La feudalización del condado de Barcelona y su política exterior

Tras haber descrito las características y la formación de los primeros núcleos cristianos peninsulares a lo largo de la Alta Edad Media, incluidos los condados pirenaicos englobados en la Marca Hispánica, nos detendremos en esta entrada en el desarrollo político del condado de Barcelona y cómo afianzó su dominio en el noreste peninsular y en el sureste francés ante la imposibilidad de desarrollarse a través de conquistas en la Península Ibérica.

La consolidación del feudalismo.

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Imagen 1. Mapa de los condados catalanes y de su respectiva extensión entre los siglos IX y XI. Fuente: pinterest.es

El triunfo de Ramón Berenguer I sobre la nobleza barcelonesa rebelde encabezada por Mir Geribert en 1058, había supuesto la desarticulación de la revuelta y el triunfo del conde. Pero esta derrota no conllevó la eliminación de las tendencias representadas por la nobleza y no se materializó en un claro triunfo de los postulados políticos del conde que, en teoría, deberían resumirse en la restauración de la potestad pública altomedieval que ostentaba. En su lugar, los rebeldes se sometieron a la justicia condal que les impuso penas económicas, pero simplemente simbólicas, y es que lo importante para el conde es recuperar la fidelidad de la nobleza basada ahora en un pacto personal que regula las relaciones entre ambas partes. Estos pactos se materializaron en las convenientiae, donde la nobleza especificaba las condiciones de su sometimiento al conde.

A través de estas convenientiae se fue consumando en el condado de Barcelona la implantación de la estructura política feudal y, en último término, las reivindicaciones de la nobleza. Pero este triunfo político puede justificarse sólo por la existencia de un sólido soporte social. A este respecto es preciso insistir en el proceso de feudalización que ya se había iniciado en las últimas décadas del siglo X y que se afirma a lo largo del siglo XI.

Ramón Berenguer I - Wikipedia, la enciclopedia libre

Imagen 2. Representación de Ramón Berenguer I (1023-1076), llamado “El Viejo”. Fuente: wikimedia.org

Desde los años sesenta del siglo XI hasta la unificación política con el reino de Aragón, el condado de Barcelona quedó inmerso en un proceso de feudalización interior y de expansión limitada al entorno inmediato; es decir, la afirmación de su hegemonía entre los condados de la antigua Marca Hispánica y la expansión al norte de los Pirineos. El mismo año de la derrota de Mir Geribert se desplegó una agresión contra el reino de Zaragoza para respetar a los reinos de Lérida y Tortosa, tributarios de Barcelona. Pero el objetivo no es la conquista de este reino sino la imposición de nuevas parias, un planteamiento seguido también por los demás reinos cristianos peninsulares. Esta codicia por las parias obedece a condicionamientos de carácter económico, social y político comunes a un crecimiento demográfico y de la producción de las entidades cristianas. En el caso barcelonés, son esas parias las que consiguen que el conde goce de la fidelidad de la nobleza. Nos encontramos por tanto ante la reafirmación de la autoridad condal aunque ahora esta autoridad se basa en un acuerdo con la nobleza mientras el conde sea un personaje fuerte a nivel militar y económico.

La superioridad del conde de Barcelona va a trascender pronto los límites del condado para imponerse al resto de los condes de la antigua Marca Hispánica, pues poco a poco los distintos condes van a ir prestando homenaje al conde de Barcelona y a estar bajo su influencia. El primero de ellos fue el conde de Urgel Armengol I, seguido por los condes de Besalú, Cerdaña, Pallars, Ampurias y Rosellón. Pero no debemos interpretar que estos condes se convertían en vasallos del conde de Barcelona, ya que las convenientiae establecían una especie de alianza militar entre iguales a nivel político, si bien todos ellos reconocían la superioridad del conde de Barcelona.

La hegemonía barcelonesa se verá sacudida por la grave crisis de prestigio provocada en 1082 por el asesinato del conde Ramón Berenguer II presuntamente a manos de su hermano Berenguer Ramón II, que cogobernaba con él el condado. Una crisis interna que agravó seriamente las dificultades a las que habitualmente tenía que enfrentarse el condado de Barcelona y que lo mantenían encerrado en unos límites ciertamente angostos. Esas dificultades podemos sintetizarlas en la política pacifista que condicionaba las relaciones con los reinos musulmanes, pues la percepción regular de las parias ocupaba un lugar preferente en la actividad de los príncipes cristianos pero sobre todo de los condes de Barcelona, que dependían de ellas hasta el punto de subordinar toda su política expansiva frente al Islam al mantenimiento de esos ingresos como así parece deducirse en la política exterior barcelonesa entre 1010 y 1090, ochenta años en los que apenas se produjeron avances colonizadores sobre territorio musulmán.

La feudalización de la frontera.

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Imagen 3. Diner de Berenguer Ramón II “El fratricida”, por haber asesinado a su hermano mellizo Ramón Berenguer II con el que cogobernaba el condado de Barceona. Fuente: aureocalico.bidinside.com

Pero esa política pacifista llevada a sus extremos planteó una situación que reflejó perfectamente el antagonismo entre la nobleza y la burguesía por un lado y el campesinado por otro. Si echamos la vista hacia atrás podemos recordar que a lo largo del siglo X, en el reino de León, se había venido produciendo la colonización de la Extremadura del Duero, un hecho que tiene su explicación en la resistencia del campesinado a someterse a la nobleza asturleonesa. Pero esa situación era bastante distinta en los condados del noreste peninsular. Hay un factor que, en teoría, debería haber propiciado una intensa colonización fronteriza como era la superior densidad de ocupación de estos condados que debía traducirse en una presión mayor sobre los territorios fronterizos muy superior a la del Duero; pero a pesar de ello esa colonización no se produjo o, al menos, no se produjo con la misma intensidad. Y es que aquí la frontera se presenta como un punto de convergencia del expansionismo campesino y, al mismo tiempo, del freno debido a no mostrar hostilidad hacia los vecinos andalusíes. Es por esto que asistimos a la imposibilidad del campesinado de colonizar nuevos espacios marginales, lo que le cierra una vía de escape muy importante para escapar de la feudalización creciente.

A esto hemos de sumarle la presencia de la nobleza en la propia frontera, una nobleza que también estaba experimentando los efectos de la saturación del espacio interior. Y es que desde el año 1010, las dificultades de expansión territorial estaban al menos compensadas por el aporte de ingresos de las campañas; pero cuando esas campañas dejaron de producirse, la nobleza tratará de mantener la cuantía de esos ingresos intensificando el control sobre la colonización de la frontera, convirtiéndose desde este momento en un foco particularmente activo de feudalización social.

El choque con los intereses de León.

Otro obstáculo nada desdeñable para la expansión barcelonesa es la confluencia de los intereses castellano-leoneses en la zona del Ebro. Zaragoza había estado siempre en el punto de mira de la expansión castellana, y esta estrecha relación es la que explica que años después Rodrigo Díaz, el Cid Campeador, ofrezca sus servicios a los reyes de Zaragoza una vez fuese desterrado del reino de Castilla por Alfonso VI.

Berenguer Ramón II se hallaba ante una difícil alternativa, pues tras la muerte de su hermano, las acciones militares se le planteaban como una necesidad personal en cuanto que eran la única forma de hacer olvidar las graves sospechas de fratricidio que pendían sobre él y que estaban debilitando su posición. Pero claro, una agresión a Zaragoza o Valencia —también bajo protección leonesa— le llevaría a un enfrentamiento irremediable con el reino de León, que era la primera potencia política y militar de la Península Ibérica.

SIDI - Historical Outline

Imagen 4. Magnífica representación de un caballero que se corresponde con Rodrigo Díaz de Vivar, “El Cid Campeador”, realizada por Ferrer Dalmau. Fuente: augustoferrerdalmau.com

La primera ocasión se presentó en 1082, pues muerto al-Muqtadir en Zaragoza fue sucedido por sus hijos: al- Mutamin en Zaragoza y al-Hachib en Lérida, Tortosa y Denia. La lucha entre ambos hermanos sirvió al conde de Barcelona y a Sancho Ramírez de Aragón como pretexto para prestar su ayuda al segundo. Pero Berenguer Ramón II temía que enfrentarse a las tropas del Cid, aunque desterrado ya, supusiera atentar contra los intereses castellanos en la zona. A pesar de ello sitió el castillo de Almenar junto a las tropas navarras y, en efecto, Rodrigo Díaz acudió en ayuda del rey de Zaragoza, obligando a levantar el sitio y capturando en combate al propio conde de Barcelona a quien liberó poco después.

El episodio se repitió en 1090 pero con un cambio de contexto, pues Alfonso VI había sido sonoramente derrotado en Sagrajas por los almorávides y su prestigio se tambaleaba. Por ello los reyes taifas que estaban sujetos a parias con el leonés trataban de sacudirse su dominio, dando lugar a una situación de debilidad que favorecía los intereses tanto del rey taifa de Lérida como del conde de Barcelona, y ambos amenazaron Valencia. La ciudad recibió la ayuda del Cid, sucumbiendo las tropas condales ante las mesnadas del caballero en la batalla de Tévar en 1090. Berenguer Ramón II fue de nuevo apresado por el Cid.

En el acuerdo de Daroca que se formalizó entre el Cid y el conde para que éste fuera liberado se estipulaba la liberación a cambio de que el conde renunciara definitivamente a sus pretensiones sobre Valencia y, seguramente, a las parias que percibía de Lérida y Tortosa. Así pues, el acuerdo de Daroca cortaba definitivamente el flujo de parias hacia el condado de Barcelona y truncaba las posibilidades barcelonesas de expansión territorial y política hacia el Ebro y hacia el Levante. En 1092 el conde trataría de resarcirse de la derrota y atacó Tortosa, pero el fracaso volvió a golpearle en un momento en que su supervivencia política estaba ya muy cuestionada. No parece casualidad que al poco tiempo de estos fracasos, concretamente en 1096, un grupo de nobles barceloneses acusaran formalmente a Berenguer Ramón II del fratricidio de su hermano Ramón Berenguer. El conde fue retado ante la corte del rey leonés Alfonso VI y allí hubo de comparecer para defender su inocencia en un duelo judicial. El conde perdió el duelo, fue declarado homicida y tuvo que exiliarse a Tierra Santa, donde moriría poco después.

Castillo Mayor de Daroca » Castillos del Olvido

Imagen 5. Castillo de Daroca. En esta villa se formalizó el acuerdo entre Berenguer Ramón II y el Cid Campeador mediante el cual el conde de Barcelona renunciaba a la expansión meridional del condado de Barcelona, teniendo que mirar más allá de los Pirineos para la expansión catalana. Fuente: castillosdelolvido.com

La cosa no fue mejor para el reino castellano-leonés, pues la expansión almorávide avanzaba imparable. En 1102 Alfonso VI tuvo que abandonar Valencia, en 1108 caían los ejércitos castellanos en Uclés, perdiéndose la plaza del mismo nombre, Huete, Ocaña, Cuenca y la propia Toledo se halló en grave peligro. En 1110 caía finalmente Zaragoza. A pesar de todo, el poder almorávide estaba cimentado en unas bases demasiado frágiles y por ello se abrieron pronto grietas profundas que pusieron al poder almorávide a merced de las monarquías feudales del norte peninsular.

El sucesor del conde barcelonés, Ramón Berenguer III (1096-1131), hijo del conde asesinado y padre de uno de los protagonistas de la unificación catalano-aragonesa, llevó a cabo una exitosa campaña de aumento de influencia en el interior de los dominios condales a través de la anexión de Besalú y la Cerdaña y la expansión al norte de los Pirineos, concretamente al sureste francés que terminó por dominar sin dejar de rivalizar con un nuevo y poderoso enemigo, el condado de Tolosa.

Bibliografía:

MÍNGUEZ FERNÁNDEZ, J. Mª (2004).: La España de los siglos VI al XIII. Guerra, expansión y transformaciones, Editorial Nerea.

ORSI, M. (2004): “La guerra medieval en la Península Ibérica” en La Reconquista. Desperta Ferro Antigua y Medieval, Nº13, Madrid.

Publicado por

Liubagild

Me llamo Miguel Ángel Municio Castro y soy historiador, arqueólogo y docente de Geografía e Historia en ESO y Bachillerato. La historia de este blog se remonta a 2014, cuando decidí iniciar un proyecto de divulgación histórica para que el gran público conociera y comprendiera aquello que llaman Antigüedad Tardía, un período que va desde el siglo IV al siglo VII d.C. y que todavía hoy no se conoce mucho, incluyéndose de forma errónea en la Edad Media. Poco a poco fui ampliando el repertorio a la Edad Media, y cuando me convertí en docente decidí abarcar también toda mi disciplina con entradas de Geografía e Historia del Arte para que mi alumnado, además del gran público, tuviera un lugar de referencia de cara a su formación. Y aquí estoy, aprendiendo cada día un poquito más para compartirlo contigo. ¡Espero que disfrutes tu visita en Romana Insolentia!

2 comentarios en “La feudalización del condado de Barcelona y su política exterior”

  1. Sono Arba Sergio un indipendentista sardo appassionato di archeologia ed ho lavorato nella direzione tecnica nei cantieri finendo poi come lavoro in un parco, oltretutto pratico forme artistiche sperimentali…archeologia e storia sono due materie inscindibili e la sua ottima e affascinante spiegazione ne e’ la conferma. complimenti!

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