El final del Imperio de Occidente

Hemos visto en la entrada anterior cómo el general Aecio simbolizaba el último intento del Imperio Romano de contener una causa más de su propia destrucción. A ello colaboraron los visigodos como federados y otros pueblos al servicio del Imperio y obtuvieron éxito en el empeño. Hoy navegaremos por los últimos y convulsos veinticinco años que transcurrieron entre esta victoria tan decisiva y la definitiva desaparición del Imperio Romano de Occidente. Seguir leyendo «El final del Imperio de Occidente»

Atila a las puertas de Europa. La batalla de los Campos Cataláunicos

Hemos visto en la entrada anterior cómo el reino suevo se configuró en su máxima expresión en Hispania en el siglo V. Fueron dos reyes clave, Rechila y Rechiario, los que lograron que el pueblo suevo fuera tenido en cuenta como una potencia rival dentro del fragmentado mapa de influencias que era ahora Occidente. Hoy nos alejamos de la Península Ibérica para comprender por qué los visigodos se unieron a los romanos y a otros pueblos con el fin de evitar el sometimiento de Occidente por una nueva potencia: los hunos. Seguir leyendo «Atila a las puertas de Europa. La batalla de los Campos Cataláunicos»

El reino suevo de Rechila y Rechiario, el primer reino peninsular

En la entrada anterior participamos en las convulsiones políticas que el Imperio experimentaba entre tres de sus generales: Félix y Aecio en Italia y Bonifacio en África. Las disputas entre los generales habían llevado a los vándalos a embarcarse camino de las provincias africanas con intención de derrotar en batalla al gobernador de éstas; un viaje que buscaba un enfrentamiento que nunca llegó y que, por el contrario, tuvo como recompensa un hogar y un reino para los vándalos con capital en Cartago. Seguir leyendo «El reino suevo de Rechila y Rechiario, el primer reino peninsular»

La Hispania sueva, vándala y alana. “La espada y el arado”.

Hemos visto en la entrada anterior cómo la nobleza romana occidental atesoraba ya grandes privilegios y poderes, hasta el punto de tener reservada para sus miembros toda una élite municipal en las ciudades, unos cargos que ya habían dejado ser públicos y accesibles a cualquier ciudadano romano en la práctica. Hoy nos trasladaremos de nuevo a la Hispania inmediatamente posterior a Dídimo y Veriniano. Hoy hablamos de esas oleadas de suevos, vándalos y alanos que se desperdigaron por la Península y la reacción romana –godos mediante– para intentar recuperar estos territorios. Seguir leyendo «La Hispania sueva, vándala y alana. “La espada y el arado”.»