El culto a Odín en el pueblo longobardo

En la anterior entrada hicimos un primer acercamiento al pueblo longobardo a través de su origen y posterior migración hacia el sur, hasta desembocar en Italia. Realizamos una distinción entre los orígenes mitológicos narrados por Paulo Diacono y los probables orígenes históricos de este pueblo, que se concretarían en un conjunto de tribus o pueblos capitaneados por una élite longobarda. Es menester realizar en esta entrada un acercamiento al culto del dios Wotan/Odín, que para este pueblo supuso, en teoría, la adopción incluso de su nombre como pueblo: “los de las largas barbas”.

Odín como divinidad primaria.

Lo que es innegable es que el culto a Odín estaba ampliamente difundido entre los pueblos germánicos; y las fuentes romanas lo asimilan a Hércules o a Mercurio. En la mitología nórdica en particular, Odín es representado como el más importante de los dioses, como lo sería Júpiter o Zeus en la mitología grecorromana. Tiene como rasgo curioso que habla siempre en verso, nunca en prosa; y fue este dios el que transmitió el conocimiento de este arte a los hombres y al resto de dioses. También se le conoce con el nombre de Bölverk y puede cambiar de forma a águila, lobo y cuervo. Era el dios de la magia y la sabiduría, y en Escandinavia la poesía se consideraba proveniente de él y por tanto sagrada. Los chamanes podían entrar en trance y así llegar a estar en comunión con la divinidad, siendo la lanza el arma favorita del dios, pues recibía la denominación de “señor de la lanza”.

Imagen 1. Odín con la lanza gungnir acompañado de Huginn y Muninn. Vía: wikimedia.org

Su lanza preferida era Gungnir que, según Snorri Sturluson, estaba fabricada por los enanos. Según la Saga Ynglinga, Odín es representado como un rey mortal de origen sueco que, antes de morir, se acompaña de su lanza para así poder entrar al mundo de los dioses. Además de ser dios de la poesía, de la magia y la sabiduría, era también el dios de los muertos y de la horca, e inspiraba terror en esta faceta.

Procopio cuenta que era costumbre ofrecer al dios en sacrificio al primer prisionero de una batalla, o bien lo colgaban de un árbol o bien le lanzaban espinas. Jordanes cuenta cómo entre los godos esta tradición también era similar. El propio Odín se colgó del árbol de la vida, Yggschall, un sacrificio de un dios entre dioses que fue visto por el cristianismo como un suceso similar al de Cristo. Después del sacrificio, Odín se convirtió en el dios de la magia y la sabiduría, lo que sucedió con Cristo, que se sacrificó a sí mismo por el bien de la Humanidad y después resucitó. Odín en cambio permaneció colgado del árbol durante nueve noches, y en cada una de ellas aprendió canciones increíbles —hechizos— del hijo de Bolthorn. De este modo cuando los vikingos entraron en contacto con el cristianismo y vieron a Cristo, lo identificaron enseguida con Odín.

Esta ceremonia del renacimiento era practicada por los chamanes ugro-fineses, que tras morir y renacer tomaban otro nombre; algo parecido a los longobardos ante la difícil batalla que libraron contra los vándalos, Odín les cambió el nombre y los hizo renacer.

Odín como dios de la guerra.

Muchos poetas y escaldos llaman a Odín el dios de la guerra, hnikar, o también como “el hombre que invita a la batalla, hnikudr. Pero el dios no encarna el prototipo de caballero sino todo lo opuesto, es malvado, esquivo y siniestro, y de la misma manera incita el conflicto entre personas o incluso entre hermanos. También se le llama dios de la guerra y portador de la victoria, hyndluljod, así como juez y creador de la victoria.

Es el protector de los héroes legendarios a los que les enseña las estrategias de la invencibilidad; además de proteger el ámbito familiar y todo aquello que es ilustre. Por ello muchos héroes son vistos como el propio Odín encarnado.

Así, los caídos en la batalla se incorporan a la hueste de Odín en el Valhalla; y una vez han entrado en la hueste deben combatir para prepararse para la batalla final del Ragnarok, la batalla final entre el bien y el mal. Odín cabalga un caballo muy hermoso, Sleipnir, que tiene ocho patas, y en sus hombros lleva dos cuervos, Huginn y Muninn, la conciencia y la voluntad. También se conoce al dios como “dios de los cuervos”, hrafnagud. También posee además dos lobos Geri y Freki, que como sucede con los cuervos, son dos guerreros caídos en batalla. La forma de lobo es la que más caracteriza a Odín como dios de la muerte y la destrucción.

Así pues, el culto a Odín está muy ligado a la batalla y a la guerra, así como a los sacrificios humanos, que mueren en su nombre para engrosar su hueste y así demostrar su valía en la batalla.

Imagen 2. La caza salvaje de Odín era un terrible fenómeno que sucedía en invierno y que podía acabar con aquellos que no se hubieran escondido a tiempo antes de verla aparecer. Esta tradición pagana fue recogida y adaptada después por el cristianismo. La obra se titula “The wild hunt: Asgardsreien” pintada por Peter Nicolai Arbo en 1872. Fuente: wikimedia.org

Odín y su relación con los longobardos.

Vimos en la entrada anterior que los longobardos no siempre se denominaron así. Al principio eran conocidos como winnili, un pueblo o tribu que comenzó su emigración hacia el sur y que adoraba a Freya como deidad principal. Se compara este culto con el culto a la Madre Tierra, Nerthus en palabras de Tácito o la “meretriz” o “diosa-perro” según Paulo Diacono; la cual puso a los niños en el suelo para que el rey Agelmundo encontrara a Lamissione al intentar pincharle con su lanza, alegoría de la lanza Gungnir de Odín.

Otro académico, Gasparri, desmontó esa teoría para apuntar que, etimológicamente hablando, el término winnili puede provenir de “perros locos” o “victoriosos”, términos ligados al de los perros o lobos, enlazándose más con los atributos de Odín desde antes de la batalla con los vándalos. A pesar de todo, el cambio de nombre que los longobardos adoptan como pueblo tras encomendarse a Odín para ganar la batalla no deja dudas de sus preferencias teológicas tras este suceso.

Este culto se ve más reforzado y claro cuando los longobardos han de enfrentarse a los assipites; a los cuales amedrentan haciéndoles ver que entre sus filas cuentan con numerosos guerreros cinocéfalos, o berserker, hombres en trance con pieles de perro o lobo y con sus atributos sagrados y otorgados por Odín. Para más inri, estos guerreros entraban en trance con cánticos y poesías, honrando aún más al dios al ser este el creador de este arte literario. De todas maneras, la tradición de los cánticos provendría de la gente de las estepas más que ser una tradición germánica; siendo así una tradición adoptada.

Este rito precristiano se mantuvo aún en la etapa cristiana de los longobardos en Italia, pues el propio Gregorio Magno nos cuenta:

En ese mismo tiempo, los longobardos, que habían capturado en torno a cuatrocientas personas y las mantenían prisioneras, sacrificaron, según su costumbre, una cabeza de cabra al diablo, y la dedicaron a él con un canto de execración mientras bailaban frenéticamente en derredor. (En Nicola Bergamo, 2012).

Imagen 3. Recreador portando la panoplia típica de un guerrero longobardo. Fuente: pinterest.com

El fenómeno del “travestismo ritual” para honrar a Odín es lo que vemos en aquellos temibles guerreros en trance. El lobo es un animal sagrado dentro del mito nórdico de la wilde jagd, la cacería salvaje, donde la divinidad aparece en forma de espectro precedida de toda clase de reses de caza mayor y otros animales como caballos, ciervos, jabalíes, perros, lobos e incluso a veces con muertos de por medio. Debemos pues interpretar que la fe longobarda tornó de la fertilidad primigenia a un plano más militar.

Bibliografía:

BERGAMO, N.: I Longobardi. Dalle origini mitiche alla caduta del regno in Italia, I Leggeri, Librería Editrice Goriziana, 2012.

[1] Snorri Sturluson (1178-1241) fue un jurista, escaldo, escritor e historiador islandés. Fue el autor de la Saga de Egil Skallagrímson y la Heimskringla o Crónica de los reyes de Noruega, así como de la famosa Edda prosaica, un manual para poetas donde figura el Gylfaginning o Alucinación de Gylfi, una cosmogonía de la mitología nórdica. Es considerado uno de los grandes literatos de la literatura medieval islandesa.

[2] En la mitología nórdica, Bolthorn era un gigante de la escarcha, padre de Bestla. Era también descendiente de Ymir, y por lo tanto en línea materna, abuelo de Odín, Vili y Ve. De acuerdo al Hávamál, es también el padre de un gigante de nombre desconocido que enseñó a Odín nueve hechizos mágicos (galdrar).

Publicado por

Liubagild

Me llamo Miguel Ángel Municio Castro y soy historiador, arqueólogo y docente de Geografía e Historia en ESO y Bachillerato. La historia de este blog se remonta a 2014, cuando decidí iniciar un proyecto de divulgación histórica para que el gran público conociera y comprendiera aquello que llaman Antigüedad Tardía, un período que va desde el siglo IV al siglo VII d.C. y que todavía hoy no se conoce mucho, incluyéndose de forma errónea en la Edad Media. Poco a poco fui ampliando el repertorio a la Edad Media, y cuando me convertí en docente decidí abarcar también toda mi disciplina con entradas de Geografía e Historia del Arte para que mi alumnado, además del gran público, tuviera un lugar de referencia de cara a su formación. Y aquí estoy, aprendiendo cada día un poquito más para compartirlo contigo. ¡Espero que disfrutes tu visita en Romana Insolentia!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s