Bracara. La primera capital germánica de Hispania

En la anterior entrada recorrimos juntos el periplo de los suevos a lo largo de su historia desde un punto de vista territorial, para así ver cómo las fronteras de lo que acabó por ser el reino suevo se fueron conformando con el paso del tiempo, si bien todo esto ocurrió en muy poco tiempo históricamente hablando. Como el lector recordará, se pasó de un vasto territorio a principios del siglo V a apenas una provincia a finales del mismo, un territorio que nominalmente abarcaba al principio la totalidad de las provincias Gallaecia, Baetica, Carthaginense y Lusitania, pues solo la Tarraconense quedaba en manos imperiales, si bien los suevos cedieron la Carthaginense a Roma poco después. Tras esto, los suevos encontraron el desastre en la batalla del Órbigo, lo que fue contrayendo sus fronteras hasta que quedaron reducidos a la provincia Gallaecia poco más o menos y bajo tutela visigoda. Hoy descubriremos cómo la otrora Bracara Augusta pasó a convertirse en capital y sedes regia del pueblo suevo. ¡Bienvenidos a Hispania!

La capital del reino vs la acumulación de tesoros.

El fenómeno de fijación de una sede regia o capital del reino es un momento fundamental para cualquier monarquía, más aún en estos momentos en que diversos grupos bárbaros regidos por reyes que van y vienen planean por el territorio; eso sí, sin asentarse aún en uno por encima de los demás. Hasta este momento los reyes y sus seguidores viajaban con todo puesto, esto es, incluido el tesoro real, que era guardado por los más fieles seguidores del rey.

Es en este momento en que las monarquías ya tienen un control más consolidado sobre los territorios que “controlan”, en que se evoluciona poco a poco a una necesidad de establecer una capital, una zona de residencia preferente del rey en detrimento de acumular tesoros muebles de elevado valor.

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Imagen 1. Principales vías que comunicaban los distintos asentamientos de Gallaecia y parte de Lusitania y la Tarraconense. Bracara se encuentra en la parte inferior de la imagen. Fuente: sendasgallaecia.blogspot.com

Mientras los suevos pululan por Gallaecia, parece que la rapiña y la necesidad de acumular botín es una necesidad imperiosa y fundamental para mostrar estatus y poder asociados a jefaturas guerreras muy primitivas. En la Galia, el franco Cloderico, tras asesinar a su padre, envió una misiva a Clodoveo en la que podía leerse algo como “Mi padre ha muerto, y ahora yo soy el poseedor de su tesoro y su reino”. O incluso el rey Teodorico II tenía entre sus ocupaciones cotidianas visitar el tesoro real y las caballerizas reales. Otro caso que encontramos es que tras la muerte de Alarico II en 507, el ostrogodo Teodorico “El Grande” mostró su poder “capturando” y trasladando el tesoro visigodo a Rávena.

El concepto de tesoro comenzó a evolucionar en otro diferente, en “patrimonio” o hacienda pública, junto a las tierras y siervos que dependían del rey. Es ilustrativo el caso visigodo donde el rey sigue siendo jefe guerrero, pero además es juez, legislador, administrador y constructor. Cuando Leovigildo se sacuda definitivamente la sombra de tutela imperial que desde Constantinopla se proyectaba a todo Occidente, los sucesivos reyes realizarán auténticos esfuerzos para embellecer y monumentalizar Toledo como sede regia; se intentó dotar a la ciudad de un conjunto palatino con una capilla dedicada a los apóstoles Pedro y Pablo y una iglesia dedicada a Santa María. Sisebuto dedicó una iglesia a Santa Leocadia, y Wamba restauró de forma muy importante la ciudad además de las murallas y sus puertas.

El caso de Bracara.

Esta ciudad de la Gallaecia poseía méritos propios para alzarse como capital del nuevo reino suevo. En primer lugar, era la capital provincial, aunque este requisito no fue fundamental al menos en el caso visigodo, pues entre todas las capitales provinciales que pudieron haber elegido, sus ciudades fuertes acabaron siendo Tolosa primero y Toledo después. En segundo lugar, la ciudad estaba en un cruce de rutas naturales inmejorable, y ya desde la reordenación territorial de Augusto se demostró que su ubicación era idónea. Finalmente, la Gallaecia viene recogida como provincia eclesiástica desde el siglo IV, por lo que cabe pensar que Braga tendría un importante conjunto monumental eclesiástico seguramente como sede metropolitana.

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Imagen 2. Ilustración idealizada de Braga en el siglo XVI. Fuente: Wikipedia.

Se ha excavado mucho en Braga en los últimos años y a pesar de todo la ciudad tardoantigua sigue siendo muy misteriosa. Lo que sí parece desprenderse de los datos obtenidos es que la ciudad vivió una constante remodelación sobre todo para adaptarse al nuevo culto cristiano. El recinto amurallado no sufrió destrucciones importantes y la ciudad llegó prácticamente intacta a estar bajo dominio visigodo. La cerámica hallada nos habla de una actividad comercial dinámica, con cerámicas que van desde producciones locales a producciones del Mediterráneo oriental.

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Imagen 3. Plano que refleja el teórico recinto romano (el más grande) y el posterior medieval de Braga (el pequeño). Si bien durante la Antigüedad Tardía se abandonarían muchos espacios públicos de Braga y su tamaño se vería reducido, es lícito pensar que la Bracara de los siglos V y VI se correspondería más o menos con el recinto grande. Fuente: alfarrabiosdebraga.blogspot.com

A pesar de todo, durante la primera mitad del siglo V la capitalidad del pueblo suevo estuvo donde estaba su rey. La única referencia de Hidacio que nos puede dar una idea de la vinculación de Braga con el reino suevo es cuando los visigodos la atacaron con especial violencia tras la batalla del Órbigo; pero antes no podemos asegurar nada, ya que por el año 438 los reyes suevos prefieren a Mérida como capital desde un punto de vista estratégico y de comodidad. Allí muere Rechila en 448, y desde allí Rechiario lanzó sus incursiones a la Bética. Nos parece apropiado suponer que fue tras el reconocimiento del pueblo suevo por Valentiniano III cuando ese concepto de sedes regia comienza a tomar forma. El establecimiento y control de unas fronteras ayudaban a legitimar la presencia física de un reino y de un rey que lo gobernaba, como ya veíamos en la entrada anterior. Como decimos, Hidacio nunca nos dirá explícitamente que Braga fuera capital del reino, aunque podemos deducirlo de su narración de los acontecimientos acaecidos en el Órbigo. Para el cronista, que los suevos hayan sido derrotados en una batalla, que después Braga sea tomada por los godos y finalmente el rey haya sido capturado y muerto suponen que el reino suevo ha sido eliminado del todo. Esa narración de “derrota militar-captura de la capital-muerte del rey” parece ser lo más plausible. La crónica rotense, después, nos dirá que el reino de Toledo cayó ante manos musulmanas cuando la capital fue capturada.

Parece que cuando el rey suevo Remismundo logró unificar de nuevo a los suevos en 465, Braga se presenta ya como un lugar preeminente, mucho más de cara al siglo VI, en que ya está asociada al poder real. Es en este siglo en que encontramos al misionero Martín, posteriormente conocido como Martín de Dumio, que viene a Gallaecia desde Panonia para convertir a los suevos al cristianismo ortodoxo. La política exterior visigoda fue la que facilitó tal acontecimiento, pues tanto a suevos como a romanos orientales les interesaba un frente común, en este caso religioso, frente al enemigo godo, y los suevos buscaban aliados poderosos para defenderse de éstos.

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Imagen 4. Foto actual de una excavación en Braga, concretamente en la zona del teatro. Como el poblamiento ha sido ininterrumpido, es difícil sacar a relucir todo lo que nos gustaría de la ciudad. Fuente: conhecertermasromanasbraga.blogspot.com

Así pues, esta conversión aunó en Braga el concepto de sede metropolitana y sede real. Martín pudo construir su monasterio en los suburbios de la ciudad sobre una antigua villa romana, y esa construcción no podría haberse llevado a cabo sin el consentimiento del rey.

La vinculación del monasterio de Dumio con la monarquía sueva está también dentro de los parámetros de la Antigüedad Tardía, pues los monasterios fueron el principal foco de conocimiento y aprendizaje en este período. Es aquí pues donde Braga adquirió al fin las características que pueden compararla a las capitales de los reinos bárbaros que se establecieron en el antiguo Imperio: el rey residía en un lugar prefijado, en este lugar se encontraba la Iglesia metropolitana del reino, en este caso Dumio con el obispo Martín a la cabeza que actuaba además de consejero espiritual del rey, y donde además, los reyes invertían dinero y esfuerzos en construir, legislar y, en definitiva, mantener en auge su figura, su poder y su capital.

Bibliografía:

DÍAZ, P.: El reino suevo (411-585), Akal, 2013.

JIMÉNEZ GARNICA, ANA Mª: Nuevas gentes, nuevo Imperio: los godos y Occidente en el siglo V, UNED Editorial, 2010.

Imagen de cabecera: Termas romanas de Maximino. Fuente: wikipedia.

Imagen 1: http://goo.gl/3CEdyA

Imagen 2: http://goo.gl/z5aziF

Imagen 3: http://goo.gl/HmQdnO

Imagen 4: http://goo.gl/LkBCNc

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