Anglosajones. La Primera Inglaterra de Marc Morris

En esta entrada del blog nos vamos a adentrar en las profundidades altomedievales de la Inglaterra anglosajona tras un estudio reflexivo y reposado de esta gran obra que los compañeros de Desperta Ferro Ediciones tuvieron a bien facilitarnos para reseñar. Y es que Anglosajones. La Primera Inglaterra es una obra fundamental para entender el pasado medieval del entorno británico antes de la conquista normanda de 1066. Además, la intención de leer y reseñar este libro era poder comparar brevemente la situación anglosajona previa a la conquista normanda a nivel cultural, económico y político, con la Hispania visigoda; y nos complace deciros que ha sido un ejercicio de lo más entretenido e interesante.

Figura 1. Portada de la obra.

La portada está protagonizada por el casco de Sutton Hoo, que refleja la esencia de este nuevo sustrato poblacional y cultural que supusieron los sajones en Britania. Y ahora desgranemos brevemente sus partes.

El autor realiza un recorrido cronológico desde los últimos momentos de la Britania romana, a inicios del siglo V, y la primera llegada de los sajones como mercenarios para ayudar a las élites britanas a afianzar su dominio frente a otros invasores que procedían del continente. Cabe destacar aquí que la ruptura no fue tal, como tantas otras veces en la Historia, sino que fue un proceso gradual por el cual los propios sajones comenzaron a imponer sus condiciones a estas élites y finalmente su dominio con el paso del tiempo. A partir de esta primera toma de contacto, el autor nos va guiando sobre todo a través de los reyes, marcando el relato según sus reinados para analizarlos a nivel político, social y económico. Este enfoque nos parece muy acertado porque nos permite el recurso de la comparación entre momentos, algo que es muy útil para aprender acerca de las consecuencias y los actos de quienes regían la sociedad.

Como no podía ser de otro modo, la relación de Escandinavia con Inglaterra ocupa prácticamente la mitad del libro, a través del relato de las incursiones vikingas, personajes célebres reales que hemos podido ver rescatados en series de televisión con mayor o menor fortuna (más bien menor), pero que aquí podemos ver analizados a partir de las fuentes disponibles. Este hecho hace que el libro merece mucho la pena, ya que en ningún momento el autor arroja ninguna teoría o suposición ajena a las fuentes arqueológicas o históricas, como todo buen investigador que se precie debe hacer; de modo que con este libro os acercaréis de manera rigurosa a la realidad inglesa medieval.

Figura 2. Oleadas de las invasiones inglesas a Gran Bretaña entre los siglos VIII y XI. Fuente: Trabajo realizado a partir de la obra de Max Naylor: Viking Expansion-pt en wikimedia.org.

Comparativa con la Hispania visigoda.

¿Qué podemos comparar entre estas dos realidades políticas tan distantes? Bueno, en primer lugar debemos saber que no podemos comparar todo, ya que aunque ambos pueblos se asientan en sus territorios definitivos entre los siglos V y VI, los anglosajones perduran hasta mediados del siglo XI mientras que los visigodos lo hacen hasta principios del siglo VIII. No podemos comparar a partir de este siglo ya que sería un anacronismo demasiado importante. No obstante, sí que nos podemos fijar en algunas cosas que ambos pueblos tuvieron en común.

A nivel social, ambos pueblos estaban fuertemente jerarquizados en una pirámide encabezada por el rey y la élite guerrera, el clero, la población libre y los esclavos. Como pueblos germánicos que eran, el factor electivo de la monarquía está muy presente en ambas realidades sociales, aunque en uno y otro pueblo los reyes intentaron asegurar la sucesión hereditaria. A este respecto parece que en la Britania anglosajona hay más casos de sucesión hereditaria que en la Hispania visigoda.

El papel de la mujer en ambas realidades sociales resulta muy interesante, pues las nobles ejercieron gran influencia en las cortes, tutorizando a los reyes e incluso en el caso anglosajón las encontramos gobernando de manera efectiva cuando estos eran menores de edad. En el caso visigodo destacamos sobre todo a Gosvinta como la gran mujer del período visigodo, hábil política que supo jugar muy bien sus cartas en un mundo de hombres. Por desgracia, poco sabemos en ambas realidades acerca de las mujeres de clase popular.

A nivel económico, ambos pueblos eran preindustriales dedicados sobre todo a una economía agropecuaria. Lo que es cierto es que en la Hispania visigoda el comercio estaba más desarrollado desde el principio al poder aprovechar la inercia del pasado romano y la presencia del Imperio Romano de Oriente como gran foco económico en todo el entorno mediterráneo. No es que en Britania no existieran grandes ciudades, como la propia Londres, pero la lejanía de un mercado bien consolidado al principio se ve muy bien reflejada en la práctica ausencia de moneda circulante al principio de la presencia sajona. En cambio, en Hispania, aunque la economía se contrajo tras la caída del Imperio de Occidente, no dejaron de existir importantes y pujantes focos comerciales como Barcino, Carthago Spartaria o Malaca, que también canalizaban los flujos económicos del norte de África.

Destaca la gran labor constructiva de los anglosajones en comparación con los visigodos. Aunque aquí nos escapamos de la cronología propuesta, esto es especialmente notable en el siglo IX, cuando Alfredo el Grande comienza un gran programa de infraestructuras defensivas, los burhs, para hacer frente a las incursiones vikingas, que al final derivaron en activos focos económicos y comerciales. Tal vez si los visigodos hubieran sufrido incursiones constantes como en el caso anglosajón también hubiéramos visto ese fenómeno, aunque personalmente no lo veo plausible debido a que en Hispania ya existía una importante red de ciudades amuralladas y bien comunicadas por vías romanas, con lo que la fortificación del territorio hubiera sido más eficaz y sencilla.

A nivel político encontramos las luchas por el poder entre facciones siempre presentes en ambos pueblos. Hasta ahora pensaba que el caso visigodo era especialmente notorio, si lo comparamos con la «general» estabilidad política del reino franco, por ejemplo; pero tras leer esta obra acerca de los sajones me he dado cuenta de que estas pugnas por el poder eran también constantes en Britania. Resultan muy destacables las luchas por el poder en el ocaso de la Inglaterra anglosajona entre los partidarios de la antigua casa de Wessex y la familia Godwinsson, aupada al poder tras la invasión escandinava de Inglaterra a principios del siglo X que acabó por truncar el destino del linaje anglosajón ante la llegada de Guillermo el Conquistador en 1066. Algo similar tuvimos en Hispania con las luchas entre los partidarios de Witiza y de Rodrigo con la consiguiente llegada de Tarik ibn Ziyad en 711.

A nivel militar podemos ver cómo la Inglaterra anglosajona y la Hispania visigoda son prácticamente gemelas en cuanto a organización, tropas, armamento y la manera de reclutar a los hombres. Sí que es notoria la incesante actividad guerrera en Britania para hacer frente a las constantes incursiones vikingas, mientras que en Hispania los grandes movimientos de tropas fueron menos frecuentes y normalmente ceñidos a grandes operaciones de conquista, como durante el reinado de Leovigildo a finales del siglo VI, o para sofocar alguna rebelión nobiliaria a gran escala, como la del duque Paulo a finales del siglo VII.

Por último, a nivel religioso resulta destacable en primer lugar la diferencia de credos, ya que los visigodos eran ya cristianos arrianos cuando llegan a la península ibérica mientras que los sajones todavía adoraban a sus dioses originales cuando llegan a Britania. Poco a poco, gracias al reino franco, los misioneros del continente terminaron por convertir al cristianismo católico al pueblo sajón de manera gradual a finales del siglo VI pero no estuvo totalmente consolidado hasta la muerte del rey Penda de Mercia en 655, mientras que en Hispania, Recaredo abjuraba del arrianismo a favor del catolicismo en 585. Aunque, de nuevo, nos escapamos de la cronología propuesta, resulta notorio cómo los gobernantes anglosajones dedicaron grandes esfuerzos al clero regular, a la labor monástica, beneficiando a los monasterios y abadías y construyendo nuevos centros monacales; mientras que en Hispania los gobernantes visigodos se apoyaron principalmente en el clero secular, sobre todo en los obispos a través de los sucesivos Concilios.

En definitiva, si queréis saber más acerca de la transición romana a la medieval en Britania no podéis dejar pasar esta oportunidad de haceros con Anglosajones. La Pimera Inglaterra, una buena obra que trata todos los aspectos necesarios para comprender estas realidades tan complejas y cambiantes.

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