Los nuevos rivales de Occidente. Visigodos y francos.

En la entrada anterior asistimos a la caída del Imperio más grande que nunca conoció el Mediterráneo. Fue un artículo complicado porque había que hablar de muchos sucesos políticos tumultuosos sin hacerlos cargantes y a la vez sin hacerlos demasiado simples. Desde aquí espero que gustase a todos y que fuera un artículo claro y conciso, pidiendo también disculpas a los profesionales o más duchos en esta época por no haber profundizado en todos los detalles. Ante todo me gustaría recordar que Romana Insolentia fue concebido como un proyecto de divulgación histórica y arqueológica para el gran público y no como un blog especializado para académicos.

Sin detenernos más en estos menesteres, hoy descubriremos un poco más a fondo un nuevo pueblo, el de los francos, y cómo se configuró como el rival político y territorial de los visigodos en la Galia hasta el desenlace de Vouillé en 507.

Imagen 1. Eurico, rey de los visigodos.

En 470 los visigodos, con Eurico al frente, eran el grupo bárbaro más numeroso y poderoso de la Galia. El descontrol político y la caída del Imperio seis años más tarde les sirvió para aumentar las fronteras de su reino a costa de los despojos imperiales. Los visigodos tenían un Estado que abarcaba desde los Pirineos hasta el Loira y desde el Atlántico hasta el Mediterráneo, exceptuando ciudades y enclaves muy comerciales como Marsella y puertos del Norte, en Calais y Normandía. Sus principales rivales eran los francos, una confederación de pueblos en la que sobresalían los francos salios y que poseían territorios en la provincia Belgica Secunda, desde el Rin hasta Cambrai, Arras y Tournai, siendo así vecinos directos de los godos.

Fue el rey franco Childerico el que, estableciendo numerosas alianzas logró engrosar los ejércitos del reino y darle estabilidad. Él fue el causante de dar una estructura administrativa “a la romana” a su Estado hasta el punto de ser el objetivo de las alabanzas de Gregorio de Tours, que apuntaba el acercamiento de este rey a las aristocracias galas para neutralizar el expansionismo visigodo por la Auvernia y Provenza. Su hijo Clodoveo finalizó la expansión hacia el Oeste que su padre hubiera iniciado apoderándose de territorios en el Sena y en el Loira controlados hasta entonces por Siagrio –patricio romano autoproclamado “rey de los romanos” y que había establecido un reino romano independiente en la Galia–.

Estos territorios pasaron a denominarse entonces como reino de Neustria, y en él se integraron numerosos grupos y pequeños territorios organizados más al sur como el reino de los alamanes, derrotados por los francos en la batalla de Tolbiacum (496). Este pueblo se desgajaría de Neustria pasadas unas décadas y crearían un reino propio con Clotario II a la cabeza, autor de la reconocida Lex Alamannorum.

Imagen 2. Bautismo de Clodoveo I por San Remigio en Reims.

Los francos lidiaron también con nuevos grupos venidos de las estepas, principalmente godos del este, hasta ahora sometidos a los hunos. Estos pueblos pretendían poner sus armas al servicio de los emperadores de Oriente en la lucha con Odoacro, lucha que tuvo éxito en 492 en la batalla que tuvo lugar en Isonzo, Italia. El líder de estos godos era Teodorico el Amalo, nombrado cónsul tras la victoria por el emperador de Oriente y que gobernó Italia en su nombre para protegerla de visigodos o francos. Teodorico gobernó Italia como un magistrado al servicio del emperador pero en la práctica actuó como un auténtico monarca independiente aunque no sin éxito: abrió un período de paz y estabilidad en el que se produjo un renacimiento de la cultura romana destacándose sobre todo una etapa constructiva bien diferenciada en Roma y en Rávena, sin olvidar que en esta última se encuentra su mausoleo, una magnífica construcción. Los ostrogodos permanecerían en Italia hasta que Justiniano los expulsara en 552.

Regresando a la Galia, Clodoveo ya se había atraído a las aristocracias y a la población gala. El paso previo fue la decisiva conversión al cristianismo en Reims en presencia del pueblo franco y galo romano. Como los godos eran aún arrianos, fue el golpe de efecto para que este monarca franco se atrajera a una aristocracia y a una población eminentemente católica. Este aparato ideológico le hizo merecedor del respeto de Oriente, la paz en las fronteras orientales y la libertad para expulsar o exterminar a los visigodos si lo tenían a bien.

Imagen 3. Mapa político de la Galia en el siglo V. Se aprecia en color rosado el reino visigodo de Tolosa, en azul oscuro el reino franco a la muerte de Childerico y el reino de Siagrio. Con Clodoveo, este reino romano independiente será absorbido por el franco y tras Vouillé será absorbido el reino visigodo.

Por otra parte los godos también habían llevado a cabo una política de acercamiento a la aristocracia local y contaban con numerosos aliados y amigos, muchos de ellos con extensos dominios bien poblados de siervos. Sidonio Apolinar, al que ya mencionábamos en la entrada anterior, nos cuenta cómo su hijo luchó junto a Eurico y cómo su familia había secundado a los godos cuando Avito fue emperador. En la Galia visigoda florecieron las ciudades y se permitió a los obispos católicos celebrar su fe y construir iglesias. Además se protegieron los dominios de la nobleza laica y eclesiástica con las armas cuando fue necesario, sobretodo de la piratería sajona y de los bagaudas. A pesar de que los godos hablaban su lengua, los romanos acudían a Tolosa a hablar en latín y a exponer al rey sus quejas, sus propuestas y sus apreciaciones; además de que el trabajo que desarrollaron personajes como León de Narbona, Fausto de Riez, Leoncio de Arlés o Lampridio de Burdeos estaba dirigido a fomentar la connivencia entre godos y galo romanos en condiciones óptimas, trabajo que se redactaba y leía en latín. Finalmente la elaboración del Codex Euricianus o Código de Eurico supuso la superioridad por escrito de las leyes romanas frente a las godas, que eran leyes orales o y de carácter consuetudinario. Bien es cierto que en este Código de leyes, que fue ratificado por Alarico II y que posteriormente fue ampliado por Leovigildo, Recaredo, Chindasvinto y Recesvinto, aún permanecían leyes restrictivas como la prohibición de los matrimonios mixtos entre visigodos y romanos.

La disputa estaba servida y Vouillé supondría el desenlace y el inicio de la Hispania visigoda.

Bibliografía:

JIMÉNEZ GARNICA, A. Mª: Nuevas gentes, nuevo imperio: los godos y Occidente en el siglo V, Madrid, 2010.

SANZ SERRANO, R: Historia de los godos. Una epopeya histórica de Escandinavia a Toledo, Madrid, 2009.

Imagen 1: http://goo.gl/evxYKj

Imagen 2: http://goo.gl/RA1cKc

Imagen 3: http://goo.gl/k2N2Bw

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