguramente algunos habitarían los husun o castillos defensivos establecidos alrededor del asentamiento principal.

El grueso de la población es otra historia. Allí residieron los cristianos y muladíes que quisieron apoyar la causa del rebelde, y, en palabras de ibn al Jatib “apoderándose de la qal ‘a —el ámbito urbano— todos cuantos, cristianos y muladíes, vivían en torno a ella” (Martínez Enamorado, 1997). Esta referencia explícita a cristianos y muladíes nos hace pensar que el entorno del valle del Guadalhorce estaría poblado por elementos autóctonos previos a la invasión musulmana como población hispanogoda pero también bereberes de la conquista. Población que se vería atraída por las oportunidades que ofrecía el botín así como por aquellos que preferían un control personal y más directo antes que al lejano emir cordobés. Como se puede comprobar, la dinámica poblacional de Bobastro difiere diametralmente de la dinámica islámica: en la primera, la gente se aglutina en torno a un jefe y su séquito de cariz feudal, mientras que en la segunda, la gente se aglutina en torno a la ciudad y a la protección del Estado.
El obispado de Bobastro.

Desde un punto de vista estrictamente formal, Bobastro se configuró como un ente urbano al disponer de una alcazaba que controlaba su entorno más inmediato y que poseía un territorio y una población que dependía de ella. Bien es cierto que no heredó el modelo de civitas clásico ni el modelo de madina musulmán, pero en las mesas de Villaverde el hecho urbano es arqueológicamente constatable. Así pues, el proyecto político de Umar llevaba aparejado un hecho urbano, aunque más de forma nominal que real en cuanto a las funciones. Es aquí donde entra el proyecto ideológico de ibn Hafsún y su conversión al cristianismo, ya que la fundación de un obispado ex novo contribuyó a alimentar la polémica surgida en el seno de la Iglesia hispana al respecto de una facción más colaboracionista con la autoridad del emir encarnada en el obispo de Málaga, Hostegesis, y una facción más reacia a colaborar con el Estado, como es el caso de algunos eclesiásticos y personajes cordobeses (Martínez Enamorado, 2004).

La creación de un obispado atrajo las simpatías de eclesiásticos rurales y de aquellos otros miembros de la Iglesia que eran detractores de colaborar con el poder y la religión musulmanes. La distinción entre sede episcopal y centro urbano había desaparecido tras la conquista islámica, pero no había desaparecido para la población hispana, que veía como algo absolutamente necesario la existencia de ambos elementos para que se desarrollara la vida pública urbana. Bobastro pues, ofrecía a cristianos y muladíes la certeza y la continuación de una ciudad de tradición típicamente visigoda en pleno emirato cordobés.
A pesar de que esta consecuencia era lógica respecto a la ideología de ibn Hafsún, no la entendieron como lógica todos sus partidarios musulmanes que se rebelaban contra la centralidad cordobesa pero no así contra la religión islámica, y muchos de los partidarios de Umar desertaron, entre ellos el ashab al que hacíamos mención anteriormente. Esta circunstancia, unida a la toma de la iniciativa por Abderramán III, propiciará una larga guerra de desgaste contra Umar y finalmente la conquista y destrucción de Bobastro encarnadas en su hijo casi diez años después de la muerte del gran rebelde muladí.
Bibliografía.
ACIÉN ALMANSA, M.P.: “Algunas consideraciones sobre los mozárabes de al-Andalus”, en Studia Historica. Historia Medieval, pp. 23-36, vol. 27, 2009.
MARTÍNEZ ENAMORADO, V.: “Bobastro (Ardales, Málaga): una madina para un »rebelde»”. En Qurtuba: Estudios andalusíes, pp. 123-147, vol. 2, 1997.
MARTÍNEZ ENAMORADO, V.: “Algunas consideraciones espaciales y toponímicas sobre Bobastro”. En Al-qantara: Revista de estudios árabes, pp. 59-78, vol. 17, fasc. 1, 1997.
MARTÍNEZ ENAMORADO, V.: “Sobre las ‘cuidadas iglesias’ de Ibn Hafsun. Estudio de la basílica hallada en la ciudad de Bobastro (Ardales, Málaga)”, en Madrider Mitteilungen, pp. 507-531, vol. 45, 2004.