El origen de los godos y otros pueblos

Tradicionalmente se ha aceptado por el gran público como algo normal hablar del dúo inseparable de los romanos y los “bárbaros”, siendo los primeros los fundadores y garantes del orden y la civilización y los segundos los destructores de todo atisbo humano o cultural. Esta impresión tiene una parte que podríamos desdoblar en dos: por un lado es cierto, los romanos fueron los herederos e impulsores –que no fundadores– de la civilización clásica tal y como la conocemos; sus ciudades eran ordenadas en la mayoría de los casos y gozaban de un sistema económico y social muy desarrollado para su tiempo. Por otro lado, no es acertada la impresión que el cine y la literatura nos ha legado de los pueblos bárbaros, sin olvidar que el término barbarus hacía referencia al extranjero, un concepto heredado de la cultura griega y que hoy hemos convertido en algo malo, hemos convertido al bárbaro en inhumano y en salvaje.

Imagen 1. Invasiones germánicas en el siglo IV d.C.

En esta entrada vamos a conocer de dónde provienen esos bárbaros según los autores de tradición grecolatina, inmersos en el contexto social y cultural del Imperio Romano. ¿Os apetece conocerlo a vosotros también? Pongámonos con ello.

El principal problema que nos encontramos respecto al pueblo godo en particular es poder identificarlo en las fuentes. Normalmente suelen denominarlos “bárbaros” y a sus componentes los denominan gentes –en adelante gentes– o grupos de linaje. Este término implicaría una unión de sangre, una etnicidad que realmente sólo definía a una pequeña parte del grupo en general. No existieron migraciones de gentes que llegaran a las fronteras; los fenómenos de mezcla cultural y mestizaje eran tan comunes y habituales como podría suceder hoy en día. Es muy reseñable mencionar los conceptos que al respecto menciona Isidoro de Sevilla en sus Etimologías en el siglo VII. Él comienza hablando por las gentes o miembros unidos por lazos de sangre, distintos de los individuos que vivían en un mismo lugar por haber nacido en él (a nascendo). Tanto esas gentes como esos individuos nacidos en un lugar podían asociarse y formar una tribu y finalmente formar un pueblo, al que consideraba como una multitud asociada y de carácter universal.

Estos entresijos estaban muy alejados de la visión romana, que veía a los bárbaros como formaciones consanguíneas multitudinarias aunque ubicadas en un lugar donde previamente ya se habían mezclado con los habitantes de ese lugar formando pueblos mucho más extensos. Lo cierto es que los bárbaros que llegaron a tomar contacto con el Imperio eran principalmente gentes, pequeños grupos desgajados de los pueblos y con un carácter familiar. Los romanos llamaban a estos extranjeros con apelativos muchas veces sacados de fuentes muy arcaicas y obsoletas que denominaban a pueblos que ya no existían o que habían evolucionado a otra cosa diferente. Este era el caso de los godos, a los que los romanos llamaban en un principio getas.

Los autores romanos como Amiano Marcelino o Tácito reconocen serias dificultades a la hora de clasificar y denominar a cada uno de los grupos. Así, el primero nos dice que los bárbaros entraban en combate alabando a voces a sus mayores y expresándose cada uno en su propia lengua. El segundo mostraba sus dudas por tener los bárbaros tantos usos, costumbres y lenguas. De nuevo el caso godo es muy representativo ya que se le identificó a la vez como germano y como escita, dos ámbitos culturales muy alejados entre sí.

A partir del siglo I, todos los pueblos ubicados entre el Mar del Norte y los ríos Rin y Danubio serán conocidos como “germanos”. Los romanos diferenciaban estos lugares de las provincias imperiales germanas, denominadas Germania Inferior y Superior, desde el Océano hasta el Mar Negro. Es evidente que en un marco territorial tan amplio habría muchísimas manifestaciones culturales y demográficas muy distintas entre sí.

Imagen 2. “Guerreros germanos”. Philip Clüver. 1616.

Los germanos también eran objeto de tópicos y estándares. Por ejemplo Tácito menciona que al no haberse mezclado en matrimonio con otras naciones, habían conseguido mantener una raza peculiar, pura y semejante sólo a sí misma, raza que caracterizaba por sus fieros ojos azules, ojos rubios, grandes y robustos cuerpos, su gran adaptación al hambre y al frío pero no en cambio a la fatiga y el trabajo prolongado, tampoco al calor o a la sed. También les atribuía un origen divino como hijos del dios Tuitón y de su hijo Manno. El propio autor reconocía que estos pueblos estaban divididos en agrupaciones geográficas como los ingevones, próximos al Océano, los hermiones en la zona central y los istevones en el sur y en el interior.

Otros autores sostenían que había muchos otros pueblos como los marsos, gambrivios, suevos o vandilios, siendo el apelativo “germanos” muy reciente y que provenía del primer pueblo que atravesó el Rin y disputó a los galos sus territorios. A partir de aquí encontramos toda una miríada de pueblos proporcionados por los autores grecolatinos para intentar sistematizar ese barbaricum tan desconocido y caótico. En efecto, Plinio, Estrabón y Ptolomeo nos hablan para el norte hasta el río Vístula de frisios, cimbrios, chaucos, varinos, eudosos, lemovios y orugios. Después, para la zona interior nos hablan de chamavos, brúcteos, téncteros, hermunduros, catos, queruscos, angivarios, semnones y un largo y tedioso etcétera. Algunos de estos pueblos ya estaban presentes en la Guerra de las Galias de César aunque con un significado más propagandístico que etnográfico.

No obstante sí tenemos que hablar de los más reconocidos y que tuvieron un peso histórico como fueran los burgundios –o habitantes de los burgos– de cuyos orígenes se decía que provenían de romanos asentados en el norte de Alemania y que se les suele ubicar en la zona central del río Main, junto a alamanes y vándalos. Este pueblo es protagonista de la epopeya de Los Nibelungos junto con los hunos.

A los longobardos se les relaciona con una confederación de gentes del bajo Elba y el Danubio, vecinos de los vándalos y que debían su nombre a sus largas barbas. Estos fueron los que dominaron una parte de Italia entre los siglos VI y VIII y de los que hablaremos en entradas futuras relacionados con el Imperio Bizantino. Los vándalos son considerados como una formación histórica que provendría del norte de Europa pero que posteriormente se asentó cerca del río Dniéster, en Silesia y Pomerania. Estos eran denominados como vándalos silingos. Los vándalos asdingos en cambio se ubicaban entre Rumanía, Hungría y Eslovaquia y que, ya en el siglo IV, llegaron a dominar parte de África como un reino independiente.

Más importantes son los alamanes –todos los hombres– del alto Rin, el río Main y el Neckar hasta el Elba y que eran el resultado de la fusión de dos pueblos precedentes, los cuados y los teutones. Los suevos también tendrían una gran importancia sobre todo en relación con los godos en la Península Ibérica durante la tardorromanidad y la Antigüedad Tardía. Vivían en el Rin medio y también en las regiones del Saale y Oder.

Hemos de destacar también a los francos del Rin, cuyo nombre podría provenir según los especialistas de “hombres con coraje” y que son el resultado de una confederación de pueblos muy tardía de distintas tribus. Se dividían, como los vándalos, en dos grandes grupos: los salios del norte más o menos ubicados en la actual Bélgica y los ripuarios en el sur, aliados tradicionales de los ejércitos romanos.

Nos tenemos que detener algo más en lo referente a los escitas dada su relación con los godos, un término ciertamente antiguo y que proviene ya de la obra del historiador griego Heródoto. El hecho de que se denominase a los godos como escitas se debe a que los godos vivieron mucho tiempo en los territorios que tradicionalmente habían pertenecido a los escitas. Vemos de nuevo el empleo de términos antiguos para denominar realidades que ya han evolucionado en el tiempo. Escitia era un lugar misterioso y ciertamente extenso donde vivían pueblos exóticos y muchas veces mitológicos, como los calípidas, agatirsos, esedones, gelones, neuros, melanclenos o los yircas, de los que se decía que tenían la nariz chata. Hay otros mejor localizados y conocidos como los caspios, albanos y derbices, también las amazonas. Entrando en la denominación mitológica que se englobaba en Escitia encontraríamos pueblos tan peculiares como los arimaspos, de los que se decía que tenían un solo ojo o los misteriosos hiperbóreos, situados en un lejano lugar donde siempre era de noche. En época tardía podemos encontrar ubicados en esta tierra a los sármatas, los roxolanos, los yazigos y los alanos, de los que detallaremos algo más.

Imagen 3. Jinete mongol y las extensas estepas de Mongolia. Este jinete podría ser una verdadera fotografía de un jinete huno del siglo IV d.C. así como las tierras donde estos se asentaban.

Los alanos son considerados de nuevo por las fuentes como altos, rubios y de ojos azules con unas formas de vida inaceptables incluso dentro de la propia barbarie. Los hunos, enemigos ancestrales de los godos, también eran considerados moradores de Escitia. Jordanes en su Getica afirma que muchos godos tenían nombres hunos y muchos sármatas de las estepas tomaron nombres germánicos, por lo que el rastreo de estos pueblos era irrealizable. Este autor también recoge en su obra que los hunos procedían de los godos en tanto a que estos un día expulsaron a unos magos diabólicos que andaban errantes por lugares desolados y e acabaron por convertir en una raza bárbara y salvaje de las estepas. Hoy en día podríamos identificarlos con algunas tribus mongolas que en su día obligaron a los chinos a construir su Gran Muralla y que controlaron importantes rutas comerciales entre Persia, India y China.

De nuevo atendemos al concepto de la mezcla y mestizaje que sufrieron todos estos pueblos durante la Antigüedad y la imposibilidad de clasificarlos por ello. Cuando Heródoto denominó a unos bárbaros como escitas, nada tenían que ver con los bárbaros de época imperial romana. No obstante con esta entrada hemos sentado las bases para saber de quién hablaremos en próximas entregas por estar relacionados con nuestros protagonistas.

Bibliografía:

SANZ SERRANO, R: Historia de los godos. Una epopeya histórica de Escandinavia a Toledo, Madrid, 2009.

Imagen 1: http://goo.gl/Fj6b8j
Imagen 2: http://goo.gl/4W0Xmb
Imagen 3: http://goo.gl/sQgYOH

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10 comentarios sobre “El origen de los godos y otros pueblos

  1. Buen artículo, no soy historiador, pero trato de ser lo mas objetivo posible. Me gustaría saber más de los romanos, godos y de otras tribus europeas que cambiaron el contexto histórico de Europa, y quizás hasta del mundo entero.

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  2. Os recomiendo leer el excelente libro de Fernando Domínguez Hernández: “Los godos. Desde sus orígenes bálticos hasta Alarico I”, ya que es el mejor ensayo que he leído sobre el tema.

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      1. Buenas tardes Esteban, no sé muy bien qué es lo que querías conocer exactamente, pero si expones las dudas que te gustaría solucionar, me encantaría poder ayudarte 🙂

        Un saludo.

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