La batalla de Vouillé. Los visigodos miran hacia Hispania

En el artículo anterior hemos recorrido juntos las diferencias entre los dos pueblos que marcarían la política de Europa Occidental tras la caída del Imperio Romano: visigodos y francos. Fueron ellos los que se ocuparon de regir los destinos con mayor o menor fortuna de las gentes que habitaban en la Galia; unos en el Norte y otros en el Sur. El ascenso y el auge de reyes como Eurico y Childerico primero y Alarico II y Clodoveo después hacían inevitable el enfrentamiento que tendría lugar en un cercano lugar a Poitiers en 507 y que pondría fin de un plumazo al reino visigodo de Tolosa para dar lugar poco a poco al reino visigodo de Toledo.

Imagen 1. Alarico II, rey de los visigodos. Congreso de los diputados, Madrid.

Hispania no era ya ajena a la presencia visigoda, por ello después de la caída de Roma mantuvieron un control directo sobre la Península o sobre gran parte de ella. Bajo el gobierno de Eurico, los godos llegaron a la Tarraconense y tomaron Pamplona y Zaragoza bajo el mando del conde Gauterico y Tarragona bajo el mando del general Heldelfredo con la connivencia de Vicencio, duque de la provincia. Estas ocupaciones se produjeron, en teoría, bajo el mandato de los emperadores Glicerio y Julio Nepote, si bien es cierto que a estas alturas el Imperio estaba ya muy cuestionado por los antiguos federados. Es de comprender que tras la caída de Roma, Hispania estaba ya lo suficientemente fragmentada como para aceptar un control visigodo en las provincias: En el año 469 se había atacado Lugo y se había entrado en Scallabis y en Mérida; ciudad de la que procede un epígrafe datado en 483 en el que se conmemora la reparación de un puente por el duque Sulla –identificado como un representante del rey godo–. Por último, debemos recordar que Ataúlfo había muerto en Barcelona, lugar emblemático para los godos y en el que habrían establecido relaciones muy estrechas.

Cabe esperar que cuando los godos regresaron a Aquitania, no todos los efectivos regresarían sino que restarían muchas familias godas en las provincias hispanas, comenzando así una lenta ocupación del territorio además de quedar guarniciones de vigilancia en las ciudades más importantes.

Cuando Alarico II subió al trono, hubo de reconocer que el pulso de influencias que Eurico había mantenido y que él mismo mantendría con los francos no tenía visos de acabar favorablemente para los visigodos y hubo de reconocer la supremacía de los francos; ya que a éstos los apoyaban los obispos católicos de varias ciudades galas como Cesáreo de Arlés, adalid en la persecución de los paganos. Además tenían el apoyo de burgundios y ostrogodos, lo cual desequilibraba claramente la situación para los visigodos. ¿Podrían haberse asociado visigodos y suevos en un frente común? Francamente parecía imposible, ya que los suevos tenían más afinidades con el reino franco católico que con sus vecinos arrianos. Alarico II estaba solo.

Imagen 2. Clodoveo, rey de los francos. François-Louis Dejuinne (1786-1844).

El avance imparable de los francos hacia el sur y las intentonas continuas de Alarico II por recuperar los territorios que poco a poco iba perdiendo hacían inevitable el episodio de 507 a pesar de que Teodorico el Amalo, rey de Italia, trató de impedirlo apelando a las relaciones matrimoniales que su familia mantenía con ambos contendientes, ya que él mismo estaba casado con una princesa franca y su hija estaba casada con Alarico II.

El rey visigodo pereció en Vouillé y a la tumba se llevó el reino de Tolosa, que quedó reducido a una estrecha franja costera en la antigua provincia Narbonense con ciudades como Narbona, Carcasona, Arlés y Nîmes. Allí hubieron de refugiarse su hijo y sucesor Gesaleico y los restos de la población goda que emprendió su huida hacia Hispania, donde les esperaban vientos más favorables.

Imagen 3. “Batalla entre Clodoveo y los visigodos”, 1325–1335. Nationale bibliotheek van Nederland.

Es la Chronica Caesaraugustana la que tenemos que tener en cuenta para conocer qué pasó con los visigodos tras el silencio de Hidacio. La crónica dice con claridad que en 494 Gothi in Hispania ingressi sunt, esto es, que ya había emigrantes visigodos estableciéndose en la Tarraconense, probablemente en los valles medio y bajo del Ebro. Tras Vouillé, la misma crónica señala el establecimiento definitivo de este pueblo entre 506 y 507. Además, la crónica relacionaba la primera migración a un personaje llamado Burdunelo, al que tacha de tirano, y que probablemente fuera el responsable del establecimiento de los godos en la región. Este personaje se rebeló contra los juramentos dados al rey pero no logró recabar suficientes apoyos, por lo que fue apresado y conducido a Tolosa –aún era el año 496–, siendo condenado a morir en un toro de bronce que se puso al fuego hasta derretirse. Poco después, el mismo documento nos habla de otro tirano, Petrus, que en 506 fue derrocado y hecho prisionero para ser ejecutado con la decapitación y su cabeza mandada a Zaragoza.

Gesaleico reinó de 508 a 510 y no pudo sostenerse en Narbona, que fue saqueada por los burgundios. Tuvo que huir a África, desde donde intentó recuperar el trono sin éxito; pues fue muerto por los hombres de Teodorico el Amalo cuando desembarcó en Aquitania. Teodorico tenía muy claro que le interesaba más que gobernara su nieto Amalarico, el niño concebido entre Alarico II y su propia hija.

Teodorico actuaba legalmente como un prefecto al mando de Italia y de los asuntos occidentales al servicio del emperador de Constantinopla. A pesar de ello actuaba como un emperador en la práctica, pues hacía de juez en las disputas ajenas y se preocupó por legislar en Hispania velando por el cumplimiento de la ley y de evitar la corrupción en las prácticas comerciales. La apuesta por su nieto era muy inteligente pues iniciaba una etapa que podríamos denominar como “intermedio ostrogodo” y que comprenderá el reinado de Amalarico y de Teudis después de él, teniendo a Hispania en la órbita de Italia durante casi dos décadas.

Bibliografía:

JIMÉNEZ GARNICA, A. Mª: Nuevas gentes, nuevo imperio: los godos y Occidente en el siglo V, Madrid, 2010.

SANZ SERRANO, R: Historia de los godos. Una epopeya histórica de Escandinavia a Toledo, Madrid, 2009.

Bibliografía online:

http://www.507vouillelabataille.com/

Imagen 1: http://goo.gl/uIu9l3

Imagen 2: http://goo.gl/wui0Ff

Imagen 3: http://goo.gl/BhuxGx

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